06 diciembre 2014
Yo había pensado escribir sobre la atención al cliente, porque hace unas semanas me fui con dos amigas de compras. En el fondo era pasar un buen rato juntas. Es algo que hacemos de vez en cuando y esta vez teníamos posibilidad de estar juntas bastante tiempo, que últimamente siempre nos falta una.
Entramos en Woman Secret la favorita de una de nosotras, en S. Bachiller en Mango.., pero fue en una de cuyo nombre no quiero ni acordarme y que la tele nos había enseñado como podía sentar aquel conjunto que hasta la aguja que aparecía daban ganar de cogerla y ponerse de modista como Paula Echevarría en Velvet, que nos pasó lo que jamás creí que podía ocurrir siendo tan italiano todo.
Eligiendo modelo y talla descolgamos una del perchero y estando con ella en la mano una de nosotras, se acerca y nos dice la dependienta vestida de riguroso negro con mechas californianas de esas que solo llevan las que tardan mucho en ir a la peluquería y lo disfrazan diciendo que es la moda surfera:
-Eso no le entra.
Nos miramos como si aquella “tendera” nos hubiera llamado pechugonas a las tres y no a quien llevaba en la mano el conjunto.
-Yo creo que si.
Contestó precisamente una que no lo sujetaba en su regazo. Era un comentario tan arriesgado el que acababa de oir, con ese conjunto de esa talla en la mano que había que tener mucho valor, serenidad y algo más para decirlo. Pero increiblemente apoyamos cada letra, no se nos ocurrió rechistar. Muy al contrario, muy dignas nos dimos la vuelta, dispuestas a entrar en el probador a resolver como meter aquello en alguno de nuestros tres cuerpos.
Imposible, realmente era imposible, ni las contorsionistas del Circo de Sol, podían resolver aquel dilema. Fue la más internacional de nosotras la que lo intentó por última vez. Desesperada por cerrar esos malditos corchetes, dejándose las puntas de los dedos, ya casi sin aire en los pulmones, nos miró rendida y soltando el aire que aún retenía como podía desistió… Pero sin que le temblara el pulso lo colgó en su perchita transparente, bien puesto, se enfundo de nuevo en su vestido berenjena, y sin decirnos nada mientras a toda prisa terminabámos de vestirnos nosotras, con paso firme como quien desfila por la pasarela Cibeles se dirigió a la falsa californiana y clavando su mirada sobre sus ojos para poco a poco ir recorriendo sus mechas y aquel pantalón indescriptible decirla:
-Perfecto, me lo llevo.
Muy lentamente abrió la cremallera de su bolso (Yanko y precioso solo por dar algún detalles), sacó de su billetero a juego la visa oro de un banco americano y se la extendió para pagar con soltura aquel conjunto de braga y sujetador negro.
Nosotras dos, aún con la boca semi abierta la mirábamos entusiasmadas, sobre todo quien lo había elegido de entre todos los que, posiblemente a alguna nos hubiera valido.
Aun se atrevió quien nos atendía en decirle.
-¿Para regalo?
-No, le contestó con gesto de sorpresa, No, es para mi, ya sabe un pequeño capricho, nada especial.
Temí he de reconocerlo, que en el último momento aquella dependienta dijera algo como “pequeño, desde luego” pero creo que la prudencia le asistió unos segundos. Cómo me gustaría que alguien llevara esta escena al cine,¡ sería genial!.
Lo que pasó minutos después es que salimos de aquella tienda buscando un sitio donde sentarnos no solo a reír sino y ante todo a buscar en google la tienda más próxima para descambiarlo por dos tallas más grandes.
Nada que hablar sobre atención al cliente, en este momento no se me ocurre nada que merezca la pena. Este momento es para hablar sobre las relaciones de amistad, esas que se han forjado durante años, con todas las cosas que hemos ido haciendo, viviendo y que han provocado que entre nosotras haya mucha complicidad, pero ante todo reciprocidad y cariño. Cuando vi como protegía exponiéndose a cualquier contestación de aquella dependienta, solo por el cariño que le tiene, fui consciente que era espectadora de una auténtica relación de amistad.
Muchas veces he hablado de este tema. Recuerdo conversaciones con mis hijos cuando eran pequeños, cuando con nueve o diez años llamaban amigos aquellos que les hacían a veces sufrir porque corriendo en el patio no eran tan hábiles como ellos, o en algún momento de debilidad se mofaban y les ridiculizaban, o ignoraban en situaciones en las que estaban más solos. El tiempo y según han madurado les ha permitido distinguir a sus amigos, de otros con los que solo juegan un partido , o salen de juerga de vez en cuando. Aquellos que duran poco de los otros, de los que en realidad se quieren mucho.
Las relaciones de amistad son complejas, lo que si he descubierto con mis amigos, es que solo duran aquellas relaciones que te reconfortan a lo largo del tiempo. Y he descubierto que la amistad como pócima mágica tiene 10 ingredientes básicos: C3A2R2S2J
Confianza… aquello que es casi un secreto o no quiero que se conozca, lo escuchan y guardan siempre.
Cariño... Nos queremos a pesar de los desacuerdos, son incondicionales.
Consistencia… son duraderas en el tiempo, y no solo para algunas ocasiones.
Apoyo... Cualquier cosa que elijo hacer, incluso si la decisión no parece ser la correcta, ahí están.
Aliento… son mis mejores influencias, no escatiman en darme ánimos avanzar.
Reciprocidad… Toman y contribuyen de la misma manera que lo hago yo.
Respeto… Nos respetamos tanto en lo físico como emocionalmente y no abusan nunca.
Sinceridad… me lo dicen… tanto en sus elogios como sus criticas u opiniones para que aprenda, sin reproches.
Sin críticas… no me juzgan jamás ni a los que yo quiero.
Estar juntos … nos gusta estar juntos y buscan el tiempo y el momento para hacerlo.
Pase una tarde estupenda con ellas, siempre son estupendas esas tardes, y las mañanas y cualquier momento. Como ha sido este pasado sábado cenando todos juntos que han venido sus parejas, que también han disfrutado estando, porque son una parte importante de todos nosotros, no podría ser de otra manera.
Mila Guerrero
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30 noviembre 2014
Un proyecto de trabajo me permitió conocer hace unos meses la empresa Leo Burnett, y a su presidenta, Chiqui Búa, una de esas mujeres que ha llegado a lo más alto dentro de su organización, con la suma de las dos T: Trabajo + Talento. Pues bien, Leo Burnett es la empresa que ha realizado el impactante anuncio de la lotería de este año. Porque si algo podemos afirmar sobre la historia que se relata en el Bar de Antonio es que no deja indiferente. Al menos a las personas de sentimientos. Y esta época del año en la que irremediablemente estamos a punto de sumergirnos es más proclive al florecimiento de emociones.
La historia con la que nos lleva el anuncio hasta el modesto bar donde ha estallado la alegría, es tan sólo un vehículo con el que fantasear y pensar que cada uno de nosotros podríamos ser esa fría mañana un Manuel cualquiera, de aspecto sombrío y taciturno, maldiciendo su suerte por no haber comprado lotería. Esa misma imaginación ensoñadora (tan propia de las fiestas que se acercan) nos permite divagar con un amigo bonachón, tan grande su tripa como su corazón, que habrá comprado un décimo para compartirlo con nosotros y nos lo da desde la barra del bar, mientras el resto de los afortunados gritan ajenos a todo: “nos ha tocado el gordo”.
El anuncio, el buen hacer de Chiqui Búa, las historias del bar de Antonio, y el talento de la gente de Leo Burnett ha dejado una ventana abierta al anhelo, al deseo, a cerrar los ojos y por unos momentos escapar de la realidad. ¡y nos hace tanta falta! Ese modestísimo bar que huele a madrugones de gente humilde, a muchas desesperanzas, a dificultades para llegar a fin de mes se convierte ahora en una fiesta donde corre el cava o un vino peleón que sabe y huele como el mejor Moët Chandon. Ese bar de hules desgastados y descoloridos permite evocar e imaginar ahora esperanzas que estaban guardadas en el cajón, olvidadas por la premura de las facturas cotidianas de la luz o el seguro del coche. Sí, Chiqui y su gente han desdeñado todo lo que nos rodea, gris, mezquino, deprimente y han dejado escapar la imaginación para acariciar una fantasía.
Está rodado con tanta sencillez y realismo que han conseguido alejarse de la ficción y por un momento, el sueño…. Parecía real.
Sin embargo me parece un espejismo cifrar los sueños de futuro en el dinero o creer que por el hecho de ganar la lotería vamos a alcanzar la felicidad. No siempre tiene por qué ser así, y hace poco leía una estadística que decía que un porcentaje muy elevado de personas que habían recibido grandes premios en juegos de azar, una década más tarde ya no tenían ese dinero, por haberlo despilfarrado o invertido mal.
Pero no es ésa la cuestión. El multimillonario griego Aristóteles Onassis decía “el dinero no da la felicidad pero calma los nervios”.
Pero si tengo que quedarme con un mensaje de una historia tan emotiva como la de Manuel, es con la de compartir con su amigo su fortuna y no olvidarle en ese momento en que la suerte les sonríe. Ese sentimiento que les une en el momento de entregar el décimo, es francamente poderoso.
Ya lo decía mi hija pequeña cuando estaba en la guardería (tres años) y llegaba a casa y le quería quitar algo a su hermana mayor. “María, compartir es vivir”. Y se lo arrebataba sin contemplaciones.
Por cierto, la mentora de Chiqui Búa es mi gran amiga Mila Guerrero, que publica en un blog, de los de pensar y reflexionar con humor y con amor: https://humanrecblog.wordpress.com/
Os recomiendo que leáis sus publicaciones..
May Ferreira
No me gusta la Navidad, salvo por mis hijas que la disfrutan mucho, pero prometo este año más que nunca comprar y compartir mis décimos de lotería.
Gracias Chiqui por compartir el resultado de tu talento.
El anuncio hay que incluirlo en el Manual para soñar en tiempos difíciles.
Por cierto, el especial del diario El Mundo de este fin de semana (Yo Dona) publica la lista de las 500 mujeres más influyentes, entre las que se encuentra Chiqui Bua. Enhorabuena
01 noviembre 2014
Mis circunstancias familiares me han obligado a pasar muchas horas en un hospital público durante las últimas tres semanas, acompañando en su convalecencia a un familiar. A lo largo de estos días he podido conocer la forma de funcionamiento, los horarios, los turnos, el personal e incluso algunas de las características de los empleados, enfermeros y auxiliares, en especial, ya que éstos mantienen con los enfermos un contacto mucho más estrecho que el de los propios médicos.
Tantas horas de hospital, provista sólo con mi ordenador, posibilitan muchos momentos de observación y reflexión sobre actitudes y formas de trabajar. Así, al cabo de estar allí unos días, ya podía contar con cierta precisión el mimo y cuidado con el que trataba a sus pacientes el enfermero canario que derrochaba cariño y atenciones a todos los ingresados; la enfermera nerviosa y ágil que se movía y casi parecía volar por toda la planta atendiendo a unos y otros o aquella otra, más reposada y calmada que repartía medicamentos mientras dedicaba una sonrisa tranquilizadora a pacientes y acompañantes.
La vida en un gran hospital es lo más parecido a una gran ciudad, languidece con las últimas horas del día y parece espabilar y activarse con las primeras luces que despuntan y se inicia la actividad. Pues bien, para aquellos que como yo somos ajenos al mundo de la medicina, la estancia en un hospital, incluso pasar allí las noches acompañando a alguien enfermo, se convierte en un lugar inhóspito y duro, en el que es complicado conciliar el sueño porque las interrupciones son continuas, con los controles de temperatura, tensión, o los simples cambios de medicamentos cuando éstos se acaban.
Por eso para mí tiene un especial valor todos aquellos trabajos que se desarrollan en torno a la salud y la enfermedad, en torno a las personas que se sienten vulnerables por estar indispuestos, uno se puede sentir especialmente inseguro, alicaído y abatido ante la incertidumbre de la ausencia de salud y hace falta una actitud especial para hacer soportar esa circunstancia a otras personas.
Esta es la explicación de este post ¿Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir ordeno y mando? Porque estoy convencida que estos trabajos del mundo sanitario son algo más que un empleo, son o deberían ser una vocación, y como tal se deberían desarrollar.
Como decía, tantos días de hospital dan para bastantes anécdotas y tuve ocasión de presenciar dos episodios radicalmente diferentes en su esencia y con consecuencias diametralmente opuestas.
Una de esas mañanas en las que los médicos revisan a sus pacientes, uno de ellos, un hombre de cierta edad y se ve que sobrada experiencia iba rodeado de un grupo de médicos jóvenes, seguramente poco experimentados y algunos residentes, explicando los diagnósticos de cada uno de los enfermos. Este médico (después supe que era un jefazo por su puesto y además una eminencia) era un absoluto déspota con sus colaboradores. Les atiborraba a preguntas sobre síntomas y posibles soluciones pero lo hacía con altivez, malos modos, soberbia e interrumpiendo a los jóvenes médicos apenas algunos de ellos empezaba a contestar. Esa forma de tratarlos pude ver que les desconcentraba profundamente lo cual provocaba que sus respuestas fueran mucho más dudosas y cada vez estaban más bloqueados. Me encontraba paseando por el pasillo cuando vi esta situación dos o tres veces siempre de la misma forma, pero cada vez con un tono de voz más alto y palabras más groseras. El joven equipo médico se encontraba cada vez más torpe en sus diagnósticos, yo les apreciaba aturdidos, apenas prestaban atención a los enfermos y éstos se sentían más incómodos con la situación, que resultaba majadera. El médico, jefe del departamento repetía constantemente como un mantra cuando alguien osaba preguntar o rebatir algún aspecto “en este hospital se hace así porque aquí yo ordeno y mando”….. al poco tiempo le llegó el turno a mi suegra y entraron en su habitación…. Y se repitió todo el ritual de desmotivación, y lo que es peor, desatención al enfermo. Estaban más ocupados en evitar la bronca que en otra circunstancia.
Un par de días más tarde pude vivir la situación inversa. Mi suegra se encontraba en una situación gravísima, con escasa posibilidades de supervivencia debido a las múltiples complicaciones que tenía y su avanzada edad. Nosotros, su familia, empezábamos a pensar en un fatal desenlace cuando vimos como un grupo de médicos y en especial las enfermeras que la cuidaban en su turno luchaban sin descanso por poder ponerle una vía central (con muchas contraindicaciones) para poder inyectarle dopamina. Esa era su última posibilidad de agarrarse a una vida que se le escapaba lentamente.
En el quirófano lograron esa vía central con grandes dificultades y la trajeron a la habitación. Detrás de la camilla venían las enfermeras celebrando abrazadas que había sido un éxito la implantación y de inmediato le pusieron la dopamina para sacarla adelante. Mi suegra estaba inconsciente, pero ellas le hablaban y una en especial la animaba para que se recuperara y se pusiera guapa y saliera del hospital pronto porque tenía muchos planes que realizar todavía. A mí me conmovía profundamente la actitud de aquellas mujeres luchando a brazo partido con el cuerpo de una mujer que ya parecía estar muy lejos, pero existía una posibilidad y su índice de motivación era muy superior a nuestra preocupación o nuestro pesimismo. También era muy superior a la grosería o la desmotivación que provocaba el doctor “ordeno y mando” que dirigía a los jóvenes médicos….
La forma de trabajar de esas enfermeras esa noche, con rapidez, entusiasmo, alegría, ánimo y cariño distaba mucho de cómo trabajaban los médicos a la orden del doctor “mandamás”, con aire lento, soporífero, torpón. Tiene mucho que ver con la motivación intrínseca que uno puede tener o sentir hacia aquello que hace. Te tiene que gustar o apasionar. Y eso nace de uno. Nadie nos debe motivar. Pero si algo le podemos pedir a nuestros jefes es que al menos si no saben motivar a sus colaboradores es que se abstengan de desmotivarlos.
Esa noche mi suegra se fue. Su cuerpo no aguantó. Pero estuvo en las mejores manos. Porque unos profesionales que aman lo que hacen la cuidaron y lucharon por ella hasta el final. Incluso cuando nosotros creíamos que la esperanza ya había quedado atrás. Porque en ellos vive la motivación.
A ella que no le gustaban ni los médicos ni los hospitales ni sabía nada sobre teorías de motivación, le debía este post. En alguna de esas noches de hospital que pasamos juntas me dijo “cuando salga del hospital tenemos que traer bombones para dar las gracias a las enfermeras que me están cuidando tan bien”. Pura motivación.
Va por Pilar. Un beso.
May Ferreira
09 octubre 2014
Estando en una sesión de coaching con un cliente, decidió revisar algunas de las cosas que él creía habían marcado su vida de una forma crítica, y que las atribuía al azar o la casualidad… “De pronto pasó eso y…… y me vi envuelto….
Así empezó la sesión. ¿Juega un papel importante el azar en la vida, o es el proceso de toma de decisiones el que la dirige?.
Relató como en sus primeros pasos laborales estando en una multinacional, un amigo le dijo que había unas plazas públicas “de esas de toda la vida” y por estar cerca de su familia, en vez de seguir en otra ciudad menos confortable… que se presentó y … “de casualidad aprobé” ; si me hubiera tenido que quedar; me dijo:”quizás tendría que haber hecho nuevas amistades, quizás dejar a mi novia con la que estaba ya acostumbrado a estar aunque poco enamorado e intentar decir a quien me gustaba mucho en ese momento ¿lo intentamos?”.
Siguió contando, que cuando ella le dijo el día y la hora en que se tenía que casar, dijo: "¡vale!", asentí sin pensar demasiado: “Es que creo que había quedado una fecha libre por casualidad o cuando me lo dijo ya estaba todo hecho”. Dejó al azar su primer hijo… “no pusimos medios si venía bien sino pues bien también…” y un segundo: “de hecho tardó mucho, pensaba que ya no tendríamos más, a mi me daba igual, ella era quien lo quería”. Siguió contándome que: La casualidad hizo que se quedara libre un puesto directivo y… ese día yo defendía un proyecto y estaba ahí… Y también fue azaroso que un día, con un tema de trabajo alguien me dio una referencia contesté un correo, y empecé a hablar con una persona que me hizo sentir de otra manera. “Disfrutaba mucho, en ese momento me sentía más querido, protegido, muy bien, sin más”. Y fue la casualidad que mi mujer cotilleara mi móvil, y me obligó a dejar esa relación… y… de casualidad me recomendaron venir aquí.
¿Casualidad o causalidad?
En un mundo en el que no se puede evitar vivir sumergido en cierto grado de incertidumbre, en el que por alguna extraña razón las consecuencias de nuestras acciones o de nuestras omisiones están a veces más allá de nuestro alcance de comprensión aparente, el hecho de confiar en la suerte es, en cierta medida casi inevitable para sentirnos mejor.
Por el contrario, preguntarnos para qué, nos permite ver esa misma situación estrechamente vinculada con la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a tener en cuenta la oportunidad de aprendizaje vinculada a cualquier experiencia, sea la que sea.
La física cuántica define este proceso de azar, en los términos que “la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas, pero, solo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas”. Es decir, que ahora mismo, en este momento, nuestras vidas, nuestras circunstancias son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando, decidiendo y actuando durante años.
En Oriente se llegó a esta misma conclusión en el siglo V antes de Cristo. La ley del karma afirma que “todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias” lo que elimina toda posibilidad de caer en el pozo del victimismo. De ahí que en el caso de que cometamos errores, los resultados nos permitirán evaluar decisiones y conductas, pudiendo así aprender y evolucionar.
Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, estos nos permitirán verificar que estamos viviendo con cierto grado de comprensión, discernimiento y acumulando cierta sabiduría.
Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la “casualidad”, sino por la “causalidad”.
Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo que nos permita pagar las facturas, si opté por dejar en manos de otro u otra sentirme querido o respetado, mantener o no una amistad, no darme por enterado de hechos, ceder a imposiciones o admitir condiciones… eso es precisamente lo que habremos diseñado para nuestra vida, con nuestros pensamientos, nuestras decisiones y comportamientos.
Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.
Nos suceden experiencias que por la manera en como nos afectan, se las atribuimos a la buena o mala suerte, al azar, o a la casualidad. Otras decimos que suceden porque sí, porque tenían que suceder y a otras simplemente no le prestamos ninguna atención.
Una decisión unida a la habilidad, el conocimiento, la intuición y el esfuerzo apartan a la suerte de la escena. Las cosas que salen mal dada la falta de esas competencias, o las que salen bien gracias al ejercicio de éstas no pueden achacarse a la mala o buena suerte. Los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.
Según la ley de la sincronicidad, “lo que nos ocurre, bueno o malo, está ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida”.
¿Qué has aprendido de esas decisiones que dices dejas que tomen otros por ti?, ¿Cómo te ves dentro de siete años ? ¿Qué haces para disfrutar de tu vida? le pregunté a mi cliente …
Mila Guerrero
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08 octubre 2014
Cuando me dispongo a escribir este post, observo que el diccionario del Microsoft Word no contiene la palabra Ebola. Se trata de un vocablo desconocida que, lamentablemente todos tendremos que agregar.
Este mortífero virus y el contagio sufrido por una auxiliar de enfermería que atendió a uno de los misioneros españoles repatriados el mes pasado por nuestro Gobierno, ha conseguido que seamos noticia de apertura de casi todas las cadenas de radio y televisión en Francia, Reino Unido, Alemania y una innumerable lista de países. Así como portada de sus numerosos e importantes periódicos.
Nuestros colegas europeos se llevan las manos a la cabeza en un gesto mezcla de estupor y miedo, porque el temible mal se ha colado en nuestro continente sin respetar protocolos de seguridad ni operaciones de rescate dignas de la guerra de las galaxias.
Poco puedo decir yo sobre la enfermedad. Cómo se contrae o cómo se evita, son temas sobre los que manifiesto mi más absoluta ignorancia y debemos dejar que las autoridades sanitarias se ocupen de ello. Esta ausencia de conocimientos, es bastante extensible a muchos otros sectores de esta nuestra sociedad, que, no nos engañemos, nos creíamos un tanto a salvo de esta enfermedad letal, sí, pero asociada en nuestras mentes y espíritus a negritos africanos.
La evidencia nos ha golpeado sin piedad. La aldea global en la que vivimos no lo es sólo para los avances tecnológicos o las redes sociales, también los males de la salud viajan a velocidades endiabladas y un contacto, bueno o malo, se puede convertir en viral y dar la vuelta al planeta mientras alguno de vosotros lee este post.
La evidencia nos ha golpeado sin piedad. La aldea global en la que vivimos no lo es sólo para los avances tecnológicos o las redes sociales, también los males de la salud viajan a velocidades endiabladas y un contacto, bueno o malo, se puede convertir en viral y dar la vuelta al planeta mientras alguno de vosotros lee este post.
No sabemos qué ha ocurrido, pero lo innegable es que algo ha fallado, hay una persona afectada, varias en observación, una alarma e incertidumbre que está en la calle y un sistema sanitario que se puede ver puesto en cuestión por algo que podría resultar anecdótico. Me explico. Claro que se trata de un tema grave, de una enorme repercusión internacional, muy mediático, de actualidad, con todos los ojos mirando hacia nosotros… un paso en falso será doblemente proyectado, analizado, revisado.
La sanidad española, una de las mejores del mundo, pionera y precursora en muchas técnicas y con grandes profesionales se verá, me temo, denostada, a causa de este episodio, que mezcla aspectos de crisis sanitaria con gestión política de sus responsables, lo cual casi siempre suele resultar un coctel de sabor desagradable, de regusto amargo.
Lo que me produce una enorme desazón en toda esta historia es que todas las declaraciones e informaciones que he oído a lo largo del día de hoy, coinciden en señalar que, que sea cual sea la causa de este contagio, el personal sanitario estaba deficientemente preparado para enfrentarse a una emergencia de este tipo; los protocolos eran complejos y la formación técnica había sido insuficiente.
La sanidad española, una de las mejores del mundo, pionera y precursora en muchas técnicas y con grandes profesionales se verá, me temo, denostada, a causa de este episodio, que mezcla aspectos de crisis sanitaria con gestión política de sus responsables, lo cual casi siempre suele resultar un coctel de sabor desagradable, de regusto amargo.
Lo que me produce una enorme desazón en toda esta historia es que todas las declaraciones e informaciones que he oído a lo largo del día de hoy, coinciden en señalar que, que sea cual sea la causa de este contagio, el personal sanitario estaba deficientemente preparado para enfrentarse a una emergencia de este tipo; los protocolos eran complejos y la formación técnica había sido insuficiente.

En mi caso, por trayectoria profesional y por convencimiento personal siempre he defendido la formación de los empleados de las organizaciones como una de las más importantes herramientas de éxito y competitividad sostenibles a lo largo del tiempo. Sólo con una formación adecuada a los puestos, las personas y las circunstancias se puede hacer frente con garantías de solvencia a las dificultades que nos enfrenta nuestro quehacer cotidiano, especialmente si hablamos de un ámbito como éste, que afecta a la salud de las personas. Pero esta maldita crisis nos ha obligado a recortar, a pensar en la inmediatez, a posponer nuestra propia preparación….
La formación asegura la competitividad, el rigor y la imagen de solidez que proyectamos ante los demás, sean estos clientes, proveedores u otros países.
Por eso me ha entristecido que hoy España y el Ebola hayan sido noticia de portada en tanto periódico o telediario extranjero.
Que se recuperen pronto y bien Teresa y los demás posibles afectados para que pronto disfruten de una formación de primer nivel, sólida y de calidad, que nos lleven a protagonizar una noticia sobre el aumento de la competitividad de los españoles. En el próximo BBC News. UK Edition.
May Ferreira
28 septiembre 2014
Hace unos días una amiga me contó una historia que quiero compartir con vosotros.
una próspera Empresa de distribución en la que trabajaba nuestra protagonista, Mariquita Risueña. Ella era una mujer preparada, trabajadora, inquieta y con muchas ganas de seguir aprendiendo. Todos los días acudía a su trabajo intentando mantener la motivación de su equipo y la suya propia. A veces no era fácil. No, a veces era incluso muy difícil.

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando oyó un terrible aullido “uahhhhh Mariquita ven rápido a mi despachoooooo”. El grito procedía del piso de arriba. Era el Gran Ogro Pepe que bramaba desde su oscura guarida.
Mariquita acudió enseguida y con una sonrisa en los labios tocó en la puerta. Pepe gruñó sin levantar apenas la mirada. Tecleaba con furia encima de su ordenador. Ella siempre se sobresaltaba cuando la increpaba así. Le conocía desde hacía años pero no acababa de acostumbrarse. El Gran Ogro Pepe empezó a soltar una retahíla que quejas y reproches sobre Mariquita, su trabajo, el de su equipo…. Ella miró por una rendija de la gruta, y vio como se colaban los rayos de sol. Fuera hacía un día precioso, era viernes y ella quería disfrutar de un buen fin de semana con su marido, su hija, su perro….. no, definitivamente el Gran Ogro no le iba a amargar el día. Cuando él acabó de increparla ella volvió a su despacho, con aspecto más serio. Una de sus colaboradoras, Anita Feliz le dijo: “¿por qué te ha gritado esta vez?” Mariquita se encogió de hombros. No quería transmitir a sus compañeras el malestar que le provocaban las constantes broncas. Ella quería que su equipo trabajara unido, con ganas, alegre, pero a veces el panorama era sombrío.
Todos temían al Gran Ogro Pepe. Le obedecían y procuraban no contrariarle porque preferían no provocar alguna de sus sonoras reprimendas. Su método de trabajo era castigo y premio (más castigos que premios).
Mariquita Risueña tenía al respecto una idea distinta. Estaba convencida que un equipo cohesionado, con un líder (que no un jefe) al frente, con objetivos claros y un plan de trabajo conocido y aceptado era más eficaz y, sobre todo, más feliz. Ella no entendía el trabajo como una condena, deseaba ir a trabajar con ganas cada día y asumir nuevos retos. Pero....
Otra de sus compañeras, Blanquita Radiante le dijo “¿Por qué no vas a la Escuela de Ogros donde le enseñaron su método de dirección y tratamos de inscribirle en un curso de liderazgo? Tal vez ellos puedan convencerle…..
Mariquita Risueña decidió ir acompañada de la jefa de formación, Carmen Dichosa. La pobre tenía poco trabajo porque el Gran Ogro decía que la formación no era más que una pérdida de tiempo y las herramientas de desarrollo, tonterías que ponen de moda los americanos. En definitiva, no hacía caso a “esas paparruchas de los chicos de Recursos Humanos”…. Ay menudo panorama!!!!!!!! Qué difícil era lidiar con un jefe gruñón y de talante tan voluble. Ella reconocía que técnicamente era bueno, conocía su profesión, era hábil, manejaba bien las cuestiones técnicas…. En fin, si pudieran ayudarle a cambiar….
A medida que se acercaban a la escuela las dos compañeras veían la zona muy despoblada, apenas había gente y todo estaba desangelado.

De repente vieron a la Directora, la Sra. Marisol Cascarrabias que con gesto entristecido iba recogiendo pupitres. Ambas se acercaron y Mariquita preguntó “Buenas tardes, Sra. Cascarrabias ¿qué ha pasado?, ¿Por qué está cerrada la Escuela?
La Directora lanzó un sonoro suspiro y dijo “nos hemos arruinado, el sistema de Premio y Castigo ha fracasado. Al principio nuestro modelo de Jefes-Ogros funcionaba muy bien. En las Empresas estaban muy contentos con ellos pero poco a poco empezaron los problemas. Los empleados se rebelaban ante los malos modos, las reprimendas, los cambios de humor, y tampoco aceptaban premios con la formación y castigos con las subidas de sueldo. Un auténtico fracaso. Las Empresas nos empezaron a devolver a nuestros Ogros y nos vimos obligados a cerrar”.
Mariquita no podía disimular su sorpresa. Carmen Dichosa exclamó “¿y ahora qué vamos a hacer?”.
La Sra. Cascarrabias la miró con desgana y dijo “ahora todos quieren mandar a sus ogros a la Escuela del Líder Que Guía Tu Camino. Dicen que sus jefes salen de ahí con ganas de motivar, ilusionar e iluminar la tarea de sus equipos. Dicen que consiguen de equipos ordinarios unos resultados extraordinarios”. Siguió suspirando “y ahora ¿qué haremos con todos los Jefes Ogros que mandamos a un montón de empresas de todo el país? Si hasta nos los pedían desde el extranjero…..”
Mariquita Risueña y Carmen Dichosa comprendieron que tenían que lograr matricular a su Ogro en La Escuela del Líder Que Guía Tu Camino. Pero, ¿cómo podían hacerlo?
Continuará…..
Juan F. Bueno

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