30 abril 2013

Fuerza, pasion y falta de profesion.

Posted by JUAN F BUENO On martes, abril 30, 2013 2 comments
Este fin de semana disfruté de un tranquilo domingo con mi mujer, fuimos a ver el musical flamenco Carmen y después tomamos algo en una cafetería. Hasta aquí todo normal. Pero debo reconocer ante vosotros, seguidores y algunos amigos, que mi trayectoria de más de tres décadas en la Dirección de Recursos Humanos de varias Empresas me está pasando factura. Para bien y para mal. Porque no puedo evitar proyectar algunas de mis vivencias cotidianas desde esa óptica de analista y gestor de personas.
 

 
¿Qué quiero decir con esto? Disfruté del espectáculo flamenco y mucho, y si hay alguna imagen que pueda asociar con lo visto es la fuerza, la garra, la pasión que desborda la obra y sus personajes, extrema, desgarrada, pero inevitablemente enardecida. Esa particularidad mía de apasionado de los Recursos Humanos (un malintencionado amigo mío habla de “recortes humanos”) me hacía pensar que esos atributos faltan hoy a nuestro alrededor, me cuesta encontrarlos en nuestra cotidianidad empresarial.

Sí, echo de menos cierto ardor, ímpetu, furia (en positivo), o sea muchas ganas, y ya lo dije antes, pasión. Así, escrito en rojo. Por lo tanto, creo que falta ilusión, alegría, esperanza ante los proyectos. Y estos no tienen por qué ser grandes empresas ni complicadas puestas en escena. Lo que hace falta es la emoción en cada cosa que hacemos, en cada tarea de nuestro entorno laboral.

Pasión a raudales. Toneladas de pasión  (si esa fuera su unidad de medida). Aprecio a mi alrededor cierta apatía que me entristece profundamente porque es mala consejera para ver la luz, esa que esperamos todos ver al final del túnel en el que nos encontramos inmersos. Creo que es imposible alcanzar el éxito si no se siente una gran pasión por el propio trabajo. ¿No os resulta difícil pensar en grandes triunfadores que no disfrutan enormemente con lo que hacen?

La llegada al teatro para ver el espectáculo fue un poco accidentada. La acomodadora se confundió en la numeración de las filas y nos sentó en el sitio equivocado, de modo que pasado un rato llegaron los ocupantes de esas butacas. La señorita muy amablemente nos indicó nuestro lugar que también estaba ocupado. En fin, resultaba cómico ver a los espectadores intentado arreglar el desaguisado. Era un "tetrix" humano.

Y este gestor de personas que soy yo, no pudo abstraerse de ese pensamiento que ya he compartido en otras ocasiones con vosotros, "es imprescindible que el personal esté adecuadamente formado, preparado para hacer su trabajo". No hace falta que exponga por qué. El teatro estaba lleno, sobre todo  de extranjeros, que observaban atónitos  el revuelo formado.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.
 
Cuando salimos del teatro, decidimos entrar en una cafetería, una prestigiosa cadena francesa, para tomar algo. El camarero nos atendió con desgana, tras insistir mi mujer en dos ocasiones, dada nuestra condición de invisibles (¿cuantas veces os habéis sentido invisibles ante un camarero?). Pedimos un café y un té. Al cabo de más de un cuarto de hora llegó otro camarero (sonriente, pero más despistado que el anterior) con dos cafés. El primer camarero se había equivocado con nuestras consumiciones. ¡Hum me pregunto que hubiera ocurrido si la comanda hubiera sido "lenguado en papillote con salsa bordelaise y la paupiette al punto con reducción de Pedro Ximenez"! El camarero corrió raudo a cambiar el café por un té para mi mujer. Ella es una mujer optimista por naturaleza y, desafiando el entorno, se animó a  pedir una tartaleta de manzana para compartir.

La secuencia, va como sigue: yo me tomo el café, cuando llega el té de mi mujer han pasado veinte minutos (supongo que Ceylan queda lejos) y cuando ambos habíamos acabado llegó la deliciosa tarta.

Los dos camareros eran jóvenes aunque parecían llevar una pesada carga a sus espaldas teniendo en cuenta la velocidad a la que se movían. Sonreían casi sin sentido, porque… apenas hablaban español. Ay desolador!

Eran estudiantes de Erasmus a los que les pagarán una miseria, pero mientras ellos practican el idioma, y resultan baratos porque gracias a su beca, ya tienen sus coberturas. Mientras la cadena francesa (dicen que venden calidad) apuesta por lo contrario: mal servicio, carente de todo orden, pero eso sí, a precios que casi triplican los de una cafetería normal.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Por eso os decía al principio de este post, que mi profesión me condiciona a veces para mal. No puedo pasar  una tarde de flamenco y merienda sin más reflexión, sin sacar conclusiones.

Siempre he sido un ferviente defensor de la formación, de la correcta capacitación de los empleados en su puesto de trabajo. Y la realidad me da la razón de forma obstinada. El domingo había acabado.

El lunes  por la mañana me dirijo a una oficina de la Seguridad Social en la que tras sacar el número correspondiente e intentar hacer el trámite yo mismo en un ordenador que no funcionaba, me atiende una funcionaria. Muy amablemente me da una hoja de instrucciones que hay que seguir para que “usted desde su casa se prepare el certificado”.

Cuando manifesté mi sorpresa por esa respuesta de “hágalo usted mismo” me conminaron amablemente a seguir las instrucciones y si tiene alguna dificultad “entonces vuelva por aquí otro día”.

Y claro, ese dichoso gestor de personas que tiene más de tres décadas a sus espaldas, se pregunta, “si la mayoría de las gestiones las tenemos que hacer los ciudadanos – contribuyentes ¿no sobrará algún funcionario”? (y esto lo digo sin ninguna acritud, que sé lo que está sufriendo este colectivo en sus propias carnes con las reducciones de sueldo y pagas extras y sin la cobertura de vacantes) 

Eso sí, todo me lo dijeron con una sonrisa, con mucha amabilidad, aunque eficacia…. Cero. La acomodadora, el camarero, la funcionaria…. Y no quiero caer en ningún tópico sobre los funcionarios: he conocido muchos empleados absolutamente involucrados, no solo en la Administración pública, sino también  en la Empresa privada.

Lo dicho, falta un poco de pasión y un mucho de ganas.

Ay que ver qué visionario aquél amigo mío que me decía: “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Juan F. Bueno


 

29 abril 2013

Noticias dramáticas, incluso increíbles

Posted by JUAN F BUENO On lunes, abril 29, 2013 2 comments

Las noticias que he tenido ocasión de oír estos últimos días son de las que estremecen en lo más hondo; y no hablo ni de las cifras del paro ni de ningún escándalo de corrupción.  Me refiero a noticias como la de un parado que quiere atentar contra la vida de unos políticos italianos, con motivo de la toma de posesión del nuevo primer ministro  y acaba hiriendo a unos policías y a una embarazada. O la de una fábrica textil que, al hundirse, deja más de 400 muertos en Bangladesh, siendo que previamente algunos trabajadores habían informado de la aparición de unas inquietantes grietas, sin que su voz fuera escuchada, o las relativas a la enésima pista falsa sobre la desaparición de Marta del Castillo… prefiero no seguir. Y no termino, porque cuando estaba acabando de escribir este post  llega la noticia  de la detención de una madre en Córdoba,  por matar presuntamente a su hijo,  arrojándose al río Guadalquivir.  Y todo esto sucede  sin que aún se hayan desvelado las claves del atentado en la maratón Boston.


¿Pero qué tipo de noticias son éstas? Me recuerda a aquellas que aparecían en el desaparecido periódico sensacionalista "El Caso", que eran tan truculentas que se decía que a veces eran inventadas. Ahora no. Ahora son tan crueles que hasta cuesta creerlas.

Sé perfectamente que las noticias, más o menos dramáticas, están al orden del día, pero lo que me impacta sobremanera es el despropósito total, la infinita crueldad. La brutalidad con que se nos relatan ciertas actuaciones, es hasta dañina. Son sucesos en los que la maldad parece una palabra inocente: se actúa con salvajismo, impulsado por la barbarie, y además ésta se ensaña con horror en los seres más allegados como son los hijos.

¿Qué le está pasando a nuestra sociedad? ¿Qué negros pensamientos pueden alentar a cometer semejantes atrocidades? Esta inusitada violencia ¿a dónde nos conduce?.

Reconozco que estas barbaridades, a manos de otras personas, me provocan las más sombrías sensaciones. Me conmueve cómo pueden quedar las vidas de las personas cercanas a esos asesinos (presuntos, claro), aunque a sus víctimas no se les pueda aplicar el adjetivo de “presuntos”. Ellos lamentablemente ya son reales.
 

No quiero escribir una crónica negativa, soy un ardiente defensor de la motivación, la energía, el positivismo, pero debo reconoceros que hay días en que, mantener esa actitud, cuesta un enorme esfuerzo.

¿Qué pasa con nuestros valores? Estos comportamientos sólo pueden provocar decepción, dolor y rechazo. Es que ante asuntos de esta magnitud, no hay una buena noticia que pueda contrarrestarla. Pero yo quiero seguir confiando en el ser humano, en que somos esencialmente buenos, en que estas situaciones sólo pueden ser excepcionales, propias de almas atormentadas y seguramente enfermas. Que es raro, muy raro que esto pueda ocurrir. Es antinatural y por tanto poco frecuente.

Sólo pensando así uno puede seguir adelante ¿no os parece? Desde este blog hablamos del desarrollo de habilidades, de áreas de mejora, de crecimiento personal y profesional… pero para que todo eso tenga sentido debemos trabajar con personas normales.

La normalidad, la sensatez, la cordura, deben de ser las inspiradoras de nuestra vida. Estas noticias que hemos comentado, son tan extremas que dejan todos nuestros temas de desarrollo profesional al margen: en un ridículo segundo plano.

Por eso voy más allá, los valores que están en la base de nuestra Sociedad, de nuestras Empresas, de nuestras familias son sagrados. El respeto, la educación, la consideración hacia otros seres humanos, en un plano de igualdad total, es imprescindible para mantener una convivencia pacífica.
                     
Sin eso no hay vida, nuestra existencia sería un imposible, más propia de animales salvajes que de seres dotados de raciocinio. Nuestra energía tiene que volcarse en el avance de la humanidad, en el progreso. Y si se manifiesta en algún grupúsculo una tendencia malévola, ésa debe de ser apartada con los mecanismos que cada sociedad, en base a sus leyes, tenga establecidos.
 
La paz en el mundo es una utopía, pero es que esto es la guerra. He oído que alguien, en un medio de comunicación, hacía referencias a estos hechos tan horrendos y afirmaba que “la crisis está sacando lo peor de cada uno”. Yo me niego a creer tal barbaridad. Un difícil momento económico como es éste, nos lo pone desde luego más peliagudo y nos estamos enfrentando a momentos duros, espinosos, en los que nuestros sentimientos pueden ser confusos, pero eso está muy lejos de cometer ese tipo de atrocidades.

Quiero pensar que, como dije antes, esto es sólo una excepción. Y voy a acabar con una frase que es una invitación a la reflexión “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos.” Martin Luther King.

Juan F. Bueno

28 abril 2013

A lo largo de mi vida profesional he conocido a muchos y grandes Directores de Recursos Humanos, pero también, afortunadamente menos, a algunos Jefes de Personal: los jefecillos y también a  buenos técnicos de Personal, reconvertidos en discretos directivos.
 


 
Pero no sólo he visto esto en mi campo de Recursos Humanos, qué va! Se trata de una realidad bastante extendida entre la jefatura (que no liderazgo) de nuestras Organizaciones. Porque un Jefe, “jefea”: Su equipo (o tal vez grupo) le obedece, inspira miedo (que no respeto); trata a las personas como objetos; te hace responsable de sus errores; suele tener una visión corta y cortoplacista; le interesan sus resultados; evita el crecimiento de sus subordinados; la formación le parece una pérdida de tiempo y de dinero; cree que el feed-back en una palabreja inglesa…..
 

Sí, sí, ya sé lo que estáis pensando, todos conocemos algunos, y lo que es peor incluso puede que trabajemos a su lado.
 
Cuando pensamos en un líder o un directivo actual, pensamos en una figura diferente: se trata de una persona que anima, inspira, motiva, empuja y consigue que su equipo (no grupo) le siga. Habla de colaboradores y no subordinados. Quiere que estos se formen y desarrollen, porque el crecimiento de  equipo es su crecimiento (el suyo propio). Cree en el valor del equipo por encima del individual. Da feed-back de forma oportuna, informa sobre el desempeño y delega. Dispone de estrategias y una amplia visión global; es proactivo ante los cambios y ayuda a su equipo a afrontarlos.
 
Podría seguir ampliando la lista de esas cualidades pero sé que, igual que en el caso anterior, ya tenéis en la cabeza algún nombre; es más, todos somos capaces de decir el nombre de grandes líderes. En resumen,  se trata de personas ordinarias que nos permiten alcanzar resultados extraordinarios. Nada más y nada menos. 
 
Pero si por encima de todas estas habilidades hay una que ocupa un lugar preferente es la Credibilidad. Lo que a veces se llama el “patrón de conducta”. El líder debe actuar como piensa y debe de ser coherente. Además su actuación debe de estar alineada con los objetivos estratégicos, la misión y la visión de la compañía.
 
La solidez y la confianza que genera un directivo en cualquier área, me atrevería a decir que es especialmente sensible en el área de Recursos Humanos.
La convicción  con la que debe de actuar el Director de Personas (eso es lo que somos) debe de ser total, sin fisuras. Es el espejo en el que se refleja el valor que se da a las personas en una Organización.
La falta de coherencia en este ámbito, es especialmente grave, porque no se puede difundir lo que no se hace, aquello en lo que no se cree. Trabajamos con personas que son profesionales, pero ante todo son seres humanos con sus experiencias, temores, juicios, deseos, necesidades, expectativas… y sobre todo, emociones.
Hoy no es suficiente con gestionar la administración de personal,  (es más, se puede externalizar con las máximas garantías y menor coste), los contratos, las vacaciones o la gestión del IRPF y todo lo que es el “back office”.
Cierto es que hay que administrar con eficiencia todos los aspectos relativos a los empleados, pero es lo mínimo exigible. El actual líder de RR.HH debe lograr que los colaboradores confíen en él, para lo cual debe atesorar un profundo conocimiento de la Organización y del negocio. Sólo así podrá seleccionar, formar y desarrollar a los empleados más adecuados a ese tipo de actividad.
Debe ser muy proactivo ante los cambios y saber anticiparse a los problemas. Necesitará una mayor capacidad analítica, ser flexible y lograr una red de buenas relaciones dentro de la Organización.
Y tú ¿lideras o jefeas? Y tu jefe  ¿jefea o lidera?
Juan F. Bueno

 

27 abril 2013

En los últimos meses estoy contemplando, con cierta estupefacción, la asombrosa indiferencia en los procesos de selección y reclutamiento en muchas  Empresas.  Veo con preocupación que, en los pocos puestos que se cubren con candidatos externos, el criterio fundamental de selección, es el coste.
 
El salario a la baja, naturalmente. ¿Cuánto hay que desembolsar? No, no, tiene que ser más barato.




Con este tipo de planteamientos lo que seguramente estemos consiguiendo es poblar nuestras Empresas de profesionales mediocres, a veces escasamente cualificados para los puestos ("ya se cubrirán esas carencias de alguna forma cuando y como sea") y sobre todo carentes de la experiencia necesaria. Lamentable.


Esa voluntad de ahorro a toda costa, está provocando una clara merma de calidad en muchos puestos directivos y técnicos. Está bajando de forma evidente la eficacia y la gestión. Las características o las aptitudes de esas personas, que están al frente de muchas organizaciones, están siendo sólo las justas para poder desenvolverse, pero nos estamos posicionando voluntariamente fuera de los círculos de la excelencia. Esto, sumado al recorte tan brutal que se ha producido en las organizaciones en las partidas destinadas al desarrollo de personas (formación), que será objeto de otro post en breve, está creando una combinación sumamente peligrosa para la supervivencia de nuestras Organizaciones, ya que a la falta de preparación inicial, no se le da un remedio adecuado. Y creo que la condición de excelente es la única que podrá garantizar nuestra supervivencia y éxito en una sociedad y un mercado tan ferozmente competitivo como el actual.
 
 
¿Estamos abriendo el bazar chino? Tenemos que ser conscientes de las oportunidades que nos da implantar un sistema como ése (profesionales más baratos y con menos experiencia, que también necesitan su oportunidad profesional), pero no hay que despreciar los riegos. Estos son muy grandes.
 
Vamos a vivir una experiencia profesional y personal desconocida. Pero intuyo que no merece la pena o que incluso, nos puede poner en una situación potencialmente complicada.
 
Asisto tan preocupado como perplejo a la transformación de nuestro mundo empresarial, en el que, con la que está cayendo (permitidme la expresión!) estamos apostando por el bazar del Todo a 100: menos calidad, menos experiencia, menos preparación, menor especialización y sobre todo, más barato.
 
 
Todo eso cuesta menos dinero (en el corto plazo) pero produce un peor resultado a futuro. ¿Nos lo podemos permitir precisamente ahora?. Desde mi humilde opinión, los directivos y técnicos que tienen el reto de sacar  adelante nuestras Organizaciones, en unos momentos como estos,  deberían de ser los mejores. Y para serlo hace falta tener una amplia experiencia, muchos conocimientos, enormes habilidades sociales y una gran capacidad de gestión del cambio. Y, por favor, no nos engañemos, eso cuesta dinero. Eso no se adquiere en las rebajas.
 
Este cambio se está produciendo con cierto sigilo, tal vez un poco oculto, porque estamos todo el día liados con los avatares de la crisis, pero esta situación nos impactará sin piedad, en futuro . Cierto es que esa huella no se dibuja hoy, no lo hace de forma inmediata, pero nos dará un auténtico golpe dentro de unos años, cuando recojamos los frutos de este embudo en el que nos estamos metiendo.
 
La economía, parece definir inevitablemente nuestras vidas, pero creo humildemente que esta idea de buscar trabajadores de gran responsabilidad, a precio de saldo, nos puede abocar a la agonía de  muchos de nuestros negocios.
 
Esta situación será una amenaza para nosotros sino hacemos algo por evitarlo. Estas personas "subcualificadas" para ocupar puestos relevantes en las Empresas, están generando otro problema, sobre todo en las contrataciones realizadas por Head Hunters. Como en muchos casos no producen el resultado esperado y se ven incapaces de cumplir los objetivos, están siendo "recambiados" por esas Empresas, que piden a quien les haya seleccionado que le proporcionen el repuesto, o sea, que se lo cambien  por otra persona, haciendo uso de la garantía. Es decir, las Empresas clientes están teniendo que recurrir a la garantía que ofrecen los caza talentos “si no queda satisfecho, le buscamos a otro directivo”. O sea, fracaso para todos (trabajador,  Empresa y casa de selección) y vuelta a empezar (retraso). Conozco bastantes casos así. ¿No nos da esto una pista de cuál debería ser el camino correcto?
                         
Me pregunto, ¿Merece la pena poner en una parte de la balanza el rigor, la profesionalidad y la experiencia sólo frente al precio en la otra parte de la balanza?. ¿ No es precisamente ésta una época en la que debemos desafiar a la crisis apostando por el talento? ¿Podemos aventurarnos a hacer las cosas lejos de criterios de máxima calidad y eficacia?
                                
Tengo serias dudas al respecto. Y concluyo este post recordando el refranero español, lleno de sabiduría y en ocasiones lapidario : “lo barato sale caro”.



¿Estamos dispuestos a tener directivos del Todo a 100? ¿O es preferible pagar algo más y comprar con garantía, por ejemplo, alemana?
 
Cada uno que reflexione sobre lo que le da más seguridad.
 
Lo bueno se paga, tiene su precio y da resultados. Lo contrario, NO.


 
Juan F. Bueno

25 abril 2013

Siempre me ha gustado el deporte. Frecuento la montaña desde hace unos cuantos años,  practicando con regularidad el alpinismo,  la escalada y el esquí. Tengo que confesar que escalando he pasado algunos de los mejores momentos de mi vida y también algunos de los más duros, con peligro real de morir congelado (pero ésa es otra historia). Ahora salgo con menos frecuencia y con un espíritu más moderado. Así que, para intentar mantenerme en forma, voy al gimnasio y a nadar, de forma habitual.
 
 
La natación es una actividad que se desarrolla de forma bastante uniforme: llego a la piscina, entrego mi ticket y me voy al vestuario. Allí dejo mis efectos personales en una taquilla (casi siempre en la misma zona) y provisto del gorro me meto en la piscina. Casi siempre intento nadar en la misma calle, incluso he cambiado varias veces de horario para asegurar que la que me gusta esté disponible. Estaba convencido, hasta esta mañana, que era un tema de gustos, de preferencias. Ahora tengo mis dudas.

Os preguntaréis que ha ocurrido esta mañana. No se trata de ninguna aventura, no. Pero es cierto que me ha hecho reflexionar y lo estoy compartiendo ahora con vosotros. 


Cuando finalizó mi sesión de natación me dirigí a los vestuarios repitiendo los mismos movimientos de siempre para ducharme antes de volver a casa. Pero entonces, cuando iba a entrar en la ducha, casi tropecé con un chico que se encontraba dentro. Un joven, parecido al de la foto, atlético y además sonriente. Y digo que casi tropezamos porque yo entraba con decisión en el pequeño habitáculo, casi como un autómata. La situación fue un poco ridícula porque como dije él sonrío ante mi precipitación y yo me sentí un poco molesto. ¿por qué? En ese momento no supe racionalizarlo, pero me volví fastidiado, y por un instante no supe qué hacer.
 
Entonces el joven  me dijo sonriente “¿sueles ducharte en ésta?” y yo siendo políticamente correcto le respondí “no pasa nada, me ducho en cualquier otra”. Y eso fue lo que hice, me metí en la siguiente. Era la hora de la comida y el vestuario estaba casi vacío y hay más de una decena de duchas. Podía elegir. Pero estaba molesto, me había fastidiado que aquel joven usara “mi ducha”. Y no era sólo eso, había colgado su toalla en “mi percha”. No sabía porque la situación me resultaba tan fastidiosa. Estaba irritado. En fin, cuando salí y mientras me secaba, el inoportuno joven (o tal vez sólo era educado?) se despidió con su gesto alegre.

Salí de allí irritado y dándole vueltas a mi enojo. Por qué me había parecido tan intolerable que el muchacho usara la última  ducha del pasillo de la derecha. Y no contento con eso utilizó también la percha! Estuve un rato recapacitando y llegué a la conclusión de que, en efecto, somos animales de costumbres. Estamos apegados a hacer las cosas de una determinada forma y cualquier cambio nos parece inoportuno.
 
En alguna ocasión un coach me dijo que es preciso conocer las emociones para saber gestionarlas. Hay que ponerles nombre. Y yo sentía cierta impaciencia y cierto enfado. Pero, ¿estaba justificado?: Sí y no.
 
 
Los cambios son mal aceptados por los seres humanos, no nos gustan, nos incomodan. El cambio nos puede desbordar o bloquear. Pero, en general cuesta bastante aceptarlo de buen grado.

Os propongo reflexionar juntos sobre el cambio en las Organizaciones. Porque los procesos de cambio no afectan sólo a los sistemas, las máquinas o los procesos. Su principal eje somos las personas y en nosotros impacta muy mediatizado por nuestro conjunto de creencias, valores y experiencias.

Sin embargo, de igual manera, sabemos que una correcta gestión del cambio se convierte en la actualidad en una fortaleza en el mundo empresarial, porque sólo las Empresas que son activas ante un cambio, es decir proactivas, sobreviven y alcanzan el éxito.

Os habéis dado cuenta con qué energía mental defendí poder usar mi ducha? Me molestó porque me hizo salir de mi zona de confort, me hizo sentir inseguro. Algo tan simple, tan pueril, tan banal.

La resistencia al cambio es consustancial con el ser humano, porque la percibimos como una amenaza (el chico atlético se quedó con “mi ducha”). Ante el cambio podemos reaccionar con dos tipos de resistencias: constructivas y destructivas.
 
 
Las positivas o constructivas son aquellas que, desde la involucración, cuestionan de forma positiva la solidez u oportunidad del cambio. Esos opositores intelectuales se pueden convertir en precursores a través del convencimiento o la negociación. Este es el caso de mi joven amigo de la piscina, me hubiera podido explicar que había muchas duchas, que podía usar cualquiera, que hay que aceptar con naturalidad  que, aunque casi siempre uso la misma, la ducha no es de mi propiedad; hay que conjugar los gustos y los usos de todos los usuarios de la piscina. Touché. Convencido.

Las resistencias negativas o destructivas son “harina de otro costal”. Nada que ver. Es el que practican las personas que no quieren participar en el cambio de forma visceral, sin escuchar argumentos. Cuando esto ocurre en la Empresa, esas resistencias  sólo se pueden vencer  con mucho apoyo, información y un análisis claro de la situación ante el cambio; de las ventajas de llevarlo a cabo y de los perjuicios de no hacerlo.

Nos oponemos por desconfianza, por inseguridad (¿“pero qué hace este tipo en mi ducha? ¿Qué se propone”?). En ocasiones entendemos el cambio casi como “una declaración de guerra”. Sin embargo otra posibilidad que podemos contemplar, es la de adoptar nuevas formas de pensar ante un determinado acontecimiento. El cambio, sobre todo cuando no es demasiado aceptado “nos arranca” violentamente de nuestra zona de confort, nos saca de una sacudida de nuestra comodidad (¿“qué hace este tipo colgando la toalla en mi percha”?).
 
El cambio provoca ansiedad. Os recordaba antes que es necesario conocer  las emociones para gestionarlas. Os animo a hacerlo.

Por cierto ¿quién es el tipo que se ha metido en mi ducha?
 

Juan F. Bueno


24 abril 2013

Cambio, Compromiso y Calidad

Posted by JUAN F BUENO On miércoles, abril 24, 2013 No comments
Las tres “C” ´son ingredientes imprescindibles para luchar contra la situación actual. No serán  suficientes para alcanzar el éxito, pero si necesarios y básicos para ver la luz al final del túnel.
 
 
 
Sobre la primera "C", la del Cambio no tengo duda. Muchas  organizaciones de este país se quedaron en el camino al ser vapuleadas por una crisis que puso de manifiesto sus debilidades para adaptarse, ser competitivas y flexibles. En conclusión, para adaptarse al cambio. Algunas ya ni siquiera están, sólo se centraron en recortar costes y desconocían el término “innovación”. En una palabra, muchas ya no pueden cambiar porque ya no son, ya no están. Primera reflexión: Seguir el ritmo de los cambios  ya no es suficiente, hay que adelantarse.

Nuestro sistema productivo, basado en el ladrillo y una burbuja inmobiliaria ficticia, reventó. Seguramente duró más de lo razonable. Los cambios y la adaptación debieron  iniciarse hace mucho tiempo. Mirar al pasado sólo nos debe servir  para no repetir los mismos errores.

Pero el cambio se hace necesario es otros ámbitos. En la sociedad en general. Ya no vale vivir por encima de nuestras posibilidades, firmar contratos que no podemos cumplir, asumir obligaciones que nos van a llevar a un fiasco cierto. Ya no vale vivir sin valores, sin respeto por nuestras referencias. Sin  valorar al otro.
 
La segunda “C” es la del Compromiso. Nos comprometemos cuando somos capaces de llevar adelante aquello que nuestra conciencia acepta como válido y alcanzable.

El compromiso nos da fuerza y resistencia para avanzar. El compromiso de verdad sale del  interior de cada uno de nosotros y se materializa en aquello que logra movilizarnos: la familia, un proyecto, el trabajo, etc.

Una persona comprometida es aquella que va más allá de lo estipulado, de lo exigible. Es aquella persona que cree en lo que hace y le añade un plus de su cosecha. Una persona comprometida es un tesoro.

Y qué duda cabe que nuestro momento actual requiere de un nivel de compromiso alto, muy alto.  Tenemos que dejar de lado la indiferencia. No sirve de nada quejarnos de la mala situación que estamos viviendo, sin hacer nada por cambiarla. Y no olvidemos una buena dosis de reflexión para ver cómo el compromiso personal de cada uno puede contribuir a mejorar las cosas.
 
 
La tercera “C” es la de Calidad y hoy más que nunca debe de ser compañera de viaje. Se ha  convertido en la actualidad en un elemento estratégico, que estoy convencido que, junto a las personas y a la innovación, podrían ser los elementos diferenciadores en un mundo tan globalizado. Pero hasta tal punto, que los llamados modelos de Calidad o Excelencia,  alcanzan ya todos los sectores de nuestro sector industrial  y de servicios.

Pero voy más allá con el concepto de calidad ya que me refiero a su concepción global, aquella que las personas interiorizan como una fuerza poderosa que  impulsa a hacer las cosas de forma excelente. Y si hablamos de Empresas, debemos extender su acción más allá de la producción. Afecta a todos los ámbitos de la misma. Tiene que haber imbuido al miembro de la más alta jerarquía, pero también al más humilde de los empleados, al becario y a quien se ocupe de la limpieza. Es de todos y es para todos.

Y esa idea de Calidad absoluta, debe de invadir todos los rincones de nuestra sociedad. Ahora que las cosas van mal, hay que ponerse en pie, mirar al frente y hacer las cosas de forma impecable. Cada persona es la imagen de su familia, de su barrio, de su Empresa, de su país. Cambio, Compromiso y Calidad. Ahora más que  nunca.

Juan F. Bueno

23 abril 2013

Por sus equipos les conoceréis

Posted by JUAN F BUENO On martes, abril 23, 2013 No comments


La forma más directa de descubrir el estilo de un directivo, es conocer a su equipo. Sus miembros, con su conjunto de cualidades, habilidades y características, será el fiel reflejo de aquél que ostente la responsabilidad de su dirección. Y sobre todo, la forma de actuar e interrelacionar de todos ellos, será la representación más patente de su modelo de gestión.

 

El perfil de un equipo de trabajo queda dibujado en gran medida por su forma de integrarse entre sí, la repartición de roles y asunción de responsabilidades y su líder. Éste tendrá que establecer de forma nítida la coordinación del mismo y los objetivos a cumplir.
 
Esos objetivos son precisamente la senda que va a marcar el quehacer de un equipo. El líder, poniendo en marcha sus herramientas y competencias, deberá llevarlo a su máximo nivel de desarrollo.

En otro post he mencionado la figura de los jefes y los jefecillos. A cada uno de ellos le corresponde un equipo o un grupo de gente que trabajan juntos, sin más. Hace unos años trabajé en varios proyectos que denominamos “equipos de alto rendimiento”. Os preguntaréis que es eso. Pues era ni más ni menos que el fiel reflejo de un equipo maduro, muy cohesionado y con un gran líder al frente. Con ellos se podían plantear estrategias enérgicas, para reforzar la unión, para extraer aspectos positivos de los conflictos....

Un equipo (nos gustaba llamarle “equipazo”) de estas características, necesita tener al frente a una persona con grandes aptitudes de guía, de animador, de inspirador. El talento se pondrá al servicio de su equipo para alcanzar los máximos resultados.
 
Fijaos en esta imagen. Uno de los ejemplos más representativos de un equipo de alto rendimiento son los miembros de una piragua o trainera. Y ese equipo  requiere un líder que dirija milimétricamente, que coordine y controle todas las tareas que han de realizar a su vez los miembros de ese equipo. Su presencia condicionará sin duda el resultado si ejercita su función de forma correcta. Conseguirá llevar a su equipo al éxito, a lo más alto. Un equipo de ese tipo se juega mucho en cada competición, en cada entrenamiento, porque sólo los mejores se suben al podio. Participan muchos pero sólo tres equipos tienen un lugar de honor. La alta competición es terriblemente dura y cruel, porque la realidad es que la historia sólo  recordará el nombre de… UNO, EL GANADOR. Los otros dos, con un loable segundo y tercer puesto apenas tendrán mención. El segundo clasificado, es el primero de los perdedores. Es así de duro.

En el mundo empresarial, la crisis nos ha situado en unas auténticas olimpiadas. Lamentablemente no se permiten entrenamientos, la competición es real.
 
A todos nos llegan noticias,  con bastante frecuencia,  sobre  pequeñas (y no tan pequeñas) Empresas que cierran cada día. Negocios que fracasan. Sólo unos cuanto salen adelante. Sólo los mejores. Y no me cabe duda alguna que detrás de esas actividades comerciales que funcionan, hay un gran equipo con un gran líder.
 
Puede ser un modestísimo empresario o un director general, qué más da! Lo que importa son las cualidades de esa persona que esté al frente, con independencia de las características del mercado o de sus objetivos.
 
Si el líder es un ejemplo a seguir, una figura inspiradora, en estos casos lo será más, si cabe. Su conducta debe ser sin fisuras, lo cual no significa que no pueda equivocarse. Al contrario, el error es imprescindible para el aprendizaje. Pero su honestidad profesional y personal debe estar fuera de toda duda. Debe constituirse en un referente.

Ese líder precisa tener una capacidad especial para conocer profundamente a los miembros de su equipo, con sus fortalezas y debilidades. Ese entendimiento de las personalidades y competencias de cada uno, le permitirá manejarlas con pericia para el fin único, lograr el máximo desempeño en cada una de las tareas. No olvidemos que el éxito del equipo será el éxito de su líder y viceversa.

Encontrará así la mejor forma de trabajar con ellos, y deberá aplicar un “medicamento personal”, ya que las herramientas que pueden ser válidas con algunos, serán poco prácticas con otros. No vale “el café para todos”. Esa habilidad será la “gasolina” para seguir adelante, porque pocas cosas hay tan motivadoras como ver a un equipo coordinado, luchando por conseguir unos resultados, uniéndose en las dificultades.

No se trata de ser carismático o genial, sino simplemente de arrancar la pasión y la motivación de los colaboradores.


Por sus equipos los conoceréis. A algunos sería mejor no conocerlos. Y a otros es un placer.
 
La vida misma.

Juan F. Bueno

22 abril 2013

Creatividad, cocina y precio justo

Posted by JUAN F BUENO On lunes, abril 22, 2013 No comments
Siempre he sido un firme defensor de la gestión de Recursos Humanos, como una faceta del mundo de la Empresa que debe ir por delante (deseable) o al menos de la mano (exigible) respecto a la estrategia de la Empresa.
 
Sin embargo durante años he conocido Departamentos que han funcionado como una mera gestión de personal: nóminas, vacaciones, permisos, expedientes… todo eso es necesario, claro que sí. Pero eso es sólo la administración de personal. Lo mínimo exigible. La gestión de los Recursos Humanos requiere crear valor, aportar algo distinto y enriquecedor, que propicie el crecimiento profesional de los integrantes de la Empresa.

Pero como decía al principio, a lo largo de los años,  me he encontrado mucho “de lo otro”,  lo puramente administrativo. Y ese planteamiento no ha ayudado  demasiado a nuestra función, o mejor dicho a la imagen que hemos proyectado de nosotros mismos.

Por eso, en estos tiempos convulsos que vivimos esa función tiene que ser todavía más esmerada. No podemos negar que la creatividad es, en estos tiempos, uno de los elementos trascendentales. Recuerdo una frase de Einstein que últimamente oigo con relativa frecuencia: “en tiempos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Estaréis pensando por qué pongo la foto de un plato exquisito. ¿Hablamos de cocina o de RR.HH.? Pues de ambas, porque hablamos de estrategia empresarial, de creatividad. Hablamos de atrevernos a hacer cosas diversas para aumentar nuestro abanico de posibilidades.

Mi post de hoy se ha inspirado en una comida de domingo en un pequeño restaurante de Majadahonda que nos gusta mucho. Y es su dueño, por su concepto de negocio, el que me ha suscitado esta línea de pensamiento.
 
 
Al frente del negocio está Víctor Reina. Se trata de un joven cocinero (debe de rondar los 30) que dirige un restaurante de esos que se denominan de autor, o sea con un sello muy propio, muy suyo. Tiene un innegable talento por la cocina y desde luego pasión por lo que hace. Algunas de sus cualidades, nada despreciables, van orientadas a saber cuidar al cliente, mimarlo, hacer que se sienta especial, establecer con él una comunicación amigable… Todo eso que desde luego no es baladí, son competencias pertinentes en este momento, pero que por sí solas, no garantizan nada.
 
Pero Víctor Reina, este joven de buenas aptitudes, lo añade a un restaurante agradable en el que ofrece un producto muy elaborado: buena materia prima tratada con mimo y conocimiento a pesar de su juventud. Y lo hace con pasión y sobre todo con creatividad.

Le traigo a este post porque reúne dos cualidades que le hacen idóneo para alcanzar el éxito: la innovación y la adaptación al cambio. Ha conseguido unir una fórmula que me parece correcta: calidad, cocina de gran sabor y precios más que ajustados.

Hace unos años, pocos, cuando Víctor empezó su andadura decoró un restaurante agradable, estéticamente cuidado, con una mezcla moderna y retro, jugando con los contrastes. Hacía una cocina original, pero respetando sabores y texturas y atendía de maravilla a sus clientes. Cuidó el personal que contrataba: buenos profesionales y  muy agradables. Era un placer acudir allí, a comer o cenar.
 
Pero pasó algo de tiempo y llegó la maldita crisis y el negocio se resintió. La gente salía menos y gastaba menos todavía. Víctor hizo entonces un ejercicio de adaptación al cambio ineludible. “adaptarse o morir”. Redecoró el local con un aire más informal, elaboró una nueva carta en la que se mantenían algunas de las delicias de siempre y se añaden tapas y otras fórmulas basadas en una gran cocina, pero muy moderadas de precio.

¿Qué significa esto desde el punto de vista empresarial? Tener ideas y sobre todo tener el valor de llevarlas a cabo.

Nuestro joven emprendedor captó que la creatividad y la adaptación son indispensables, no sólo para alcanzar el éxito, sino también para la supervivencia del negocio, a través de la oferta de nuevos productos (las llamadas gastro tapas) o servicios (encárgame la comida y te la llevaré a casa) e impacto en las redes sociales (actividades en Twiter, Facebook, difundir ideas, abrir debates, etc.).

No sabemos qué le deparará el futuro a Víctor, pero está poniendo toda la carne en el asador para salir adelante con garantías.  Hay algunos factores que no dependerán de él, pero en lo demás, toma las riendas, asume un nuevo reto y decide adaptarse. Sabía decisión.
 
¿Qué hacemos en RR.HH.?. Está claro que ahora, tal vez con más intensidad que nunca, nuestro papel se convierte en primordial, pero tal vez tengamos que seguir el ejemplo de nuestro joven empresario.
 
Sí, las organizaciones nos necesitan más que nunca pero nuestras políticas deben adecuarse al momento. Los procesos de selección han cambiado mucho (más promociones internas, menos head hunters, más redes sociales, más networking…) y es preciso adaptarse a ese nuevo modelo. Qué decir de las políticas en materia de formación o desarrollo. Vitales ahora para alcanzar o mantener la competitividad. Pero deben de amoldarse a unas necesidades distintas. Sí, somos necesarios, pero con otros modelos, más adaptables, más flexibles, y más baratos. Víctor cambió la decoración, amplió el espectro de su clientela, mantuvo la calidad,  siguió mimando a su cliente, y …. ajustó el precio. Pero no por eso se va a estancar, se va a quedar quieto. Al contrario, tiene que seguir curioseando, olfateando lo próximo que va a querer su cliente, cambiante, volátil. Tanto como el propio mercado.
 
En nuestra área de personas, tenemos que ser así: Adelantarnos, investigar, buscar qué nos van a demandar, qué necesidades tendremos que cubrir. Y además hay que hacerlo de forma rápida, porque las novedades dejan de serlo a gran velocidad.

Hoy mientras comía con mi mujer (platos de nombre largo y ración adecuada) y veía a este joven empresario corretear entre las mesas, con su ilusión intacta y volcado en cada plato como si fuera el primero, pensé que esos son los ingredientes básicos de una organización de éxito, ya sea un restaurante, una consultora o una Empresa de telecomunicaciones.

Entusiasmo, ilusión, humor y muchas ganas. Y para la cocción tiempo, pasión y un enorme compromiso con cada plato.

Piensa en tu Empresa con esos ingredientes y no digas que tú no puedes hacerlo. Esos elementos están a la venta en la tienda de la esquina. Sólo tienes que decidir comprarlos y desechar la apatía, la desgana, y el desánimo. Estos también están a la venta y nos tientan, porque su precio está rebajado.

En Wriasko preparan una hamburguesa de emperador que está exquisita. Nuestras Empresas también deberían servir platos apetitosos y a buen precio. Lo que nos exige el mercado.

Juan F. Bueno

21 abril 2013

BEST BLOG AWARD

Posted by JUAN F BUENO On domingo, abril 21, 2013 13 comments
Esta mañana me ha llegado una sorpresa muy agradable: Andrés Carrillo Molinero, que tiene los blogs: “Leadership for ever not for a minute” y “No me agobies que soy feliz”, me había elegido entre sus 11 nominados al premio BEST BLOG AWARD, al Mejor Blog.
 
 


Se trata de  un premio virtual que se concede por otros bloggers a blogs que están empezando o que son poco conocidos todavía, con la finalidad de darlos a conocer.


Me ha hecho mucha ilusión, a la vez que me carga las pilas, pues mi Blog “Un paseo por el mundo de los Recursos Humanos, apenas tiene dos meses de vida y, aunque procuro escribir todos los días, soy un recién llegado.


Y dicho esto, y de acuerdo a las reglas del premio, a continuación tengo que:


    1. Nombrar a quién te concedió el premio y agradecérselo.
    2. Responder las 11 preguntas que me formula quien me lo ha concedido.
    3. Contar 11 cosas sobre mí.
    4. Conceder el premio a otros 11 blogs.
    5. Formular 11 preguntas que deberán contestar los premiados.
    6. Seguir el blog que me ha otorgado el premio.
    7. Informar a los bloggers nominados por mí.


 

ASI PUES:

 
     1) Muchas gracias, Andrés por tu nominación.


    2) Las 11 preguntas que debo contestar y que al mismo tiempo son las que deberán contestar mis nominados son:
 
a) ¿Por qué tienes un blog.?
Me gusta escribir. Tengo una larga experiencia en el mundo de los Recursos Humanos. Me gusta transmitir mis conocimientos y experiencias. Ahora, afortunadamente tengo tiempo libre. Y uniendo esos 4 factores, estoy disfrutando mucho haciendo una labor divulgativa del mundo de los Recursos Humanos.
 
b) ¿Quién fue la persona que te inspiró a empezar en este mundo?
Un amigo, con quién hacía tiempo que no hablaba, me contó su experiencia y me gustó. Me dijo que no era difícil y que era muy gratificante. Y qué razón tenía.
 
c) ¿Qué te inspira a la hora de escribir?
Todos los asuntos relacionados con el mundo de los Recursos Humanos, desde su vertiente en la Empresa, así como temas de Actualidad y de Sociedad.
 
d) ¿Qué es lo más difícil a la hora de poner en marcha el blog?
La cuestión técnica que hay detrás. Cuando empiezas, todo te suena a chino, pero sigues adelante porque confías que, por raro que te suene, al final vas a poder. Y así fue (tras un sinfín de horas, claro).
 
e) ¿Cuál ha sido el mejor momento que has vivido en el blog?
Cuando recibes tu primer comentario. Dices “caramba, alguien a quién no conozco, me lee, incluso me sigue”
 
f) ¿Qué te gusta más salir a cenar o a comer?
A comer, por aquello de la sobremesa, sin sueño y por la posibilidad de dar un largo paseo después. Aunque ha habido cenas insuperables.
 
g) Última película que te haya impactado y que recomiendas:
ARGO
 
h) Mejor estación del año:
El invierno: Esquiar, salir al monte a escalar en hielo.
La primavera: Largos paseos disfrutando de la duración de los días.
El verano: Grandes escaladas desde la madrugada hasta el atardecer. La playa
El otoño: Con los espectaculares colores de la naturaleza.

i) Un destino favorito para descansar:
Galicia, Canarias, Picos de Europa, El coto de Doñana, mi casa.
 
j) Si pudiera ser un animal:
Un pájaro: Viajero y libre
 
k) Alguna confesión prohibida que quieras confesar:
No me gustan las películas de Woody Allen


3) Contar 11 cosas sobre mí.

      a. Me gusta la escalada y el esquí.
      b. Disfruto mucho con las cosas de mi profesión: Los Recursos Humanos. Y además me sale bien
          (sin abuela)
      c. Viajo mucho, siempre que puedo.
      d. Tengo 2 mastines. Son muy bobos pero supernobles y cariñosos.
      e. Me gustan los niños.
      f. Me gusta escribir
      g. Estoy descubriendo la grandeza (el modelo colaborativo)  de las redes sociales
      h. La vida me ha enseñado que no te puedes aferrar a casi nada. Cuando menos te lo esperas,
          zas…
      i. Solo las creencias y valores perduran
      j. Jardinería, pero sobre todo, el huerto.
      k. La buena mesa, el vino y la compañía. 


4) Conceder el premio a otros 11 blogs.

      a) Humanos con talento de María González Merino
      b) El Blog de Víctor Candel
      c) AF Labor, de Antonio Fernández
      d) Recursos Humanos y Derecho, de Myriam Sánchez Nocea.
      e) Descubriendo talento de Isabel Iglesias.
      f) No me agobies que soy feliz de Andrés Carrillo Molinero
      g) Una vida al filo de Sebastián Álvaro
      h) Uniendo marca personal y Empleo 2.0 de Miguel Ángel Riesgo.
      i) El blog de los Recursos Humanos de Juan M. de Salinas.

      j) Los ganadores buscan soluciones de Francisco Alcaide.
      k) 3 CERO de  José María Jiménez Shaw

19 abril 2013

Todo necio confunde valor y precio

Posted by JUAN F BUENO On viernes, abril 19, 2013 5 comments
Decía Antonio Machado que “Todo necio confunde valor y precio”.
 
 

Esta frase me parece una verdad como una catedral. Las cosas importantes de la vida, las intangibles, no tienen precio. Al menos económico y valorable. Y menos mal que es así porque si no, los ricos tendrían acceso a todas las experiencias maravillosas de la vida y los demás nos quedaríamos al margen.

Es cierto que muchas cosas materiales se alcanzan con más facilidad con dinero, pero no es menos cierto que esos elementos que hacen nuestra vida más auténtica no se compran. La familia, la salud, una palabra amiga, un gesto de consuelo cuando estamos mal, una llamada de alguien querido, no son valorables en dinero y su valor es incalculable.

Estamos viviendo en una sociedad que trata de alterar algunos de estos principios, para mí básicos. Todos conocemos algún caso de personas que deciden acudir a otros países a gastar auténticas fortunas en tratamientos médicos, despreciando una de las mejores sanidades del mundo, como es la nuestra. Sin embargo también conocemos los resultados, a veces dudosos, de esos viajes hacia lo desesperado. Porque no siempre el dinero garantiza la salud.
 
 

Y del mismo modo también sabemos de historias de amor, que más tienen que ver con la cuenta corriente y el estatus que proporcionan, que con auténticos sentimientos de cariño y entrega. Porque no siempre el dinero garantiza el amor.

El valor de los pilares de nuestra vida no parece tener asignada una cuantía monetaria. Y si la tiene, en ocasiones, es tan baja que nos pasa desapercibida. A menudo lo que contribuye a nuestra felicidad o al bienestar son cosas poco perceptibles: la sonrisa de tu hijo cuando le vas a buscar al cole; la mirada de agradecimiento de tu madre cuando la llevas de paseo; la palmada de un amigo que te ha sentido cerca…. Y esas sensaciones ni tienen precio ni admiten rebajas o descuentos. Porque no siempre el dinero garantiza la felicidad.

Ni siquiera en aspectos más mercantilistas, como puede ser la educación. No puedo negar que disponer de una cartera saneada abre posibilidades para ir a estudiar al extranjero, o hacer un máster en una escuela prestigiosa (lamentablemente ese adjetivo va unido al de “cara”), pero también hay personas que lo logran mientras estudian y trabajan. O se especializan en la enseñanza pública, sin necesidad de pagar fortunas, que a veces son difícilmente justificables. Porque no siempre el dinero garantiza la mejor formación.

El precio es el importe  que hay que pagar por un producto y el valor es el beneficio que nos va a reportar.
 

Sirva esta reflexión para pensar en nuestro mercado inmobiliario de los últimos años. ¿hemos pagado el precio de las casas en relación a su valor, o nos hemos vuelto locos y ha saltado por los aires cualquier relación lógica entre ambos principios?

El mercado reventó y nos llevó por delante. Creíamos haber encontrado la gallina de los huevos de oro, adjudicando a las viviendas precios desorbitados sin correspondencia con su valor.
 
Y este disparate nos ha pasado factura. Claro, ha sido inevitable. Tal vez tengamos que rebobinar y hacer el ejercicio de pensar cuáles son las cosas que valen dinero y cuáles las que tienen poco coste y sobre todo, las que nos generan valor.

Acabo con otra frase que decía el multimillonario griego Aristóteles Onassis: “el dinero no da la felicidad, pero calma los nervios”.

Lo dicho: Cada cual que lo medite y le dé el valor que le merezca.

Juan F. Bueno

Suscríbete al Blog



contador de visitas
Contador de visitas
Ximo Salas Axtrid Moix Profind Club Pgarciaanton Minerva Tejero Esmeralda Díaz-Aroca David Oviedo Marta Romo Verónica del Rio Eva Collado Jose Luis Ubeda O R H