05 junio 2013

Diario de un jefe toxico

Posted by JUAN F BUENO On miércoles, junio 05, 2013 8 comments
Darío lanzó un enorme bufido y gritó “Carmen esta camisa está mal planchada, me gusta que los cuellos estén perfectos”. La chica bajó los ojos cabizbaja y musitó: ”sí señor, disculpe”. Se puso colorada mientras lo decía. Era una chica joven y no tenía mucha experiencia, pero trataba de hacer las cosas lo mejor que podía. Echaba de menos que cuando empezó a trabajar, hacía unos meses, en la casa, le hubieran dicho cómo les gustaba cada cosa, pero la señora estaba siempre de viaje y el señor le iba dando las instrucciones a gritos y a veces eran contradictorias. Ella también suspiró pensando que en unos minutos se iría al trabajo y ella podría trabajar tranquila. Todo le salía mejor cuando estaba sola. El cargaba el ambiente de negatividad y las cosas se torcían.



Darío salió como una exhalación, se tropezó con el portero en el rellano que le saludó a pesar de que él no le dirigió ni la mirada. Sacó el coche del garaje aflojándose el nudo de la corbata y se metió en el atasco de todos los días. No tardaba mucho en llegar a su trabajo, unos 20 minutos, lo que en Madrid era un lujo, pero se le hacían eternos y llegaba siempre muy estresado “todos los conductores son unos inútiles, no tienen ninguna habilidad al volante”.
 
 Se impacientó cuando el ascensor tardaba más de los 30 segundos habituales en llegar y entró en la oficina como una exhalación. Su secretaria le recibió con una sonrisa “Buenos días señor Gutiérrez, qué tal está?”. No contestó al saludo y le espetó “por qué has puesto hoy una reunión con clientes a las 12H? me viene fatal” y sin dejarla responder, se metió en su despacho dando un portazo. La sonrisa de ella se desdibujó en una mueca. “él mismo me pidió la reunión”, pero no se atrevía a replicarle. Nunca sabía cómo acertar. Echaba de menos que le hubiera explicado cómo quería las cosas, cómo había que gestionar su agenda. Pero nunca lo hizo y ella aprendía a base de equivocaciones constantes. Deseaba hacer bien su trabajo, pero Darío la ponía muy nerviosa. Cuando él llegaba, se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían.

Desde el fondo de su despacho, oyó un grito: “Quiero que venga a verme el Director Financiero con las cuentas del último semestre. Ahooraa”.

A ella le molestaba especialmente que hablara a gritos y no le pidiera las cosas por teléfono o llamándola a su despacho. No conseguía acostumbrarse.

 
El Director Financiero acudió raudo y molesto al mismo tiempo. Estaba participando en una call conference con los ingleses y les tuvo que dejar con la palabra en la boca excusándose por un asunto urgente. “No puede disponer así de nuestras agendas, sin respetar mis compromisos”. Cerró la puerta y se hizo el silencio.

La secretaria pensó: “ahora podré concentrarme y seguir trabajando”. No habían pasado unos minutos, cuando se oían los gritos y alguna palabra mal sonante que pronunciaba Darío acompañado de algún puñetazo. Se sobresaltó, pero siguió con la organización del evento de la próxima semana. Ella intentaba evadirse, pero el alto tono de la discusión se lo impedía. Se dio entonces cuenta que se había equivocado en el mail de convocatoria que había enviado. “Oh no. Está mal…. Cuando el jefe lo vea me ganaré una buena bronca”. Se dio cuenta que le sudaban las manos, intentó tranquilizarse yendo al baño.

El Director Financiero salía entonces del despacho pálido y cabizbajo. Estos enfrentamientos dialécticos con Darío, tan violentos, le dejaban exhausto, muy desconcentrado. Se volvió a conectar a su call pero a duras penas se enteraba de lo que estaban proponiendo. Pensaba que desde que Darío era su jefe había perdido mucha ilusión, ya no le apetecía ir a cursos para seguir progresando, ni enfrentar nuevos proyectos. Su trabajo de cada día le parecía una condena. Cuando él llegaba se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían.

Darío alzó la voz para llamar a su secretaria, una vez, dos. No respondía. Salió enfurecido pensando “pero dónde diablos se ha metido esta mujer, nunca está cuando se la necesita”. Ella volvía secándose las manos y se disculpó azorada.
 
Le pidió una llamada y le espetó “no sé cómo lo haces pero cada vez que salgo no estás”. Ella levantó la mirada indignada, y se mordió los labios. “Qué injusto es todo esto, trato de ser la más eficaz, no molestarle en nada, adelantarme a sus necesidades…. Pero nunca consigo satisfacerle”. “Si no fuera por la hipoteca y mi hija no aguantaría en este trabajo, ni este trato pero qué voy a hacer? El mercado de trabajo está muy mal y al menos aquí tengo un buen sueldo, pero cada día estoy más triste”. Hacía dos años que trabajaba con Darío y se daba cuenta que aquella secretaria risueña, animosa y con enorme capacidad se estaba convirtiendo en una profesional insegura, apocada y dubitativa.

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando oyó otro grito desde el fondo del despacho: “Que venga el Director de Recursos Humanos ahora mismoooooo”.
 
Darío estaba furioso, ese Director suyo se las daba de moderno diciendo que había que cuidar a las personas y estaba preocupado por la motivación de la plantilla y el clima enrarecido que se estaba creando en la empresa. “pamplinadas” pensó.
 
Su secretaria pensó “Voy a empezar a buscar otra cosa”. El Director Financiero estaba viendo las ofertas de Infojobs de reojo. El Director de Recursos Humanos entró en el despacho. Pronto el tono de voz empezó a subir.

Cuando él llegaba se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían. Su secretaria repasó la agenda “Qué bien, mañana está de viaje” pensó al tiempo que sonreía tristemente.
 



Juan F. Bueno

8 comentarios :

  1. Juan, te diría que es un muy buen post... pero ¡ufffff...! ya solo con leerlo noto el ambiente lleno de negatividad... mejor me marcho a otra cosa ;-)

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  2. Así es Andrés. Negatividad a raudales. Pero, ¿Cuánto hay de esto en nuestras organizaciones?
    Un saludo y muchas gracias por tu comentario

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  3. Juan, te felicito por este post. Desgraciadamente yo podría ser cualquiera de los empleados que sufren al jefe.
    En mi caso eran dos. La Directora General que hablaba por boca del Director Financiero.
    La broma me costó un mes de baja y perder 20 kilos de peso en ese mes. Quedé destrozado por completo. Tuve que abandonar Barcelona y marcharme para vivir en Zamora. Ahora, después de tres años me estoy empezando a recuperar de todo aquello. Dejé mi carrera profesional en el mundo de los RR.HH. y me dedico a la exportación de vinos y quesos. Trabajo medio día y gano lo suficiente. No quiero mas, ni quiero tener ningún trato mas con ejecutivos españoles de medio pelo que se creen alguien.

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  4. Tu historia me recuerda al discurso de Steve Jobs en la Universidad de Standfor. El se refiere a que la mejor cosa que le pudo pasar en su vida (laboral) fue que le despidieran de Apple (la Empresa que él había fundado). Eso le ayudó a ver otros mundos. Y creo que a ti te ha pasado algo parecido. Seguro que ahora tienes más calidad de vida. Ahora dependes solo de ti. Esto no es más inseguro que un puesto por cuenta ajena en una Empresa, ya que, de repente y sin saber por qué, te ponen en la calle. Ahora trabajas para ti. Sabes que todo el esfuerzo, tu jefe (que eres tu) te lo va a saber reconocer y recompensar. Y lo más importante, que todo el esfuerzo que haces, revierte en ti y en tu familia. Y creo que eso, no tiene precio. Te anima, te motiva a seguir tirando del carro.
    Te felicito por tu decisión
    Un saludo

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  5. Hola Juan.
    Me está viniendo a la mente una jefa que es igualita que el jefe de tu texto. Menos mal que no es jefa mía.
    Gritos, insultos, menosprecios, etc... dicen que provocó tanto estrés a uno de sus empleados que incluso este acabó falleciendo de un infarto con apenas ¡32 años!. Es una vergüenza que haya personas así.
    Un saludo

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  6. Vaya Antonio, esto si que es llevarlo al extremo. Siento que esa situación no se haya corregido. Es una verdadera lástima que cosas así se prolonguen en el tiempo, por el mal que pueden hacer tanto a las personas como a la organización y a la sociedad en general. Y que los gestores que manejan la situación no pongan remedio a las mismas.
    A veces y aunque nos duela, tenemos que dar nosotros el paso adelante y denunciar situaciones como estas, sabiendo y asumiendo el riesgo que ello comporta.
    Muchas gracias por tu comentario y un saludo

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  7. Cuando existe un individuo así en una empresa, es por algo. Nadie medianamente normal puede comprender cómo una persona así puede pertenecer a una organización y normalmente ocupan cargos de relevancia. ¿El por qué? Hay una única respuesta con la que seguro que estáis de acuerdo: el parentalismo o el amiguismo.
    Para poder detectar si existe un individo así, es necesario preguntar a "los de abajo", no "a los de arriba", que son los que normalmente sufren a esas personas, por llamarlas de alguna manera.

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  8. Estoy de acuerdo con lo que planteas, Noemí. El amiguismo es lo único que puede justificar que personas así ocupen cargos de responsabilidad en una Empresa.
    Y por eso la solución es compleja, porque podemos preguntar a los de abajo (aunque las empresas normalmente no preguntan ni a los de arriba, ni a los de abajo, ni a los clientes)y aunque estos se quejen, pues incluso hasta les puede dar alas a los que lo nombraron.
    Por tanto, lo mejor para los de abajo, que son los que le sufren)es identificarlos y .... mano izquierda.
    Muchas gracias, por tu comentario.
    Un saludo

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