11 mayo 2013

Algunos valores sencillos: El landismo

Posted by JUAN F BUENO On sábado, mayo 11, 2013 No comments
Estos días nos ha dejado Alfredo Landa, ese actor que en un momento representó los valores sencillos, los del pueblo llano. El éxito de un hombre, como él mismo se definía: bajito, feo pero simpático. Yo creo que representaba al español medio, a ese hombre confiable que podría ser nuestro vecino. Y que en la época del desarrollismo en nuestro país, encarnó al hombre corriente, que sin embargo era capaz de llevarse de calle a las suecas que alegraban nuestras playas.
 

Este post es un homenaje a una época en la que, como en todas, había cosas buenas y malas, pero sobre todo a ciertos valores campechanos, humildes, espontáneos, que mostraban a una sociedad algo inocente, que salía con timidez de su aislamiento.

¡Cuánto ha cambiado nuestro país!. Nuevas infraestructuras, apertura, Empresas modernas, Democracia... En definitiva una sociedad nueva que ha alcanzado unos objetivos que en aquellos años se nos antojaban inalcanzables; fuera de nuestro camino.

Pero no es menos cierto que esa nación y sus gentes, en ese trayecto, sin duda importante de actualización de nuestro país, que ha experimentado  una transformación radical, nos hemos dejado olvidados valores que alentaban nuestro día a día y que serían significativos en los tiempos difíciles que hoy corren inciertos, para una gran mayoría de españoles.
 
Ciertas desvergüenzas actuales, que nos golpean cada día, seguramente no se hubieran producido en ese modelo que representaba Alfredo Landa, que encarnaba a un españolito modesto que intentaba sacar a su familia adelante con más escasez que abundancia. Era el momento de los primeros televisores, los seiscientos en los que cabía una familia numerosa y las sencillas vacaciones en Benidorm (un auténtico lujo para quien se las podía permitir). En la que había que llevar la olla exprés y se ponían los garbanzos en remojo. Pero Landa, como espejo de aquella sociedad, también representaba al hombre celoso, machista y mujeriego. Ningún momento es perfecto y seguramente hoy nos podemos congratular de haber superado algunos de esos estereotipos (o tal vez no)

Fue un espacio de tiempo en que había más honradez y menos libertad, más modestia y menos consumismo. Tal vez más hipocresía porque nos gustaban nuestras mujeres muy recatadas pero anhelábamos ver a las extranjeras muy ligeras de ropa y con una actitud desenfadada.

Ese español moreno y bajito (hasta hemos ganado en altura) miraba con ojos curiosos y algo sorprendidos todo lo que venía de fuera. Cualquier novedad generaba entusiasmo. Todavía conservábamos cierta inocencia, un aspecto cándido que a veces parecía un poco pueblerino.

La gente se conformaba con poco, porque tal vez no conocía (o no había) más. La estética de las películas de Landa era pobre, el argumento escaso y el resultado en muchas ocasiones “cutre” (dicho con cariño). Sin embargo no lo podemos denostar porque eran el fiel reflejo de una época. Se volcaban en ellas algunos tópicos, algunas actitudes rancias, pero también mucho de la realidad que nos rodeaba.



Quiero acabar este post recordando otro momento memorable en “Los santos inocentes”, crónica de otro momento de servilismo feroz por parte del campesino ignorante y esencialmente bueno, que representaba Landa frente a la crueldad de su señorito. Recordarlo provoca escalofríos.

El landismo, como cualquier otro momento, con sus luces y sus sombras.

Recuerdo con nostalgia aquella película titulada  “Vente a Alemania, Pepe”. Parece que la historia (que es cíclica) se empeña una y otra vez en ponernos en un determinado lugar.



Juan F. Bueno



 

Sopa, pollo, pera

Posted by JUAN F BUENO On sábado, mayo 11, 2013 4 comments
El colegio al que asiste a mi hija no hizo la huelga que tuvo lugar ayer en casi toda España, con motivo de la (nuevamente) pretendida reforma del sistema educativo (la denominada Ley Wert)



No sé exactamente el motivo, pero puedo intuir que su colegio corresponde a ese 20% que no se unió a la protesta, seguramente por hartazgo. Ese profundo hastío que creo que padecemos todos los españoles  frente a los constantes vaivenes que sufre nuestro sistema educativo en función de los diferentes movimientos políticos.

Y eso es lo lamentable porque estamos jugando con nuestros hijos, con su futuro, con su formación y como consecuencia, con esa necesaria competitividad que es imprescindible en la sociedad actual y muchos más en la del mañana.

La nueva reforma ha conseguido unir por primera vez (y cuidado que es difícil!) a profesores, padres, alumnos, sindicatos y partidos políticos. Y no quiero entrar en política, omitiendo   hacer cualquier referencia a si la reforma tiene apoyo o no dentro del Gobierno y del propio partido en el Gobierno. No, en absoluto. No se trata de una crítica política, es algo más profundo, es una crítica al sistema que permite dar constantes bandazos con la educación de nuestros hijos, con el devenir de nuestra sociedad.
 
 
Con este tema no se juega. Es una irresponsabilidad manifiesta. Yo soy del Plan del 57, que estuvo vigente hasta 1970  y este, a su vez hasta 1985 (15 años y eso que coincidió con la etapa de la transición política más importante que ha sufrido España en el ultimo siglo). No sé si era bueno, malo o regular, pero daba estabilidad y tranquilidad. Una referencia sólida y duradera.

Ahora nuestros pequeños se enfrentan a cambalaches, ni siquiera se puede hablar de cambios. Se quitan o se ponen asignaturas (religión, ética, educación para la ciudadanía…) en función de las mudanzas que se produzcan en la Moncloa. Unas asignaturas parecen más afines a una situación política y otras resultan intolerables cuando los inquilinos del Gobierno son otros. Esto es, sencillamente IMPERDONABLE.

Me parece inadmisible jugar de esta manera con los niños y jóvenes en los que nos vamos a reflejar en unos años. Estos vaivenes no aportan nada bueno. Y a las pruebas me remito: Tenemos la mayor tasa de fracaso escolar de toda la UE.

Los contenidos que hoy son esenciales, en un año son borrados de un plumazo. Yo entiendo que puede haber renovaciones de contenidos o adaptaciones, pero modificar todo de arriba abajo o darle la vuelta como un calcetín, no es de recibo. Estos radicalismos de los adultos generan una auténtica perturbación en nuestros hijos. Repito, con este tema no se juega.

La educación no se puede convertir en un negocio ni un arma arrojadiza entre políticos, debe de ser un valor estable, seguro. Los contenidos deben de ser constantes, permanentes. Sólo así conseguiremos transmitir contenidos y valores arraigados. Porque no debemos olvidar que los niños no reciben sólo conocimientos, ya que los colegios deben de complementar los valores que viven en su casa.
 
Esa armonía en el sistema educativo produce seguridad y estabilidad para todos, niños y padres. Yo confieso que ya no me aprendo el nombre de los cursos o de algunas materias porque cuando consigo saberlo, zas!, van y me los cambian.

Tampoco quiero entrar en la polémica acerca de los cambios radicales que se producen en las materias, como por ejemplo con la asignaturas relacionadas con la historia, en función de las Comunidades Autónomas en que se imparte. ¿No deberíamos guiar todas estas adaptaciones para lograr la mejora total del sistema educativo sin más consideraciones?

Repito, con este tema no se juega.

Sopa, pollo, pera es el menú que me dijo mi hija que comió en el cole el día de la huelga contra la reforma del sistema educativo.



Juan F. Bueno

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