08 mayo 2013

Bob Esponja y la imagen de Recursos Humanos

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 2 comments
Hace unos días mi hija pequeña estaba viendo un capítulo del insufrible Bob Esponja (a ella le encanta). El episodio trata sobre la venta del Crustáceo Crujiente (el restaurante donde trabaja nuestro personaje) a una cadena americana de comida rápida,  en la que impera un modelo diferente de gestión. 
 


Aparecía entonces un curioso personaje, que con gesto amenazante y simulando golpear a alguien, explicaba los métodos de Recursos Humanos.  Al final del capítulo la niña me preguntó por qué “el de Recursos Humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”. Vaya, pensé….

La historia se desarrolla como sigue: el Sr. Cangrejo (ese jefe profundamente pesetero y a veces insensible, que seguramente nos recuerda a alguno que todos tenemos en mente) decide vender su restaurante a una cadena de comida rápida. Esta  cambia rápidamente la decoración y le da al local un aire nuevo. Todo parece más bonito, se cuida la estética y el negocio parece un lugar más atractivo. Pero las apariencias engañan (en ocasiones) y ésta era una de ellas.
 
El cambio era sólo aparente porque las tradicionales "cangreburger" preparadas con todo mimo, una a una, por nuestro personaje, son sustituidas por una mezcla muy especiada de carne preparada de manera industrial y con una decoración que les da apariencia de apetitosas, pero que en definitiva, son de ínfima calidad. Los clientes empiezan a quejarse.
 
El nuevo jefe Carl utilizaba unas técnicas muy duras, bastante deshumanizadas. Todo estaba perfectamente procedimentado, con reglas, normas e instrucciones.

Los hábitos usuales del "Crustáceo Crujiente" se habían esfumado. Desde el cambio, reinaba el temor y los empleados no se atrevían a hablar con libertad. Carl parecía tener una clara orientación al cliente, pero sólo era ficticio. Su único interés era el dinero, disfrazado de falsa amabilidad hacia los clientes.
 
Bob Esponja y su compañero Calamardo están completamente sometidos al yugo de ese nuevo régimen y las costumbres y rutinas del Crustáceo Crujiente ahora sólo son  un recuerdo del pasado. Carl sonríe constantemente, pero sus empleados están cada vez más tristes y dudan de la eficacia de sus métodos, pero el jefe amenaza con llamar  al Director de Recursos Humanos para solucionar cualquier problema…. Este, con aspecto hosco, se esconde tras una puerta.

Esa sonrisa estúpida y permanente, las amenazas del jefe, el nulo interés por sus clientes, parecen una parodia del funcionamiento de algunos negocios o Empresas en las que además se utiliza la figura del Departamento de Recursos Humanos para "atemorizar" u obligar al cumplimiento de las normas y los procedimientos. Nada más. Flaco favor a una función cuyo único sentido es el crecimiento y desarrollo de las personas, dentro del mejor clima posible.

Sí, ya lo sé, sólo se trata de unos dibujos animados. Pero nos invita a pensar por qué en algunas Organizaciones se presume de la existencia de Recursos Humanos cuando a ese Departamento sólo se le atribuyen los aspectos negativos, imponer, sancionar, despedir... Claro, para las buenas noticias, el jefe de área está siempre dispuesto, pero si hay que tragar saliva, es mejor llamar a esos chicos de Recursos Humanos, siempre dispuestos a amargarte la semana si hace falta.
 
La nueva situación que se vivía en el Crustaceo Crujiente hizo que el Sr. Cangrejo decidiera recuperar su viejo negocio. Los empleados añoraban su racanería y su carácter malhumorado. Cualquier cosa mejor que Carl, aquel jefe desalmado que había impuesto el Manual del Empleado.

 
Esa serie, que siempre me resultó un poco antipática, me va a hacer pensar. ¿Quién podía creer en las aventuras de una esponja en el fondo del mar? ¿Hay algo más absurdo?
 
 
Ya había acabado el capítulo y resonaba su pegadiza melodía cuando la niña, que no había obtenido respuesta por mi parte, volvió a preguntar: por qué “el de recursos humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”.
 
 
 
 

Juan F. Bueno

El arte de hablar en público

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 No comments

Últimamente estoy oyendo de forma reiterada que algunos periodistas le reprochan al Gobierno que comunican poco y además lo hacen con escasa convicción.
 

Si es así, se enfrentan a dos dificultades importantes, porque el arte (sí, digo bien, arte) de hablar en público, con una impactante capacidad de convicción, es una herramienta imprescindible para desenvolverse con éxito en la actualidad, tanto en el ámbito profesional, como en el personal.
 
En algún post anterior ya puse de manifiesto la enorme importancia que tienen hoy en día esas denominadas “soft skills (nombre engañoso, porque no son ni fáciles ni comunes), para alcanzar un desempeño no sólo correcto sino triunfante.

La consecución de ciertos logros profesionales, está íntimamente ligado a cierto brillo oratorio. Y no me refiero con esto a destacar cual oradores romanos en la antigüedad, pero sí al apropiado uso de las técnicas de comunicación en sus diferentes manifestaciones.

Tener ciertos conocimientos y práctica al respecto, resulta ineludible para muchos planteamientos habituales en el ejercicio profesional: presentar un proyecto, convencer de una determinada idea, lograr apoyos para una nueva empresa, someter a valoración un nuevo plan, exploración de nuevas posibilidades de negocio, etc. Son numerosas las ocasiones en que habrá que poner en práctica las capacidades de oratoria, la elocuencia o la persuasión con un discurso conciliador, enérgico o práctico, según las necesidades.

Es un error pensar que la comunicación en unívoca o sólo responde a un patrón. La comunicación es, o debería ser, esencialmente adaptativa en función de dos aspectos: El objetivo que persiga (formar, informar, convencer) y el público al que va destinada.

Aunque seamos grandes conocedores del contenido de nuestra conversación, hay que utilizar diferentes herramientas, si nos enfrentamos a una conferencia (esencialmente divulgativa); si vamos a realizar una arenga (movilizar personas); una presentación (con fines comerciales o formativos) o si vamos a presentar un proyecto (con fines persuasivos).
 
En todos estos casos hay que adaptar el vocabulario, el tono del discurso, los criterios de razonamiento (pensemos por ejemplo en dirigirnos a unos posibles compradores o a los miembros de la comunidad de vecinos), el lenguaje (más o menos técnico o informal) y desde luego el estilo general.

La retórica usada en un caso u otro, deberá  ser más elocuente o más didáctica o cercana o grandilocuente. Hay que cuidar el verbo, la palabra, la expresión. Y de la mano va el lenguaje corporal, que deberá adecuarse a los diferentes estilos y momentos.

La comunicación tiene que adaptarse, transformarse en base a las necesidades y a los objetivos. Y creo firmemente en el principio de 80% de preparación y 20% de ejecución, aunque la realidad demuestra que  se suelen invertir estos porcentajes y la mayoría de los profesionales en nuestro país prepararan poco sus alocuciones. Puede parecer una pérdida de tiempo dedicar tanto a la preparación. Sin embargo pararse a pensar varios temas antes de hacer nada es casi obligatorio: ¿Qué pretendo conseguir con mi charla o presentación?; ¿Cuál es mi objetivo final?; ¿Cuales son las características del público al que me dirijo?; tipo de auditorio (no es lo mismo una pequeña reunión que un gran auditorio)  y tiempo del que dispongo.

Todos estos aspectos pueden parecer obvios, pero mi experiencia y trayectoria en diferentes Empresas me ha permitido ver cómo grandes técnicos, verdaderos conocedores de sus materias, daban una pésima imagen a través de una mala presentación, que incluso podía hacer dudar de sus cualidades técnicas. Craso error.

Aprender a realizar una buena venta de proyectos o cualidades a través del dominio de técnicas de comunicación, es hoy básico. Ni siquiera nos podemos permitir no practicarlo.
 
 
Seguro que todos recordáis esa famosa frase que pronunció John F. Kennedy y que sobrevive a los tiempos. Todos tenemos en la cabeza discursos legendarios como los de Churchil, Martin Luter King o la dialéctica actual de Obama. Seamos realistas, probablemente no se trate de pasar a la historia, sino de ser eficaz, altamente eficaz en nuestro desempeño profesional.

Compruebo con cierta satisfacción, que los adolescentes de ahora empiezan a hacer sus pinitos con presentaciones en powerpoint delante de sus compañeros y profesores. Es un inicio, les acostumbra a perder el miedo escénico y a ver la comunicación como una herramienta y conocer su mecánica.
 
 
 
En el caso de nuestros gobernantes o en el de la oposición, o de la clase política en general no sabemos si comunican poco o mal. ¿O tal vez hacen ambas cosas?
 


Juan F. Bueno

06 mayo 2013

Una queja es un regalo.

Posted by Juan bueno On lunes, mayo 06, 2013 No comments
 
La frase de "Una queja es un regalo" la he  oído de siempre y me parecía cierto. Ahora ya no estoy tan seguro. La queja ha invadido nuestras vidas. Las oímos por todas partes, en la prensa, en internet, en el vecindario, en cualquier tertulia. Ayer publiqué un post relativo también a la queja y a la búsqueda de soluciones. Hoy profundizo un poco más en el concepto.
 
 

Dice el diccionario de la RAE que “una queja es una expresión de dolor o pena”. En un concepto más técnico es un "escrito o comunicación mediante el cual se pone de manifiesto la insatisfacción de un usuario con un servicio recibido”.
                                              
Y frente a la queja toca la aceptación, la resignación…. O tal vez ¿hacer algo?. Si nos instalamos en la queja, podemos emprender un peligroso ejercicio: El de quebrar nuestras expectativas de romper ese círculo. Quejarse por lo mal que va todo, por lo difícil del momento, porque se pierden valores, porque desaparece la compasión. Quejarse, quejarse, quejarse.

Es cierto que el momento actual no da para grandes alegrías y cuesta un esfuerzo ímprobo levantar el ánimo y mirar el futuro con optimismo. Dulcificar la realidad no es más que un recurso baldío, si no la enfrentamos con criterio. En algún artículo os hablé del concepto del “optimismo consciente” que hoy me parece imprescindible.

Disconformidad, enfado o indignación son sentimientos frecuentes a nuestro alrededor. Y ya sabemos que el día a día, en especial en las circunstancias actuales, podría justificarlo. Pero si algo he aprendido últimamente de una persona cercana, que está profundizando en las enseñanzas del Coaching, es que cada uno de nosotros somos responsables al 200% de nuestras relaciones. Y en la base de muchas de nuestras quejas cotidianas, está la red de relaciones que tejemos con los demás.

Porque quejarnos de lo mal que va la economía, de los millones de parados, de un futuro de color gris oscuro, es una compañía de eficacia limitada. Sobre todo si no hacemos algo al respecto. Y parece evidente que en el aspecto macroeconómico nuestro impacto no puede ser muy grande, pero sí lo será en el ámbito micro. Cada uno de nosotros puede tomar medidas y hacer pequeños cambios en su mundo particular. Y esos mínimos hechos, añadidos a los de otros, a los de enfrente, a los de al lado, impactan en un mundo más amplio. No podemos despreciar lo minúsculo porque la suma de los cambios insignificantes genera los cambios notables e impactantes. Sin embargo, casi siempre, preferimos quejarnos.
 
 
Uno de los ejemplos que me viene a la mente, es el de la viñeta. El tiempo meteorológico es uno de los temas favoritos de protesta y quejas, nunca estamos contentos con el tiempo que hace; cuando llueve, la lluvia es molesta y nos impide hacer planes  y provoca atascos en las ciudades; cuando el tiempo está muy seco nos quejamos de la pertinaz sequía que impide que podamos regar los jardines; si hace mucho calor, "esto no hay quien lo aguante", nos pasamos el día sudando; las nevadas ya sabemos los perjuicios que pueden causar, los pueblos aislados etc….

Otro de los temas estrella para las quejas es el fútbol. ¿Os habéis fijado en las lista de convocados a un partido? Cada españolito parece llevar dentro un seleccionador o entrenador en potencia. Y entonces todo son quejas o críticas, porque ninguna de las decisiones que haya tomado son las correctas.

Y estos podrían ser considerados temas menores, pero cuando hablamos de decisiones políticas o de índole económico o social, entonces son palabras mayores. Cuestionamos cualquier decisión, si se suben los impuestos se disminuye la capacidad de consumo, pero si se bajan tenderemos a creer que hay algo escondido u oscuro en esa decisión y nos quejaremos igualmente.
 

Yo quiero romper una lanza por nuestro país. España siempre ha sido un país aguerrido, acostumbrado a las dificultades, donde las cosas no han sido sencillas (más bien al contrario), hemos sido un país de supervivientes por diferentes circunstancias. Somos un país solidario. Por eso hay que romper ese círculo vicioso. Quejarse pero no hacer nada, no vale. Hay que pensar que no somos el problema, tenemos que ser parte de la solución.
                                                  
Reconozco que casi todo es mejorable, y casi nada perfecto. Pero a veces me pregunto, y si lo fuera ¿nos seguiríamos quejando? No lo sé. No abogo por la resignación, pero sí por tener una actitud activa frente a las cosas y por rescatar también, de esa incoherencia quejica, un montón de cosas por las que nos podemos sentir orgullosos. Somos un país de raza.

La queja, si va asociada a una crítica constructiva, resulta positiva. Un país con ciudadanos exigentes y un poco incrédulos hace que la clase política y la empresarial se tenga que poner las pilas: En especial le hace falta a nuestros representantes. Porque a pesar de la crítica feroz que reciben no dan muestras de “coger el toro por los cuernos”.

Esa queja social, a veces  instalada de forma absurda, se combate con acción, con mejoras, con reflexión, con alternativas.

¿Recordáis lo que dijo Kennedy en unos de sus discursos? : no penséis lo que América puede hacer pos vosotros sino lo que vosotros podéis hacer por América”

Pensemos pues, qué podemos hacer por nuestro país, por nuestra organización, por nuestro barrio, por nuestra familia y por nosotros mismos.

Juan F. Bueno

04 mayo 2013

¿TE QUEJAS O BUSCAS SOLUCIONES?

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 04, 2013 No comments
Escribir un post tras una comida como la de hoy es casi una proeza. Estuvimos en la "fiesta de la lamprea". Es una comida poco conocida fuera de Galicia, pero un auténtico “bocati di cardinale”, para los amantes de este pescado con aspecto poco atractivo, porque es en realidad un culebra de río. La digestión es complicada y reflexionar a través de estas líneas, tal vez ayude a digerir este puente de Mayo, tan familiar y gastronómico.
 



Aquí suelo ojear la prensa local, en concreto El Faro de Vigo y reconozco que, por contener muchas noticias de índole municipal o provincial, tiene  para mí un menor interés. Pero cuando paso aquí unos días, me gusta empaparme de esas noticias tan específicas, tan particulares, tan cercanas, porque muestran un mundo al que me gusta asomarme de vez en cuando.

Cada día aparece una nueva noticia de los afectados por las preferentes, que en esta Comunidad son muy numerosos y que impacta a mucha gente humilde, de un extracto casi rural y con escasos  conocimientos económicos. Si pensamos en productos financieros, de compleja rentabilidad, mejor ni mencionarlo. Sin embargo esas personas han sido "engañadas" por un sistema o sus representantes, que de forma despiadada les han arrebatado los ahorros de toda una vida, en la que se han privado de casi todo.

Leo también, con cierta pena, que el anuncio de 8 puestos de trabajo ofertados por una Empresa de Vigo, ha provocado una cola de 700 personas, que curriculum en mano y con la esperanza por bandera han acudido a la convocatoria. Lo leo con avidez, seguro que se trata de unas ofertas interesantes…. Tal vez me he precipitado en mi pensamiento optimista. La oferta es de... lavacoches. En la cola hay todo tipo de licenciados, ingenieros, gente que procede de la construcción, amas de casa… no hago ningún comentario porque cualquier cosa que diga ante tamaña situación resultaría frívola.

Me detengo en una conferencia coloquio programada en el Auditorio de Vigo bajo el título de este post “¿te quejas o buscas soluciones? Lucha por lo que quieras”. El planteamiento me parece correcto: ante una situación podemos optar por dos actitudes distintas, la de protagonista (de esa forma la solución planteada será de la persona responsable) o la de víctima. Esta última nos posiciona buscando excusas, buscando culpables, buscando qué circunstancias han provocado todo. Nos sitúa al margen, pero con un enorme desgaste sin duda.
 
En el primer caso, al convertirnos en intérpretes principales, podemos asumir los retos o desafíos que nos parezcan adecuados. Seremos los héroes de nuestra propia vida, para bien o para mal, porque a veces se gana y otras se pierde. Pero ese actor principal que decide mandar en su vida, tendrá la íntima satisfacción de decidir qué cosas emprende y por qué, adaptando sus iniciativas a sus diferentes momentos vitales.

El papel de víctima o segundón puede parecer más cómodo. Pero ¿realmente lo es? Las personas que asumen este rol se alejan progresivamente de sus objetivos, siempre buscando justificar los errores y los fracasos en la intervención de los demás. Y resultan muy cansados, poco atrayentes para los que les rodean. No resulta apetecible estar con personas que constantemente se quejan, aquellas para las cuales el lamento es su forma de vida. A mí personalmente me agotan, me consumen la energía.

Evidentemente es una opción de actitud que cada uno de nosotros puede seleccionar, elegir libremente. Y hay que aceptar que habrá personas que opten por una u otra. Es inevitable, pero al menos me parece útil tenerlas detectadas. En mi caso los lloriqueos y lamentos de los denominados “víctimas” me hacen poca mella. Aunque reconozco que hay que hacer un esfuerzo especial para que no te hundan. Estoy convencido que los estados de ánimo se contagian, por eso me gusta rodearme de personas vitales, con fuerza, apasionadas, optimistas en definitiva.
 
El título de este post se lo debo a ese coloquio programado en el Auditorio de Vigo, pero en realidad se lo dedico a todas esas humildes personas que luchan por recuperar sus ahorros y que aquí son protagonistas de noticias a diario. Se lo dedico a ellos porque valoro esa actitud poco mansa, de no resignarse. No se rinden, siguen luchando y la protesta es probablemente de las pocas armas que tienen en la mano. Poco más pueden hacer. Son personas del pueblo llano, de economías muy modestas que han quedado devastadas porque sus euros han ido a parar a productos financieros de nombre impronunciable para ellos. Lamentablemente en lugar de disfrutar de sus jubilaciones, después de una vida de trabajo, ahora madrugan para llevar sus gritos delante de los bancos, o de las autoridades.

Muchos de esos productos de ingeniería financiera llevaban el adjetivo de “fondos garantizados”. Ya sabemos cuál ha sido el resultado. Lo único garantizado es el valor que estas personas demuestran cada mañana.

La lamprea sigue en plena digestión. Pero no me quejo, estaba deliciosa.

Ya sabes, puedes elegir ser víctima o protagonista.


Juan F. Bueno

02 mayo 2013

Tengas pleitos y los ganes

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 02, 2013 No comments
Decía la maldición gitana “tengas pleitos y los ganes”. Hoy se nos fue para siempre un abogado de raza, un gran hombre y amigo. De profesión, abogado. De corazón, un hombre bueno. Le conocía desde hace más de treinta años (sí ya sé, eso suena a que me estoy haciendo mayor) y cumplía a la perfección el dicho gitano. Ganó muchos pleitos y también los perdió, claro, pero con un pundonor y un estilo de los que marcan el recuerdo.
 
 
Pedro era un tipo de poca estatura, luchador nato, con una fuerza y una garra que parecía imposible contenerse en aquel cuerpo. Pero la tenía, la derrochaba a raudales. Se crecía ante las injusticias y hasta parecía más alto cuando argumentaba con una firmeza a prueba de bombas, cualquiera de sus causas.

La maldita enfermedad que se lo ha llevado, le había marcado el rostro y su aspecto era todavía más enjuto. Las fuerzas a veces escaseaban, pero las recuperaba de algún sitio secreto, y haciendo acopio de ellas, hizo algunos de sus últimos juicios con la ilusión de un pasante.

En los últimos meses me asesoró en un tema que ya no pudo llevar él y con esa pasión que le caracterizaba me decía : “Juan vamos a ganar”. Pedro era un ganador y por lo mismo, un luchador.
 
Trabajaba con vocación y pasión. Creía en lo que hacía y representaba esos valores genuinos de persona íntegra que muchas veces he comentado en este blog. Esa actitud de tipo enérgico y combativo con todo lo que le interesaba es la que hoy echamos en falta en grandes dirigentes, empresarios y políticos. Era brioso y emprendedor porque sentía un gran amor por su profesión. De esas personas que engrandecían un oficio.

No quiero escribir una crónica triste porque Pedro no era así. No le gustaban los pusilánimes, creía en el esfuerzo y el sacrificio. Hace unos meses cuando salió del hospital de una revisión me dijo con humor “he suspendido, los médicos me han dejado para septiembre”.
 
Hoy durante su sepelio, los jóvenes abogados de su bufete bromeaban por la poca habilidad de Pedro con las nuevas tecnologías y los líos que se hacía para responder a los e-mail. Era un abogado de raza, de otra raza.
 
Con estas líneas sólo le quiero rendir un pequeño homenaje. Me dijo “Juan vamos a ganar”. Yo también lo creo y le escribiré desde este blog en breve para decírselo. Porque sé que Pedro en el cielo tiene conexión a internet.

Un abrazo, amigo

Juan F. Bueno

DESPACITO Y BUENA LETRA

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 02, 2013 No comments
Estoy pasando el puente con mi familia en Galicia, viajamos ayer y después de más de 600 kms. de carretera, llegamos a la casa familiar, en el extremo más meridional de esta comunidad. El tiempo es muy agradable, luce el sol y la temperatura es suave.
 


Yo soy Madrileño de generaciones y sé valorar las cosas positivas que ofrece una gran ciudad, pero unos días de escapada a este rincón, me permite cargar las pilas, huir del stress y saborear un compás diferente.


A veces me pregunto si somos conscientes del ritmo despiadado que llevamos en las grandes urbes: somos prisioneros de horarios, a veces imposibles, con citas de una punta a otra de la ciudad, y en general el trabajo (quien es afortunado y lo tiene) a bastante distancia del domicilio.

La sinfonía de este lugar, en el que ahora me encuentro, es la del ruido lejano de algún coche que pasa (pocos, aunque estamos en la frontera con Portugal), algún vecino que saluda, las niñas que no paran de gritar y correr, disfrutando de una libertad nueva para ellas. El tiempo tiene una cadencia distinta, los días parecen ser simétricos y el tiempo no atiende a disciplinas de relojes, ni reuniones a horas intempestivas.

Despacito y buena letra es el título de este post, porque este sitio inspira poesía verde, como su paisaje. Al fondo brilla el mar y la desembocadura del Miño. El movimiento sólo responde a necesidades auténticas, nada es superfluo, ningún movimiento es innecesario. Todo responde a las fuerzas de la naturaleza que lo largo de miles de años ha permanecido inalterable.

Este remanso de paz facilita hacer un análisis más relajado, con una óptica distinta y desde una perspectiva más entrañable.

Comemos merluza recién pescada, insultantemente fresca, y a unos precios con los que en Madrid no pagamos ni los huevos. Los sabores tienen otra intensidad, otros matices.

Alrededor hay un montón de fiestas con origen en la degustación de productos típicos de la zona, la fiesta del pez espada, la del vino del rosal, la de la lamprea... Cualquier excusa es buena para festejar algo en torno a la comida. Los gallegos no son un pueblo precisamente alegre, pero se crecen en torno a un plato bien cocinado y entonando algunas de esas nostálgicas canciones gallegas que son capaces de sumir en la más profunda de las morriñas al más avezado optimista.

Decía Machado (hombre de sentimientos muy arraigados a su tierra y a las cosas sencillas, pero no exentas de valor ) que “el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”.

Como os decía, aquí las prisas es un concepto que explican los que vienen de la capital y el stress es una palabreja que afecta a los señoritos un poco pusilánimes que viven en el centro.

Desde este recodo de ancestros celtas, escribir se convierte en una pequeña burla a la tranquilidad, y un desafío a la técnica. Tengo que ir a un bar próximo para poder conectarme y enviar el post.
 
Pero me saludan, me llaman por mi nombre y me tomo un café delicioso que cuesta un euro (¿os acordáis de los precios de los que hablaba Zapatero?), pues aquí son reales. Aprovechando mi visita al bar para conectarme, mi mujer me pide que compre el bizcocho casero que desayunamos (hecho con los huevos de casa, claro).

Por eso, recuerdo esos placeres sencillos y a la vez auténticos, que rememoraba Machado sobre su tierra. Este no es mi lugar de nacimiento pero me siento aquí como pez en el agua.

Incluso me permito escribir lentamente, no hay horario, el bar cierra muy tarde y además me tomaré, si me apetece, un trozo de empanada y un chupito de aguardiente "blanca", cuando vaya a publicar el post.
 
El dueño me mira sorprendido cuando ve lo que hago, “estos de la capital siempre andan acelerados”, dice con un marcado acento gallego, mientras me trae otra ración de empanada.

Humm al menos hasta el domingo, “despacito y buena letra”.

 
Juan F. Bueno

30 abril 2013

Fuerza, pasion y falta de profesion.

Posted by Juan bueno On martes, abril 30, 2013 2 comments
Este fin de semana disfruté de un tranquilo domingo con mi mujer, fuimos a ver el musical flamenco Carmen y después tomamos algo en una cafetería. Hasta aquí todo normal. Pero debo reconocer ante vosotros, seguidores y algunos amigos, que mi trayectoria de más de tres décadas en la Dirección de Recursos Humanos de varias Empresas me está pasando factura. Para bien y para mal. Porque no puedo evitar proyectar algunas de mis vivencias cotidianas desde esa óptica de analista y gestor de personas.
 

 
¿Qué quiero decir con esto? Disfruté del espectáculo flamenco y mucho, y si hay alguna imagen que pueda asociar con lo visto es la fuerza, la garra, la pasión que desborda la obra y sus personajes, extrema, desgarrada, pero inevitablemente enardecida. Esa particularidad mía de apasionado de los Recursos Humanos (un malintencionado amigo mío habla de “recortes humanos”) me hacía pensar que esos atributos faltan hoy a nuestro alrededor, me cuesta encontrarlos en nuestra cotidianidad empresarial.

Sí, echo de menos cierto ardor, ímpetu, furia (en positivo), o sea muchas ganas, y ya lo dije antes, pasión. Así, escrito en rojo. Por lo tanto, creo que falta ilusión, alegría, esperanza ante los proyectos. Y estos no tienen por qué ser grandes empresas ni complicadas puestas en escena. Lo que hace falta es la emoción en cada cosa que hacemos, en cada tarea de nuestro entorno laboral.

Pasión a raudales. Toneladas de pasión  (si esa fuera su unidad de medida). Aprecio a mi alrededor cierta apatía que me entristece profundamente porque es mala consejera para ver la luz, esa que esperamos todos ver al final del túnel en el que nos encontramos inmersos. Creo que es imposible alcanzar el éxito si no se siente una gran pasión por el propio trabajo. ¿No os resulta difícil pensar en grandes triunfadores que no disfrutan enormemente con lo que hacen?

La llegada al teatro para ver el espectáculo fue un poco accidentada. La acomodadora se confundió en la numeración de las filas y nos sentó en el sitio equivocado, de modo que pasado un rato llegaron los ocupantes de esas butacas. La señorita muy amablemente nos indicó nuestro lugar que también estaba ocupado. En fin, resultaba cómico ver a los espectadores intentado arreglar el desaguisado. Era un "tetrix" humano.

Y este gestor de personas que soy yo, no pudo abstraerse de ese pensamiento que ya he compartido en otras ocasiones con vosotros, "es imprescindible que el personal esté adecuadamente formado, preparado para hacer su trabajo". No hace falta que exponga por qué. El teatro estaba lleno, sobre todo  de extranjeros, que observaban atónitos  el revuelo formado.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.
 
Cuando salimos del teatro, decidimos entrar en una cafetería, una prestigiosa cadena francesa, para tomar algo. El camarero nos atendió con desgana, tras insistir mi mujer en dos ocasiones, dada nuestra condición de invisibles (¿cuantas veces os habéis sentido invisibles ante un camarero?). Pedimos un café y un té. Al cabo de más de un cuarto de hora llegó otro camarero (sonriente, pero más despistado que el anterior) con dos cafés. El primer camarero se había equivocado con nuestras consumiciones. ¡Hum me pregunto que hubiera ocurrido si la comanda hubiera sido "lenguado en papillote con salsa bordelaise y la paupiette al punto con reducción de Pedro Ximenez"! El camarero corrió raudo a cambiar el café por un té para mi mujer. Ella es una mujer optimista por naturaleza y, desafiando el entorno, se animó a  pedir una tartaleta de manzana para compartir.

La secuencia, va como sigue: yo me tomo el café, cuando llega el té de mi mujer han pasado veinte minutos (supongo que Ceylan queda lejos) y cuando ambos habíamos acabado llegó la deliciosa tarta.

Los dos camareros eran jóvenes aunque parecían llevar una pesada carga a sus espaldas teniendo en cuenta la velocidad a la que se movían. Sonreían casi sin sentido, porque… apenas hablaban español. Ay desolador!

Eran estudiantes de Erasmus a los que les pagarán una miseria, pero mientras ellos practican el idioma, y resultan baratos porque gracias a su beca, ya tienen sus coberturas. Mientras la cadena francesa (dicen que venden calidad) apuesta por lo contrario: mal servicio, carente de todo orden, pero eso sí, a precios que casi triplican los de una cafetería normal.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Por eso os decía al principio de este post, que mi profesión me condiciona a veces para mal. No puedo pasar  una tarde de flamenco y merienda sin más reflexión, sin sacar conclusiones.

Siempre he sido un ferviente defensor de la formación, de la correcta capacitación de los empleados en su puesto de trabajo. Y la realidad me da la razón de forma obstinada. El domingo había acabado.

El lunes  por la mañana me dirijo a una oficina de la Seguridad Social en la que tras sacar el número correspondiente e intentar hacer el trámite yo mismo en un ordenador que no funcionaba, me atiende una funcionaria. Muy amablemente me da una hoja de instrucciones que hay que seguir para que “usted desde su casa se prepare el certificado”.

Cuando manifesté mi sorpresa por esa respuesta de “hágalo usted mismo” me conminaron amablemente a seguir las instrucciones y si tiene alguna dificultad “entonces vuelva por aquí otro día”.

Y claro, ese dichoso gestor de personas que tiene más de tres décadas a sus espaldas, se pregunta, “si la mayoría de las gestiones las tenemos que hacer los ciudadanos – contribuyentes ¿no sobrará algún funcionario”? (y esto lo digo sin ninguna acritud, que sé lo que está sufriendo este colectivo en sus propias carnes con las reducciones de sueldo y pagas extras y sin la cobertura de vacantes) 

Eso sí, todo me lo dijeron con una sonrisa, con mucha amabilidad, aunque eficacia…. Cero. La acomodadora, el camarero, la funcionaria…. Y no quiero caer en ningún tópico sobre los funcionarios: he conocido muchos empleados absolutamente involucrados, no solo en la Administración pública, sino también  en la Empresa privada.

Lo dicho, falta un poco de pasión y un mucho de ganas.

Ay que ver qué visionario aquél amigo mío que me decía: “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Juan F. Bueno


 

29 abril 2013

Noticias dramáticas, incluso increíbles

Posted by Juan bueno On lunes, abril 29, 2013 2 comments

Las noticias que he tenido ocasión de oír estos últimos días son de las que estremecen en lo más hondo; y no hablo ni de las cifras del paro ni de ningún escándalo de corrupción.  Me refiero a noticias como la de un parado que quiere atentar contra la vida de unos políticos italianos, con motivo de la toma de posesión del nuevo primer ministro  y acaba hiriendo a unos policías y a una embarazada. O la de una fábrica textil que, al hundirse, deja más de 400 muertos en Bangladesh, siendo que previamente algunos trabajadores habían informado de la aparición de unas inquietantes grietas, sin que su voz fuera escuchada, o las relativas a la enésima pista falsa sobre la desaparición de Marta del Castillo… prefiero no seguir. Y no termino, porque cuando estaba acabando de escribir este post  llega la noticia  de la detención de una madre en Córdoba,  por matar presuntamente a su hijo,  arrojándose al río Guadalquivir.  Y todo esto sucede  sin que aún se hayan desvelado las claves del atentado en la maratón Boston.


¿Pero qué tipo de noticias son éstas? Me recuerda a aquellas que aparecían en el desaparecido periódico sensacionalista "El Caso", que eran tan truculentas que se decía que a veces eran inventadas. Ahora no. Ahora son tan crueles que hasta cuesta creerlas.

Sé perfectamente que las noticias, más o menos dramáticas, están al orden del día, pero lo que me impacta sobremanera es el despropósito total, la infinita crueldad. La brutalidad con que se nos relatan ciertas actuaciones, es hasta dañina. Son sucesos en los que la maldad parece una palabra inocente: se actúa con salvajismo, impulsado por la barbarie, y además ésta se ensaña con horror en los seres más allegados como son los hijos.

¿Qué le está pasando a nuestra sociedad? ¿Qué negros pensamientos pueden alentar a cometer semejantes atrocidades? Esta inusitada violencia ¿a dónde nos conduce?.

Reconozco que estas barbaridades, a manos de otras personas, me provocan las más sombrías sensaciones. Me conmueve cómo pueden quedar las vidas de las personas cercanas a esos asesinos (presuntos, claro), aunque a sus víctimas no se les pueda aplicar el adjetivo de “presuntos”. Ellos lamentablemente ya son reales.
 

No quiero escribir una crónica negativa, soy un ardiente defensor de la motivación, la energía, el positivismo, pero debo reconoceros que hay días en que, mantener esa actitud, cuesta un enorme esfuerzo.

¿Qué pasa con nuestros valores? Estos comportamientos sólo pueden provocar decepción, dolor y rechazo. Es que ante asuntos de esta magnitud, no hay una buena noticia que pueda contrarrestarla. Pero yo quiero seguir confiando en el ser humano, en que somos esencialmente buenos, en que estas situaciones sólo pueden ser excepcionales, propias de almas atormentadas y seguramente enfermas. Que es raro, muy raro que esto pueda ocurrir. Es antinatural y por tanto poco frecuente.

Sólo pensando así uno puede seguir adelante ¿no os parece? Desde este blog hablamos del desarrollo de habilidades, de áreas de mejora, de crecimiento personal y profesional… pero para que todo eso tenga sentido debemos trabajar con personas normales.

La normalidad, la sensatez, la cordura, deben de ser las inspiradoras de nuestra vida. Estas noticias que hemos comentado, son tan extremas que dejan todos nuestros temas de desarrollo profesional al margen: en un ridículo segundo plano.

Por eso voy más allá, los valores que están en la base de nuestra Sociedad, de nuestras Empresas, de nuestras familias son sagrados. El respeto, la educación, la consideración hacia otros seres humanos, en un plano de igualdad total, es imprescindible para mantener una convivencia pacífica.
                     
Sin eso no hay vida, nuestra existencia sería un imposible, más propia de animales salvajes que de seres dotados de raciocinio. Nuestra energía tiene que volcarse en el avance de la humanidad, en el progreso. Y si se manifiesta en algún grupúsculo una tendencia malévola, ésa debe de ser apartada con los mecanismos que cada sociedad, en base a sus leyes, tenga establecidos.
 
La paz en el mundo es una utopía, pero es que esto es la guerra. He oído que alguien, en un medio de comunicación, hacía referencias a estos hechos tan horrendos y afirmaba que “la crisis está sacando lo peor de cada uno”. Yo me niego a creer tal barbaridad. Un difícil momento económico como es éste, nos lo pone desde luego más peliagudo y nos estamos enfrentando a momentos duros, espinosos, en los que nuestros sentimientos pueden ser confusos, pero eso está muy lejos de cometer ese tipo de atrocidades.

Quiero pensar que, como dije antes, esto es sólo una excepción. Y voy a acabar con una frase que es una invitación a la reflexión “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos.” Martin Luther King.

Juan F. Bueno

28 abril 2013

A lo largo de mi vida profesional he conocido a muchos y grandes Directores de Recursos Humanos, pero también, afortunadamente menos, a algunos Jefes de Personal: los jefecillos y también a  buenos técnicos de Personal, reconvertidos en discretos directivos.
 


 
Pero no sólo he visto esto en mi campo de Recursos Humanos, qué va! Se trata de una realidad bastante extendida entre la jefatura (que no liderazgo) de nuestras Organizaciones. Porque un Jefe, “jefea”: Su equipo (o tal vez grupo) le obedece, inspira miedo (que no respeto); trata a las personas como objetos; te hace responsable de sus errores; suele tener una visión corta y cortoplacista; le interesan sus resultados; evita el crecimiento de sus subordinados; la formación le parece una pérdida de tiempo y de dinero; cree que el feed-back en una palabreja inglesa…..
 

Sí, sí, ya sé lo que estáis pensando, todos conocemos algunos, y lo que es peor incluso puede que trabajemos a su lado.
 
Cuando pensamos en un líder o un directivo actual, pensamos en una figura diferente: se trata de una persona que anima, inspira, motiva, empuja y consigue que su equipo (no grupo) le siga. Habla de colaboradores y no subordinados. Quiere que estos se formen y desarrollen, porque el crecimiento de  equipo es su crecimiento (el suyo propio). Cree en el valor del equipo por encima del individual. Da feed-back de forma oportuna, informa sobre el desempeño y delega. Dispone de estrategias y una amplia visión global; es proactivo ante los cambios y ayuda a su equipo a afrontarlos.
 
Podría seguir ampliando la lista de esas cualidades pero sé que, igual que en el caso anterior, ya tenéis en la cabeza algún nombre; es más, todos somos capaces de decir el nombre de grandes líderes. En resumen,  se trata de personas ordinarias que nos permiten alcanzar resultados extraordinarios. Nada más y nada menos. 
 
Pero si por encima de todas estas habilidades hay una que ocupa un lugar preferente es la Credibilidad. Lo que a veces se llama el “patrón de conducta”. El líder debe actuar como piensa y debe de ser coherente. Además su actuación debe de estar alineada con los objetivos estratégicos, la misión y la visión de la compañía.
 
La solidez y la confianza que genera un directivo en cualquier área, me atrevería a decir que es especialmente sensible en el área de Recursos Humanos.
La convicción  con la que debe de actuar el Director de Personas (eso es lo que somos) debe de ser total, sin fisuras. Es el espejo en el que se refleja el valor que se da a las personas en una Organización.
La falta de coherencia en este ámbito, es especialmente grave, porque no se puede difundir lo que no se hace, aquello en lo que no se cree. Trabajamos con personas que son profesionales, pero ante todo son seres humanos con sus experiencias, temores, juicios, deseos, necesidades, expectativas… y sobre todo, emociones.
Hoy no es suficiente con gestionar la administración de personal,  (es más, se puede externalizar con las máximas garantías y menor coste), los contratos, las vacaciones o la gestión del IRPF y todo lo que es el “back office”.
Cierto es que hay que administrar con eficiencia todos los aspectos relativos a los empleados, pero es lo mínimo exigible. El actual líder de RR.HH debe lograr que los colaboradores confíen en él, para lo cual debe atesorar un profundo conocimiento de la Organización y del negocio. Sólo así podrá seleccionar, formar y desarrollar a los empleados más adecuados a ese tipo de actividad.
Debe ser muy proactivo ante los cambios y saber anticiparse a los problemas. Necesitará una mayor capacidad analítica, ser flexible y lograr una red de buenas relaciones dentro de la Organización.
Y tú ¿lideras o jefeas? Y tu jefe  ¿jefea o lidera?
Juan F. Bueno

 

27 abril 2013

En los últimos meses estoy contemplando, con cierta estupefacción, la asombrosa indiferencia en los procesos de selección y reclutamiento en muchas  Empresas.  Veo con preocupación que, en los pocos puestos que se cubren con candidatos externos, el criterio fundamental de selección, es el coste.
 
El salario a la baja, naturalmente. ¿Cuánto hay que desembolsar? No, no, tiene que ser más barato.




Con este tipo de planteamientos lo que seguramente estemos consiguiendo es poblar nuestras Empresas de profesionales mediocres, a veces escasamente cualificados para los puestos ("ya se cubrirán esas carencias de alguna forma cuando y como sea") y sobre todo carentes de la experiencia necesaria. Lamentable.


Esa voluntad de ahorro a toda costa, está provocando una clara merma de calidad en muchos puestos directivos y técnicos. Está bajando de forma evidente la eficacia y la gestión. Las características o las aptitudes de esas personas, que están al frente de muchas organizaciones, están siendo sólo las justas para poder desenvolverse, pero nos estamos posicionando voluntariamente fuera de los círculos de la excelencia. Esto, sumado al recorte tan brutal que se ha producido en las organizaciones en las partidas destinadas al desarrollo de personas (formación), que será objeto de otro post en breve, está creando una combinación sumamente peligrosa para la supervivencia de nuestras Organizaciones, ya que a la falta de preparación inicial, no se le da un remedio adecuado. Y creo que la condición de excelente es la única que podrá garantizar nuestra supervivencia y éxito en una sociedad y un mercado tan ferozmente competitivo como el actual.
 
 
¿Estamos abriendo el bazar chino? Tenemos que ser conscientes de las oportunidades que nos da implantar un sistema como ése (profesionales más baratos y con menos experiencia, que también necesitan su oportunidad profesional), pero no hay que despreciar los riegos. Estos son muy grandes.
 
Vamos a vivir una experiencia profesional y personal desconocida. Pero intuyo que no merece la pena o que incluso, nos puede poner en una situación potencialmente complicada.
 
Asisto tan preocupado como perplejo a la transformación de nuestro mundo empresarial, en el que, con la que está cayendo (permitidme la expresión!) estamos apostando por el bazar del Todo a 100: menos calidad, menos experiencia, menos preparación, menor especialización y sobre todo, más barato.
 
 
Todo eso cuesta menos dinero (en el corto plazo) pero produce un peor resultado a futuro. ¿Nos lo podemos permitir precisamente ahora?. Desde mi humilde opinión, los directivos y técnicos que tienen el reto de sacar  adelante nuestras Organizaciones, en unos momentos como estos,  deberían de ser los mejores. Y para serlo hace falta tener una amplia experiencia, muchos conocimientos, enormes habilidades sociales y una gran capacidad de gestión del cambio. Y, por favor, no nos engañemos, eso cuesta dinero. Eso no se adquiere en las rebajas.
 
Este cambio se está produciendo con cierto sigilo, tal vez un poco oculto, porque estamos todo el día liados con los avatares de la crisis, pero esta situación nos impactará sin piedad, en futuro . Cierto es que esa huella no se dibuja hoy, no lo hace de forma inmediata, pero nos dará un auténtico golpe dentro de unos años, cuando recojamos los frutos de este embudo en el que nos estamos metiendo.
 
La economía, parece definir inevitablemente nuestras vidas, pero creo humildemente que esta idea de buscar trabajadores de gran responsabilidad, a precio de saldo, nos puede abocar a la agonía de  muchos de nuestros negocios.
 
Esta situación será una amenaza para nosotros sino hacemos algo por evitarlo. Estas personas "subcualificadas" para ocupar puestos relevantes en las Empresas, están generando otro problema, sobre todo en las contrataciones realizadas por Head Hunters. Como en muchos casos no producen el resultado esperado y se ven incapaces de cumplir los objetivos, están siendo "recambiados" por esas Empresas, que piden a quien les haya seleccionado que le proporcionen el repuesto, o sea, que se lo cambien  por otra persona, haciendo uso de la garantía. Es decir, las Empresas clientes están teniendo que recurrir a la garantía que ofrecen los caza talentos “si no queda satisfecho, le buscamos a otro directivo”. O sea, fracaso para todos (trabajador,  Empresa y casa de selección) y vuelta a empezar (retraso). Conozco bastantes casos así. ¿No nos da esto una pista de cuál debería ser el camino correcto?
                         
Me pregunto, ¿Merece la pena poner en una parte de la balanza el rigor, la profesionalidad y la experiencia sólo frente al precio en la otra parte de la balanza?. ¿ No es precisamente ésta una época en la que debemos desafiar a la crisis apostando por el talento? ¿Podemos aventurarnos a hacer las cosas lejos de criterios de máxima calidad y eficacia?
                                
Tengo serias dudas al respecto. Y concluyo este post recordando el refranero español, lleno de sabiduría y en ocasiones lapidario : “lo barato sale caro”.



¿Estamos dispuestos a tener directivos del Todo a 100? ¿O es preferible pagar algo más y comprar con garantía, por ejemplo, alemana?
 
Cada uno que reflexione sobre lo que le da más seguridad.
 
Lo bueno se paga, tiene su precio y da resultados. Lo contrario, NO.


 
Juan F. Bueno

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