17 septiembre 2014

OK... jajaja... pq? Bn

Posted by JUAN F BUENO On miércoles, septiembre 17, 2014 No comments
He hablado con una mentora a la que apoyo en sus sesiones y en la conversación ha salido un tema que tenía que abordar con su mentee. Esta no puede dejar la BB cuando llega a casa y su marido se enfada porque dice que quiere más a Samsung que a él y eso que él tiene mejor cuerpo ... y me ha hecho recordar un artículo de Elvira Lindo que se titulaba “No me quieras tanto”.
Se preguntaba Elvira que por qué la gente quedaba con ella a comer o cenar si mientras estaban juntos no dejaban de mirar su móvil, su BB y contestar y leer los SMS o sus wsp.
 
 
No soy yo poco defensora de la tecnología, muy al contrario, pero si que tengo la sensación que todos estos aparatos nos están cambiando más de lo que somos conscientes.
 
Que levante la mano quién es capaz de dejarse el móvil en casa y no tener un deseo irrefrenable de volver a por él. Quién se ha quedado sin batería una tarde y no ha tenido la sensación de estar ilocalizable. Quién ha salido sin teléfono y no ha sospechado  que precisamente en esas horas recibirá una llamada importante que no podrá atender. Y sobre todo: quién ha salido del cine o del teatro en alguna ocasión y ha aguantado hasta la puerta de la calle sin revisar sus llamadas o mensajes perdidos.

Quien no pueda responder satisfactoriamente a estas preguntas, que se quede con este nombre: nomofobia. Es el término, abreviatura de la expresión inglesa 'no-mobile-phone phobia', que los expertos han puesto al miedo a estar sin el teléfono móvil, o a estar conectado, y parece que va a ser la enfermedad del siglo XXI.

 

Sherry Turkle (Instituto Tecnológico de Massachussetts) señala que "vivir permanentemente conectados nos puede crear serios trastornos, nos cambia la mente y el corazón". Hay millones de personas en la actualidad cuya vida gira en torno a los smartphones, para poder vivir conectados y contar, hablar o compartir con "sus amigos virtuales"cada minuto de sus vidas, llegando incluso decir lo que comen, lo que piensan, lo que sueñan o lo que desean.
 
La conversación del mundo real queda postergada con la conectividad, y la tecnología suele darnos esa ilusión de compañía y sin exigencias de amistad. Los tuits, por ejemplo, no representan una conversación porque simplemente no ayudan a conocernos entre nosotros. No permiten que unos aprendamos de otros.
 
De ahí que Turkle señale que los teléfonos inteligentes cambian la mente y los corazones de quienes hacen uso abusivo de ellos, por tres razones: 

    *  Podemos poner la atención donde queramos colocarla
    *  Siempre seremos escuchados
    *  Nunca estaremos "solos"


La tecnología opera como un antídoto para combatir la soledad. Estar solos es como tener un problema que resolver. Por eso tomamos el teléfono cuando hacemos cola para pagar algo o cuando el semáforo está en luz roja, y si bien esto puede ser válido en algún embotellamiento insufrible, no sería deseable cuando estamos en un restaurante o en un café con un amigo, y dejamos de mirarnos a los ojos, y conversar frente a frente. Las personas están perdiendo el contacto personal y solo se concentran en su mundo cibernético, solo hace falta ser un poco observador en cualquier centro comercial, restaurante o reunión familiar, donde cada uno está más preocupado por mantener contacto con otras personas, en vez de enriquecer las relaciones con la gente que tiene presente.
 
Hablar cara a cara con alguien con cara, manos y piernas, sin saber qué decir por anticipado, teniendo que improvisar rápido y teniendo que "leer" el lenguaje del cuerpo del otro está camino a convertirse en una destreza del pasado que deberá ser enseñada , en vez de asumir que saldrá automáticamente. 

Las expectativas de que estés siempre conectado está en todos los aspectos de la vida. El jefe y los colegas siempre te tienen que ubicar, y en las vidas sociales siempre hay updates de Facebook y mensajes de texto.

La idea que movilizó el video "Look up" ("Levanta la mirada") y que vieron más de 17 millones de personas dispara un debate de cómo encarar este tiempo de cibercultura .  Cómo los nuevos usos y costumbres alrededor de redes sociales e interactividad digital modifican nuestra vida cotidiana.
 
He leído hace poco que el antropólogo y biólogo británico Robin Dunbar definió que una persona necesita y puede sostener como máximo 150 relaciones interpersonales. Que el cerebro no tiene capacidad para almacenar más contactos. Dunbar lo expresó a sabiendas de la existencia de Facebook. Me tranquilizó mucho cuando comprobé que yo no tenia ni siquiera la mitad de ellos.
 
A mi me gusta llamar y que me llamen, y hablar con mi amiga canadiense por el chat o por skype, y enviar un correo a un amigo para decirle que Clara tiene un blog de cine precioso que se llama Señora Danvers, la mala de la película “Rebeca” . Me encanta wasapear con mi amiga May y recordar aquellos ejercicios espirituales en el Escorial donde hacíamos de todo menos rezar, y poner un emoticono de “locas, locas". 


Yo abogo por recuperar la vida social, la conversación cara a cara, y esos espacios divertidos y tranquilos como la cocina, la terraza, el café de debajo de la oficina o al terminar mi partido de paddle, sentarme con mis amigas sudadas y tomarnos esa coca-cola fría y decir quien ha jugado mejor combinando en la misma frase de la conversación como son los bolsos de oferta en Mango y que las rebajas este año no han sido demasiado buenas.
 
Me gusta no hacer nada en la cola del Carrefour mirar a quien está delante y ver qué come habitualmente y quizás también mirar detrás a quien lleva solo una barra de pan para decirle  ¿Solo lleva eso?... pues pase que yo llevo más. Y escuchar: gracias que amable, pero yo no llevo prisa porque mi hija esta buscando....., y después seguir conversando mientras la señora de delante termina de poner todo lo que lleva en el carrito sobre la cinta y una cajera que lleva un piercing en la ceja, que me he fijado y  se llama Jessy, le sonríe cuando pasa por el lector un bote de grajeas de alcachofa, de esas para adelgazar, y a mi me empuja un chiquillo con un smartphone en la mano...
 
Por cierto dejo de escribir este post para contestar a Bulow que  dice en  nuestro grupo de wspp que hace un tiempo horrible en Toronto y Ricardo ya le ha contestado "vente conmigo al Caribe" con una foto espectacular en traje de baño.
 
Mila Guerrero
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