17 julio 2014

Una gran amiga mía, inteligente y observadora a partes iguales, afirma que el lenguaje conforma la realidad. ¡Cuánta razón tiene!.
 
 
Traigo a colación esta aseveración para iniciar este post que me ha inspirado la asistencia a la boda de un familiar cercano hace unas semanas en un lugar encantador de Galicia. Pero la inspiración podía proceder de cualquier lugar de nuestra vida cotidiana, porque ciertamente nuestra forma de comunicarnos puede determinar la forma en qué ocurren los acontecimientos en nuestra vida.
 
De hecho lo hace. Pero voy incluso más alla. El cambio que experimenta el lenguaje que utilizamos día a día provoca que alguien que hubiera dormido el sueño de Blancanieves sólo unos cuantos años se vería incapaz de entendernos.
 
Si a eso le añadimos los cambios tecnológicos experimentados en estos últimos años, la pobre Blancanieves tal vez desearía volver a caer en los brazos de Morfeo o de cualquier apuesto príncipe, o incluso de un trabajador de la construcción (si es que consigue encontrar alguno!!).

Para empezar los novios invitaron a la mayoría de sus amigos a través del Wasap. Estos recibían un mensaje en sus teléfonos móviles y cuando lo abrían recibían originales muñecos o figuras endiabladas que mediante coreagrafías dignas de unas olimpiadas o músicas maravillosas te comunicaban la fecha y lugar del enlace. La invitación la hacía el hijo pequeño de la pareja de un año. Por supuesto la confirmación se hacía por el mismo medio. Pregunta de Blancanieves: ¿Qué es un móvil, qué es un wasap? Sólo unos cuantos cavernícolas recibieron una invitación en papel por correo postal.

La pareja se fue de viaje de novios antes de la boda porque era más barato ya que era el límite de la temporada baja. Lógicamente el viaje lo buscaron a través de compañías low cost. Pregunta de Blancanieves : ¿Qué es low cost?

En la boda proliferaron las fotos de sus amigos y familias, selfi por doquier. Mi hija, a sus catorce años, me dejó un poco fuera de juego, cuando con su móvil me dijo “hazme una foto con Retrica”. Toda mi cara era un interrogante, y ella un tanto impaciente me dijo, “mamá, ya te lo baje hace unos días, lo tienes en el escritorio”. En fin, una amiga mía, un poquito más tecnológica que yo vino a echarme una mano y salió la foto. Por supuesto mi hija la convirtió en lo que a mí casi me parece una obra de arte, la foto desdoblada varias veces, con un marco de colores, un filtro, marcas de agua…. Un trabajo de profesional, desde el móvil de una adolescente. No hace falta que os diga cuál sería la pregunta de Blancanieves.

Mi madre, en sus sensenta y pocos, junto a sus amigas, todas ellas todavía activas y de buen ver le pidieron a uno de los invitados joven y guapo que les hiciera una foto al grupo de amigas “las chicas de oro”: “con mi móvil, dijo mi madre”, y posaron sonriendo; “con el mío ahora, dijo otra de las sesentaañeras”, pero cuando lo pidió la tercera el apuesto joven les dijo con gesto burlón “eh chicas, seguro que tenéis bluethuth y os las podéis enviar por wasap”….. Ay tal vez mi madre y sus amigas están un poco superadas por tanto cambio y tanto lenguaje vertiginosamente distinto y se acercan a veces a la pálida Blancanieves…..

Al final de la boda y en paralelo a la barra libre, que ahora consiste en una competición por tener muchos, muy variados y muy raros tipos de gin tonics, hay un rincón de chuches y dulces variados, que se llama “love is sweet”. Bueno, eso seguro que lo sentiría Blancanieves por su príncipe ó por su obrero de la construcción, pero con otras palabras, del tipo “Oh mi amor, la vida no tiene sentido sin vos"

Definitivamente, el lenguaje conforma la realidad y somos esclavos de ciertas modas. Si no usamos determinadas vocablos es que no estamos en el mundo, o lo que es peor no estamos al día, lo cual demuestra que no tenemos interés, y eso desde el punto de vista empresarial es un aspecto claramente negativo. Pone de manifiesto falta de proactividad, y eso hoy gusta entre poco y muy poco.

Uno de mis sobrinos regresó desde Galicia a Madrid al día siguiente de la boda y desde luego no estaba dispuesto a gastarse en el viaje nada más que lo estrictamente necesario y además quería que su horario fuera lo más flexible posible. Dicho y hecho. Modelo de economía colaborativa. Blancanieves frunce el ceño. ¿Quéee? Cada vez entiendo menos. ¿Qué es eso? Mi sobrino contactó a través de Internet con una plataforma que conecta gente con gente y localizó varias alternativas (más de 1.000) para compartir coche (y gastos de viaje) desde el lugar de la boda hasta Madrid. Descartó a la mitad por horarios, ya que no le convenían, y a otro 30% por precio (demasiado caro). Filtró a los demás por proximidad al lugar en el que nos encontrábamos y después se quedó con una pequeña selección. Mandó varios waspap y finalmente se quedó con una terna. Contactó con los 3, finalmente seleccionó uno, acordaron el precio, le pagó a través de una plataforma, y a la hora convenida y en el lugar acordado iniciaron el viaje. Claro que el lenguaje conforma la realidad.

El lenguaje está reflejando la transformación de modelos sociales y económicos que están sufriendo cambios mientras yo escribo este post. Blancanieves hubiera viajado en carroza y mi sobrino pertenece a un modelo de economía colaborativa del que yo misma soy un poco ajena. Mi hija posaba para selfis, mientras comía chuches de “love is sweet”.

El mundo cambia y el lenguaje lo cuenta.

May Ferreira

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