14 mayo 2013

Unas veces se gana y otras se aprende

Posted by Juan bueno On martes, mayo 14, 2013 No comments
El error no está bien visto. Pensad en vuestro alrededor. En mi entorno nadie se jacta de haberse equivocado en muchas ocasiones o de sumar numerosos fracasos. Sin embargo, tampoco conozco a nadie que triunfe a la primera, que todo lo que emprende son éxitos rotundos y que sólo acumula triunfos. No nos engañemos, para presumir de victorias, es imprescindible probar, intentar, fallar, acertar, reflexionar y volver a empezar. Es un círculo bendito porque es el que nos permite conquistar nuestras metas, asumir retos y cuando sea preciso, modificarlos.
 
 
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,  el error es “una acción desacertada o equivocada”. Pero por qué y para quién. El error lo será en función de quien lo evalúe. Creo que es mejor pensar que, en lugar de cometer errores (que tiene una carga negativa ancestral), en ocasiones obtenemos resultados positivos y a veces éstos son negativos o mejorables.
 
A mi entender hay 3 actitudes fundamentales en torno al error :
• La primera es  Aceptarlo y no tratar de ocultarlo. Ese sentimiento de oscurantismo, no es en absoluto bueno, pero a veces es una reacción visceral ante la cultura en la que al error le corresponde la reprimenda o incluso el castigo
• Reparar sus consecuencias, si éstas han sido muy perjudiciales para algo o alguien.
• Aprender, aprender y aprender. Todas las equivocaciones nos enseñan una forma de no hacer las cosas, un modo desacertado de llevarlas a cabo.
 
¡No lo perdamos de vista! Es una fuente de aprendizaje constante. Pero para que se produzca ese aprendizaje, hay que hacer un análisis de cómo se planteó el tema y de los posibles fallos. O sea, debemos recapacitar para poder crecer a través del aprendizaje.
 
Esto no garantiza que no volvamos a errar, pero hay muchas posibilidades de que la próxima vez, lo haremos mejor.
 
Una vez sentada esta premisa quiero ampliar ese campo al éxito. Sí, porque estoy plenamente convencido que también la persona se crece y se forma a través del acierto. ¿Por qué no?. Me niego a pensar en esas frases lapidarias en las que se insinuaba que sólo equivocándose y sufriendo se aprende y se experimenta. También se aprende  a través del triunfo, del éxito, de las cosas bien hechas. Y la metodología es la misma que en el caso anterior: pararse a analizar concienzudamente lo que ha funcionado, y para nada atribuir el éxito a la suerte. “al saber le llaman suerte” decía un pensador. Y como nos recordaba nuestro querido y malogrado Seve Ballesteros, cuando una señora le decía "Hay que ver la suerte que tiene Vd." y él le contestaba: "Así es, y cuanto más entreno, más suerte tengo"
 
Nada conduce mejor al éxito que el propio éxito. Además provoca una retroalimentación maravillosa, positiva y que nos carga de energía.
 
Ignoro si se aprende más a través del éxito o del fracaso, lo que sí creo es que se logran más éxitos gracias a un mejor autoconocimiento, a un mejor entendimiento de las capacidades propias de cada uno y de afrontar los objetivos con una estrategia que analice las posibilidades reales, los medios con los que contamos, el tiempo… y en la que también se valore la posibilidad de que las cosas no salgan como estaba previsto. Saber cuáles son las consecuencias de alcanzar el éxito o de vivir un fallo. Nada más y nada menos.
 
El éxito seguramente nos anima a continuar, a intentar más victorias. El riesgo en cuanto al fracaso, es que nos desanime cuando se produzcan varios fallos y eso provoque parálisis. No, eso nunca.
 
¿Sabéis que fue el descubrimiento de América? Pues nada más y nada menos que un fallo de cálculo de Colón que creía haber llegado a las Indias.
 
¿Qué hicieron los Beatles, cuando la compañía discográfica Decca Recording Company, les rechazó  diciéndoles “no nos gusta como suenan y  la música con guitarras ya no se lleva”? nada que añadir.
 
A Ronald Reagan le rechazaron en una película para hacer de presidente de Estados Unidos porque “no tiene aspecto de presidente”. Sin comentarios.
 
“640 Kb de memoria deben ser suficientes para cualquiera . . .” Bill Gates en 1981.
 
El descubrimiento de la penicilina fue el resultado de más de mil errores.
 
Si todas esas personas se hubieran venido abajo, la historia se habría escrito de otra manera.
 
Os invito a ver el siguiente video, que contiene una muestra de sonoros rechazos, que hicieron historia : El mejor video de motivación.
 
Algunas veces se gana y otras se aprende. Algunas veces se gana y además se aprende.
  
Juan F. Bueno

11 mayo 2013

Algunos valores sencillos: El landismo

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 11, 2013 No comments
Estos días nos ha dejado Alfredo Landa, ese actor que en un momento representó los valores sencillos, los del pueblo llano. El éxito de un hombre, como él mismo se definía: bajito, feo pero simpático. Yo creo que representaba al español medio, a ese hombre confiable que podría ser nuestro vecino. Y que en la época del desarrollismo en nuestro país, encarnó al hombre corriente, que sin embargo era capaz de llevarse de calle a las suecas que alegraban nuestras playas.
 

Este post es un homenaje a una época en la que, como en todas, había cosas buenas y malas, pero sobre todo a ciertos valores campechanos, humildes, espontáneos, que mostraban a una sociedad algo inocente, que salía con timidez de su aislamiento.

¡Cuánto ha cambiado nuestro país!. Nuevas infraestructuras, apertura, Empresas modernas, Democracia... En definitiva una sociedad nueva que ha alcanzado unos objetivos que en aquellos años se nos antojaban inalcanzables; fuera de nuestro camino.

Pero no es menos cierto que esa nación y sus gentes, en ese trayecto, sin duda importante de actualización de nuestro país, que ha experimentado  una transformación radical, nos hemos dejado olvidados valores que alentaban nuestro día a día y que serían significativos en los tiempos difíciles que hoy corren inciertos, para una gran mayoría de españoles.
 
Ciertas desvergüenzas actuales, que nos golpean cada día, seguramente no se hubieran producido en ese modelo que representaba Alfredo Landa, que encarnaba a un españolito modesto que intentaba sacar a su familia adelante con más escasez que abundancia. Era el momento de los primeros televisores, los seiscientos en los que cabía una familia numerosa y las sencillas vacaciones en Benidorm (un auténtico lujo para quien se las podía permitir). En la que había que llevar la olla exprés y se ponían los garbanzos en remojo. Pero Landa, como espejo de aquella sociedad, también representaba al hombre celoso, machista y mujeriego. Ningún momento es perfecto y seguramente hoy nos podemos congratular de haber superado algunos de esos estereotipos (o tal vez no)

Fue un espacio de tiempo en que había más honradez y menos libertad, más modestia y menos consumismo. Tal vez más hipocresía porque nos gustaban nuestras mujeres muy recatadas pero anhelábamos ver a las extranjeras muy ligeras de ropa y con una actitud desenfadada.

Ese español moreno y bajito (hasta hemos ganado en altura) miraba con ojos curiosos y algo sorprendidos todo lo que venía de fuera. Cualquier novedad generaba entusiasmo. Todavía conservábamos cierta inocencia, un aspecto cándido que a veces parecía un poco pueblerino.

La gente se conformaba con poco, porque tal vez no conocía (o no había) más. La estética de las películas de Landa era pobre, el argumento escaso y el resultado en muchas ocasiones “cutre” (dicho con cariño). Sin embargo no lo podemos denostar porque eran el fiel reflejo de una época. Se volcaban en ellas algunos tópicos, algunas actitudes rancias, pero también mucho de la realidad que nos rodeaba.



Quiero acabar este post recordando otro momento memorable en “Los santos inocentes”, crónica de otro momento de servilismo feroz por parte del campesino ignorante y esencialmente bueno, que representaba Landa frente a la crueldad de su señorito. Recordarlo provoca escalofríos.

El landismo, como cualquier otro momento, con sus luces y sus sombras.

Recuerdo con nostalgia aquella película titulada  “Vente a Alemania, Pepe”. Parece que la historia (que es cíclica) se empeña una y otra vez en ponernos en un determinado lugar.



Juan F. Bueno



 

Sopa, pollo, pera

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 11, 2013 4 comments
El colegio al que asiste a mi hija no hizo la huelga que tuvo lugar ayer en casi toda España, con motivo de la (nuevamente) pretendida reforma del sistema educativo (la denominada Ley Wert)



No sé exactamente el motivo, pero puedo intuir que su colegio corresponde a ese 20% que no se unió a la protesta, seguramente por hartazgo. Ese profundo hastío que creo que padecemos todos los españoles  frente a los constantes vaivenes que sufre nuestro sistema educativo en función de los diferentes movimientos políticos.

Y eso es lo lamentable porque estamos jugando con nuestros hijos, con su futuro, con su formación y como consecuencia, con esa necesaria competitividad que es imprescindible en la sociedad actual y muchos más en la del mañana.

La nueva reforma ha conseguido unir por primera vez (y cuidado que es difícil!) a profesores, padres, alumnos, sindicatos y partidos políticos. Y no quiero entrar en política, omitiendo   hacer cualquier referencia a si la reforma tiene apoyo o no dentro del Gobierno y del propio partido en el Gobierno. No, en absoluto. No se trata de una crítica política, es algo más profundo, es una crítica al sistema que permite dar constantes bandazos con la educación de nuestros hijos, con el devenir de nuestra sociedad.
 
 
Con este tema no se juega. Es una irresponsabilidad manifiesta. Yo soy del Plan del 57, que estuvo vigente hasta 1970  y este, a su vez hasta 1985 (15 años y eso que coincidió con la etapa de la transición política más importante que ha sufrido España en el ultimo siglo). No sé si era bueno, malo o regular, pero daba estabilidad y tranquilidad. Una referencia sólida y duradera.

Ahora nuestros pequeños se enfrentan a cambalaches, ni siquiera se puede hablar de cambios. Se quitan o se ponen asignaturas (religión, ética, educación para la ciudadanía…) en función de las mudanzas que se produzcan en la Moncloa. Unas asignaturas parecen más afines a una situación política y otras resultan intolerables cuando los inquilinos del Gobierno son otros. Esto es, sencillamente IMPERDONABLE.

Me parece inadmisible jugar de esta manera con los niños y jóvenes en los que nos vamos a reflejar en unos años. Estos vaivenes no aportan nada bueno. Y a las pruebas me remito: Tenemos la mayor tasa de fracaso escolar de toda la UE.

Los contenidos que hoy son esenciales, en un año son borrados de un plumazo. Yo entiendo que puede haber renovaciones de contenidos o adaptaciones, pero modificar todo de arriba abajo o darle la vuelta como un calcetín, no es de recibo. Estos radicalismos de los adultos generan una auténtica perturbación en nuestros hijos. Repito, con este tema no se juega.

La educación no se puede convertir en un negocio ni un arma arrojadiza entre políticos, debe de ser un valor estable, seguro. Los contenidos deben de ser constantes, permanentes. Sólo así conseguiremos transmitir contenidos y valores arraigados. Porque no debemos olvidar que los niños no reciben sólo conocimientos, ya que los colegios deben de complementar los valores que viven en su casa.
 
Esa armonía en el sistema educativo produce seguridad y estabilidad para todos, niños y padres. Yo confieso que ya no me aprendo el nombre de los cursos o de algunas materias porque cuando consigo saberlo, zas!, van y me los cambian.

Tampoco quiero entrar en la polémica acerca de los cambios radicales que se producen en las materias, como por ejemplo con la asignaturas relacionadas con la historia, en función de las Comunidades Autónomas en que se imparte. ¿No deberíamos guiar todas estas adaptaciones para lograr la mejora total del sistema educativo sin más consideraciones?

Repito, con este tema no se juega.

Sopa, pollo, pera es el menú que me dijo mi hija que comió en el cole el día de la huelga contra la reforma del sistema educativo.



Juan F. Bueno

09 mayo 2013

Jefe, Directivo: ¿Inspiras o transpiras?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 09, 2013 2 comments
El liderazgo es la posibilidad de transformar la visión en realidad. ¿inspiras o transpiras? Aparentemente estos dos verbos no tienen nada que ver. Sin embargo creo que en este ámbito del liderazgo son las dos caras de una misma moneda. El líder inspira, es un seductor social que consigue que los demás cumplan sus objetivos. El jefe seguramente transpira, hace un gran esfuerzo con sus equipos, pero, el resultado puede ser…. mediocre, a pesar de los sudores y esfuerzos que probablemente dedique.



En ocasiones los líderes en las organizaciones no siempre están en lo más alto de la jerarquía, porque el líder que inspira es el que infunde el ánimo necesario y consigue unir a todo su equipo en torno a un objetivo. Ese “inspirador” logra influir de forma positiva en sus colaboradores y mueve sus voluntades en un único sentido.
 
Esto no quiere decir que el líder que inspira no transpira. Mirad la foto. El líder no tiene por qué tener una tarea fácil por delante pero sabe cómo provocar las ganas y la ilusión de los suyos y además, lo que es esencial, sabe cómo mantenerla a lo largo del camino. Cuando los ánimos flaquean él está cerca para ayudar a levantarlos.

La figura del líder inspirador provoca, desde mi punto de vista, una emoción muy importante: la admiración. Esa especie de embelesamiento que se produce cuando uno se enamora tiene un cierto componente de admiración, que para mí se repite cuando nos dirige un auténtico líder. Me parece imposible sentir respeto, profundo, real, ante un superior al que no admiro. Por la razón que sea, su valía técnica, su experiencia, su forma de dirigir, etc.
 

Sin embargo frente al jefe que transpira lo que brota es el acatamiento y no el convencimiento y el temor y no la admiración. Ese jefe que dedica mucha energía y voluntad a mandar, a hacer lo que él ordena sólo desprende normas y reglas. Impone y exige. Ese jefe que se empapa en su propio sudor realiza muchos empujes a costa de pedir, pedir y pedir. Y si las cosas no salen como quiere, reprocha, reprocha y reprocha. ¿Cuál suele ser el resultado? El inmediato, modesto en la mayoría de los casos. A largo plazo no existe ninguna adhesión al equipo ni a su responsable. Esas voluntades unidas a la fuerza se diluyen en cuanto surge la más mínima posibilidad de escapar, de buscar algo distinto.

Esto no quiere decir que el líder inspirador no tenga que dar órdenes o imponer criterios, claro que tiene que hacerlo y en ocasiones debe hacerlo, pero la clave está en cómo hacerlo. Mostrando compromiso con su gente, sus resultados y sus motivaciones. Ese líder inspirador camina al lado de su equipo y se pone delante cuando hay que iluminar el camino.

El jefe que transpira es soportado por los miembros
de su equipo como una pesada losa que se extiende sobre todos ellos y que a veces hace costosa hasta la respiración!!!!

El líder dueño de la inspiración tiene además una visión global que permite que vaya alumbrando la senda por la que tendrán que pisar los suyos. Sin embargo le jefe que transpira sólo ve lo que tiene delante, y a duras penas, porque las gotas de sudor que caen desde su frente le hacen tener una visión borrosa.

Pero recuerda, el líder que inspira también puede transpirar. Dirigir no es fácil, y menos en los tiempos que corren.

Y tú, ¿inspiras o transpiras?


Juan F. Bueno

08 mayo 2013

Bob Esponja y la imagen de Recursos Humanos

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 2 comments
Hace unos días mi hija pequeña estaba viendo un capítulo del insufrible Bob Esponja (a ella le encanta). El episodio trata sobre la venta del Crustáceo Crujiente (el restaurante donde trabaja nuestro personaje) a una cadena americana de comida rápida,  en la que impera un modelo diferente de gestión. 
 


Aparecía entonces un curioso personaje, que con gesto amenazante y simulando golpear a alguien, explicaba los métodos de Recursos Humanos.  Al final del capítulo la niña me preguntó por qué “el de Recursos Humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”. Vaya, pensé….

La historia se desarrolla como sigue: el Sr. Cangrejo (ese jefe profundamente pesetero y a veces insensible, que seguramente nos recuerda a alguno que todos tenemos en mente) decide vender su restaurante a una cadena de comida rápida. Esta  cambia rápidamente la decoración y le da al local un aire nuevo. Todo parece más bonito, se cuida la estética y el negocio parece un lugar más atractivo. Pero las apariencias engañan (en ocasiones) y ésta era una de ellas.
 
El cambio era sólo aparente porque las tradicionales "cangreburger" preparadas con todo mimo, una a una, por nuestro personaje, son sustituidas por una mezcla muy especiada de carne preparada de manera industrial y con una decoración que les da apariencia de apetitosas, pero que en definitiva, son de ínfima calidad. Los clientes empiezan a quejarse.
 
El nuevo jefe Carl utilizaba unas técnicas muy duras, bastante deshumanizadas. Todo estaba perfectamente procedimentado, con reglas, normas e instrucciones.

Los hábitos usuales del "Crustáceo Crujiente" se habían esfumado. Desde el cambio, reinaba el temor y los empleados no se atrevían a hablar con libertad. Carl parecía tener una clara orientación al cliente, pero sólo era ficticio. Su único interés era el dinero, disfrazado de falsa amabilidad hacia los clientes.
 
Bob Esponja y su compañero Calamardo están completamente sometidos al yugo de ese nuevo régimen y las costumbres y rutinas del Crustáceo Crujiente ahora sólo son  un recuerdo del pasado. Carl sonríe constantemente, pero sus empleados están cada vez más tristes y dudan de la eficacia de sus métodos, pero el jefe amenaza con llamar  al Director de Recursos Humanos para solucionar cualquier problema…. Este, con aspecto hosco, se esconde tras una puerta.

Esa sonrisa estúpida y permanente, las amenazas del jefe, el nulo interés por sus clientes, parecen una parodia del funcionamiento de algunos negocios o Empresas en las que además se utiliza la figura del Departamento de Recursos Humanos para "atemorizar" u obligar al cumplimiento de las normas y los procedimientos. Nada más. Flaco favor a una función cuyo único sentido es el crecimiento y desarrollo de las personas, dentro del mejor clima posible.

Sí, ya lo sé, sólo se trata de unos dibujos animados. Pero nos invita a pensar por qué en algunas Organizaciones se presume de la existencia de Recursos Humanos cuando a ese Departamento sólo se le atribuyen los aspectos negativos, imponer, sancionar, despedir... Claro, para las buenas noticias, el jefe de área está siempre dispuesto, pero si hay que tragar saliva, es mejor llamar a esos chicos de Recursos Humanos, siempre dispuestos a amargarte la semana si hace falta.
 
La nueva situación que se vivía en el Crustaceo Crujiente hizo que el Sr. Cangrejo decidiera recuperar su viejo negocio. Los empleados añoraban su racanería y su carácter malhumorado. Cualquier cosa mejor que Carl, aquel jefe desalmado que había impuesto el Manual del Empleado.

 
Esa serie, que siempre me resultó un poco antipática, me va a hacer pensar. ¿Quién podía creer en las aventuras de una esponja en el fondo del mar? ¿Hay algo más absurdo?
 
 
Ya había acabado el capítulo y resonaba su pegadiza melodía cuando la niña, que no había obtenido respuesta por mi parte, volvió a preguntar: por qué “el de recursos humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”.
 
 
 
 

Juan F. Bueno

El arte de hablar en público

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 No comments

Últimamente estoy oyendo de forma reiterada que algunos periodistas le reprochan al Gobierno que comunican poco y además lo hacen con escasa convicción.
 

Si es así, se enfrentan a dos dificultades importantes, porque el arte (sí, digo bien, arte) de hablar en público, con una impactante capacidad de convicción, es una herramienta imprescindible para desenvolverse con éxito en la actualidad, tanto en el ámbito profesional, como en el personal.
 
En algún post anterior ya puse de manifiesto la enorme importancia que tienen hoy en día esas denominadas “soft skills (nombre engañoso, porque no son ni fáciles ni comunes), para alcanzar un desempeño no sólo correcto sino triunfante.

La consecución de ciertos logros profesionales, está íntimamente ligado a cierto brillo oratorio. Y no me refiero con esto a destacar cual oradores romanos en la antigüedad, pero sí al apropiado uso de las técnicas de comunicación en sus diferentes manifestaciones.

Tener ciertos conocimientos y práctica al respecto, resulta ineludible para muchos planteamientos habituales en el ejercicio profesional: presentar un proyecto, convencer de una determinada idea, lograr apoyos para una nueva empresa, someter a valoración un nuevo plan, exploración de nuevas posibilidades de negocio, etc. Son numerosas las ocasiones en que habrá que poner en práctica las capacidades de oratoria, la elocuencia o la persuasión con un discurso conciliador, enérgico o práctico, según las necesidades.

Es un error pensar que la comunicación en unívoca o sólo responde a un patrón. La comunicación es, o debería ser, esencialmente adaptativa en función de dos aspectos: El objetivo que persiga (formar, informar, convencer) y el público al que va destinada.

Aunque seamos grandes conocedores del contenido de nuestra conversación, hay que utilizar diferentes herramientas, si nos enfrentamos a una conferencia (esencialmente divulgativa); si vamos a realizar una arenga (movilizar personas); una presentación (con fines comerciales o formativos) o si vamos a presentar un proyecto (con fines persuasivos).
 
En todos estos casos hay que adaptar el vocabulario, el tono del discurso, los criterios de razonamiento (pensemos por ejemplo en dirigirnos a unos posibles compradores o a los miembros de la comunidad de vecinos), el lenguaje (más o menos técnico o informal) y desde luego el estilo general.

La retórica usada en un caso u otro, deberá  ser más elocuente o más didáctica o cercana o grandilocuente. Hay que cuidar el verbo, la palabra, la expresión. Y de la mano va el lenguaje corporal, que deberá adecuarse a los diferentes estilos y momentos.

La comunicación tiene que adaptarse, transformarse en base a las necesidades y a los objetivos. Y creo firmemente en el principio de 80% de preparación y 20% de ejecución, aunque la realidad demuestra que  se suelen invertir estos porcentajes y la mayoría de los profesionales en nuestro país prepararan poco sus alocuciones. Puede parecer una pérdida de tiempo dedicar tanto a la preparación. Sin embargo pararse a pensar varios temas antes de hacer nada es casi obligatorio: ¿Qué pretendo conseguir con mi charla o presentación?; ¿Cuál es mi objetivo final?; ¿Cuales son las características del público al que me dirijo?; tipo de auditorio (no es lo mismo una pequeña reunión que un gran auditorio)  y tiempo del que dispongo.

Todos estos aspectos pueden parecer obvios, pero mi experiencia y trayectoria en diferentes Empresas me ha permitido ver cómo grandes técnicos, verdaderos conocedores de sus materias, daban una pésima imagen a través de una mala presentación, que incluso podía hacer dudar de sus cualidades técnicas. Craso error.

Aprender a realizar una buena venta de proyectos o cualidades a través del dominio de técnicas de comunicación, es hoy básico. Ni siquiera nos podemos permitir no practicarlo.
 
 
Seguro que todos recordáis esa famosa frase que pronunció John F. Kennedy y que sobrevive a los tiempos. Todos tenemos en la cabeza discursos legendarios como los de Churchil, Martin Luter King o la dialéctica actual de Obama. Seamos realistas, probablemente no se trate de pasar a la historia, sino de ser eficaz, altamente eficaz en nuestro desempeño profesional.

Compruebo con cierta satisfacción, que los adolescentes de ahora empiezan a hacer sus pinitos con presentaciones en powerpoint delante de sus compañeros y profesores. Es un inicio, les acostumbra a perder el miedo escénico y a ver la comunicación como una herramienta y conocer su mecánica.
 
 
 
En el caso de nuestros gobernantes o en el de la oposición, o de la clase política en general no sabemos si comunican poco o mal. ¿O tal vez hacen ambas cosas?
 


Juan F. Bueno

06 mayo 2013

Una queja es un regalo.

Posted by Juan bueno On lunes, mayo 06, 2013 No comments
 
La frase de "Una queja es un regalo" la he  oído de siempre y me parecía cierto. Ahora ya no estoy tan seguro. La queja ha invadido nuestras vidas. Las oímos por todas partes, en la prensa, en internet, en el vecindario, en cualquier tertulia. Ayer publiqué un post relativo también a la queja y a la búsqueda de soluciones. Hoy profundizo un poco más en el concepto.
 
 

Dice el diccionario de la RAE que “una queja es una expresión de dolor o pena”. En un concepto más técnico es un "escrito o comunicación mediante el cual se pone de manifiesto la insatisfacción de un usuario con un servicio recibido”.
                                              
Y frente a la queja toca la aceptación, la resignación…. O tal vez ¿hacer algo?. Si nos instalamos en la queja, podemos emprender un peligroso ejercicio: El de quebrar nuestras expectativas de romper ese círculo. Quejarse por lo mal que va todo, por lo difícil del momento, porque se pierden valores, porque desaparece la compasión. Quejarse, quejarse, quejarse.

Es cierto que el momento actual no da para grandes alegrías y cuesta un esfuerzo ímprobo levantar el ánimo y mirar el futuro con optimismo. Dulcificar la realidad no es más que un recurso baldío, si no la enfrentamos con criterio. En algún artículo os hablé del concepto del “optimismo consciente” que hoy me parece imprescindible.

Disconformidad, enfado o indignación son sentimientos frecuentes a nuestro alrededor. Y ya sabemos que el día a día, en especial en las circunstancias actuales, podría justificarlo. Pero si algo he aprendido últimamente de una persona cercana, que está profundizando en las enseñanzas del Coaching, es que cada uno de nosotros somos responsables al 200% de nuestras relaciones. Y en la base de muchas de nuestras quejas cotidianas, está la red de relaciones que tejemos con los demás.

Porque quejarnos de lo mal que va la economía, de los millones de parados, de un futuro de color gris oscuro, es una compañía de eficacia limitada. Sobre todo si no hacemos algo al respecto. Y parece evidente que en el aspecto macroeconómico nuestro impacto no puede ser muy grande, pero sí lo será en el ámbito micro. Cada uno de nosotros puede tomar medidas y hacer pequeños cambios en su mundo particular. Y esos mínimos hechos, añadidos a los de otros, a los de enfrente, a los de al lado, impactan en un mundo más amplio. No podemos despreciar lo minúsculo porque la suma de los cambios insignificantes genera los cambios notables e impactantes. Sin embargo, casi siempre, preferimos quejarnos.
 
 
Uno de los ejemplos que me viene a la mente, es el de la viñeta. El tiempo meteorológico es uno de los temas favoritos de protesta y quejas, nunca estamos contentos con el tiempo que hace; cuando llueve, la lluvia es molesta y nos impide hacer planes  y provoca atascos en las ciudades; cuando el tiempo está muy seco nos quejamos de la pertinaz sequía que impide que podamos regar los jardines; si hace mucho calor, "esto no hay quien lo aguante", nos pasamos el día sudando; las nevadas ya sabemos los perjuicios que pueden causar, los pueblos aislados etc….

Otro de los temas estrella para las quejas es el fútbol. ¿Os habéis fijado en las lista de convocados a un partido? Cada españolito parece llevar dentro un seleccionador o entrenador en potencia. Y entonces todo son quejas o críticas, porque ninguna de las decisiones que haya tomado son las correctas.

Y estos podrían ser considerados temas menores, pero cuando hablamos de decisiones políticas o de índole económico o social, entonces son palabras mayores. Cuestionamos cualquier decisión, si se suben los impuestos se disminuye la capacidad de consumo, pero si se bajan tenderemos a creer que hay algo escondido u oscuro en esa decisión y nos quejaremos igualmente.
 

Yo quiero romper una lanza por nuestro país. España siempre ha sido un país aguerrido, acostumbrado a las dificultades, donde las cosas no han sido sencillas (más bien al contrario), hemos sido un país de supervivientes por diferentes circunstancias. Somos un país solidario. Por eso hay que romper ese círculo vicioso. Quejarse pero no hacer nada, no vale. Hay que pensar que no somos el problema, tenemos que ser parte de la solución.
                                                  
Reconozco que casi todo es mejorable, y casi nada perfecto. Pero a veces me pregunto, y si lo fuera ¿nos seguiríamos quejando? No lo sé. No abogo por la resignación, pero sí por tener una actitud activa frente a las cosas y por rescatar también, de esa incoherencia quejica, un montón de cosas por las que nos podemos sentir orgullosos. Somos un país de raza.

La queja, si va asociada a una crítica constructiva, resulta positiva. Un país con ciudadanos exigentes y un poco incrédulos hace que la clase política y la empresarial se tenga que poner las pilas: En especial le hace falta a nuestros representantes. Porque a pesar de la crítica feroz que reciben no dan muestras de “coger el toro por los cuernos”.

Esa queja social, a veces  instalada de forma absurda, se combate con acción, con mejoras, con reflexión, con alternativas.

¿Recordáis lo que dijo Kennedy en unos de sus discursos? : no penséis lo que América puede hacer pos vosotros sino lo que vosotros podéis hacer por América”

Pensemos pues, qué podemos hacer por nuestro país, por nuestra organización, por nuestro barrio, por nuestra familia y por nosotros mismos.

Juan F. Bueno

04 mayo 2013

¿TE QUEJAS O BUSCAS SOLUCIONES?

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 04, 2013 No comments
Escribir un post tras una comida como la de hoy es casi una proeza. Estuvimos en la "fiesta de la lamprea". Es una comida poco conocida fuera de Galicia, pero un auténtico “bocati di cardinale”, para los amantes de este pescado con aspecto poco atractivo, porque es en realidad un culebra de río. La digestión es complicada y reflexionar a través de estas líneas, tal vez ayude a digerir este puente de Mayo, tan familiar y gastronómico.
 



Aquí suelo ojear la prensa local, en concreto El Faro de Vigo y reconozco que, por contener muchas noticias de índole municipal o provincial, tiene  para mí un menor interés. Pero cuando paso aquí unos días, me gusta empaparme de esas noticias tan específicas, tan particulares, tan cercanas, porque muestran un mundo al que me gusta asomarme de vez en cuando.

Cada día aparece una nueva noticia de los afectados por las preferentes, que en esta Comunidad son muy numerosos y que impacta a mucha gente humilde, de un extracto casi rural y con escasos  conocimientos económicos. Si pensamos en productos financieros, de compleja rentabilidad, mejor ni mencionarlo. Sin embargo esas personas han sido "engañadas" por un sistema o sus representantes, que de forma despiadada les han arrebatado los ahorros de toda una vida, en la que se han privado de casi todo.

Leo también, con cierta pena, que el anuncio de 8 puestos de trabajo ofertados por una Empresa de Vigo, ha provocado una cola de 700 personas, que curriculum en mano y con la esperanza por bandera han acudido a la convocatoria. Lo leo con avidez, seguro que se trata de unas ofertas interesantes…. Tal vez me he precipitado en mi pensamiento optimista. La oferta es de... lavacoches. En la cola hay todo tipo de licenciados, ingenieros, gente que procede de la construcción, amas de casa… no hago ningún comentario porque cualquier cosa que diga ante tamaña situación resultaría frívola.

Me detengo en una conferencia coloquio programada en el Auditorio de Vigo bajo el título de este post “¿te quejas o buscas soluciones? Lucha por lo que quieras”. El planteamiento me parece correcto: ante una situación podemos optar por dos actitudes distintas, la de protagonista (de esa forma la solución planteada será de la persona responsable) o la de víctima. Esta última nos posiciona buscando excusas, buscando culpables, buscando qué circunstancias han provocado todo. Nos sitúa al margen, pero con un enorme desgaste sin duda.
 
En el primer caso, al convertirnos en intérpretes principales, podemos asumir los retos o desafíos que nos parezcan adecuados. Seremos los héroes de nuestra propia vida, para bien o para mal, porque a veces se gana y otras se pierde. Pero ese actor principal que decide mandar en su vida, tendrá la íntima satisfacción de decidir qué cosas emprende y por qué, adaptando sus iniciativas a sus diferentes momentos vitales.

El papel de víctima o segundón puede parecer más cómodo. Pero ¿realmente lo es? Las personas que asumen este rol se alejan progresivamente de sus objetivos, siempre buscando justificar los errores y los fracasos en la intervención de los demás. Y resultan muy cansados, poco atrayentes para los que les rodean. No resulta apetecible estar con personas que constantemente se quejan, aquellas para las cuales el lamento es su forma de vida. A mí personalmente me agotan, me consumen la energía.

Evidentemente es una opción de actitud que cada uno de nosotros puede seleccionar, elegir libremente. Y hay que aceptar que habrá personas que opten por una u otra. Es inevitable, pero al menos me parece útil tenerlas detectadas. En mi caso los lloriqueos y lamentos de los denominados “víctimas” me hacen poca mella. Aunque reconozco que hay que hacer un esfuerzo especial para que no te hundan. Estoy convencido que los estados de ánimo se contagian, por eso me gusta rodearme de personas vitales, con fuerza, apasionadas, optimistas en definitiva.
 
El título de este post se lo debo a ese coloquio programado en el Auditorio de Vigo, pero en realidad se lo dedico a todas esas humildes personas que luchan por recuperar sus ahorros y que aquí son protagonistas de noticias a diario. Se lo dedico a ellos porque valoro esa actitud poco mansa, de no resignarse. No se rinden, siguen luchando y la protesta es probablemente de las pocas armas que tienen en la mano. Poco más pueden hacer. Son personas del pueblo llano, de economías muy modestas que han quedado devastadas porque sus euros han ido a parar a productos financieros de nombre impronunciable para ellos. Lamentablemente en lugar de disfrutar de sus jubilaciones, después de una vida de trabajo, ahora madrugan para llevar sus gritos delante de los bancos, o de las autoridades.

Muchos de esos productos de ingeniería financiera llevaban el adjetivo de “fondos garantizados”. Ya sabemos cuál ha sido el resultado. Lo único garantizado es el valor que estas personas demuestran cada mañana.

La lamprea sigue en plena digestión. Pero no me quejo, estaba deliciosa.

Ya sabes, puedes elegir ser víctima o protagonista.


Juan F. Bueno

02 mayo 2013

Tengas pleitos y los ganes

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 02, 2013 No comments
Decía la maldición gitana “tengas pleitos y los ganes”. Hoy se nos fue para siempre un abogado de raza, un gran hombre y amigo. De profesión, abogado. De corazón, un hombre bueno. Le conocía desde hace más de treinta años (sí ya sé, eso suena a que me estoy haciendo mayor) y cumplía a la perfección el dicho gitano. Ganó muchos pleitos y también los perdió, claro, pero con un pundonor y un estilo de los que marcan el recuerdo.
 
 
Pedro era un tipo de poca estatura, luchador nato, con una fuerza y una garra que parecía imposible contenerse en aquel cuerpo. Pero la tenía, la derrochaba a raudales. Se crecía ante las injusticias y hasta parecía más alto cuando argumentaba con una firmeza a prueba de bombas, cualquiera de sus causas.

La maldita enfermedad que se lo ha llevado, le había marcado el rostro y su aspecto era todavía más enjuto. Las fuerzas a veces escaseaban, pero las recuperaba de algún sitio secreto, y haciendo acopio de ellas, hizo algunos de sus últimos juicios con la ilusión de un pasante.

En los últimos meses me asesoró en un tema que ya no pudo llevar él y con esa pasión que le caracterizaba me decía : “Juan vamos a ganar”. Pedro era un ganador y por lo mismo, un luchador.
 
Trabajaba con vocación y pasión. Creía en lo que hacía y representaba esos valores genuinos de persona íntegra que muchas veces he comentado en este blog. Esa actitud de tipo enérgico y combativo con todo lo que le interesaba es la que hoy echamos en falta en grandes dirigentes, empresarios y políticos. Era brioso y emprendedor porque sentía un gran amor por su profesión. De esas personas que engrandecían un oficio.

No quiero escribir una crónica triste porque Pedro no era así. No le gustaban los pusilánimes, creía en el esfuerzo y el sacrificio. Hace unos meses cuando salió del hospital de una revisión me dijo con humor “he suspendido, los médicos me han dejado para septiembre”.
 
Hoy durante su sepelio, los jóvenes abogados de su bufete bromeaban por la poca habilidad de Pedro con las nuevas tecnologías y los líos que se hacía para responder a los e-mail. Era un abogado de raza, de otra raza.
 
Con estas líneas sólo le quiero rendir un pequeño homenaje. Me dijo “Juan vamos a ganar”. Yo también lo creo y le escribiré desde este blog en breve para decírselo. Porque sé que Pedro en el cielo tiene conexión a internet.

Un abrazo, amigo

Juan F. Bueno

DESPACITO Y BUENA LETRA

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 02, 2013 No comments
Estoy pasando el puente con mi familia en Galicia, viajamos ayer y después de más de 600 kms. de carretera, llegamos a la casa familiar, en el extremo más meridional de esta comunidad. El tiempo es muy agradable, luce el sol y la temperatura es suave.
 


Yo soy Madrileño de generaciones y sé valorar las cosas positivas que ofrece una gran ciudad, pero unos días de escapada a este rincón, me permite cargar las pilas, huir del stress y saborear un compás diferente.


A veces me pregunto si somos conscientes del ritmo despiadado que llevamos en las grandes urbes: somos prisioneros de horarios, a veces imposibles, con citas de una punta a otra de la ciudad, y en general el trabajo (quien es afortunado y lo tiene) a bastante distancia del domicilio.

La sinfonía de este lugar, en el que ahora me encuentro, es la del ruido lejano de algún coche que pasa (pocos, aunque estamos en la frontera con Portugal), algún vecino que saluda, las niñas que no paran de gritar y correr, disfrutando de una libertad nueva para ellas. El tiempo tiene una cadencia distinta, los días parecen ser simétricos y el tiempo no atiende a disciplinas de relojes, ni reuniones a horas intempestivas.

Despacito y buena letra es el título de este post, porque este sitio inspira poesía verde, como su paisaje. Al fondo brilla el mar y la desembocadura del Miño. El movimiento sólo responde a necesidades auténticas, nada es superfluo, ningún movimiento es innecesario. Todo responde a las fuerzas de la naturaleza que lo largo de miles de años ha permanecido inalterable.

Este remanso de paz facilita hacer un análisis más relajado, con una óptica distinta y desde una perspectiva más entrañable.

Comemos merluza recién pescada, insultantemente fresca, y a unos precios con los que en Madrid no pagamos ni los huevos. Los sabores tienen otra intensidad, otros matices.

Alrededor hay un montón de fiestas con origen en la degustación de productos típicos de la zona, la fiesta del pez espada, la del vino del rosal, la de la lamprea... Cualquier excusa es buena para festejar algo en torno a la comida. Los gallegos no son un pueblo precisamente alegre, pero se crecen en torno a un plato bien cocinado y entonando algunas de esas nostálgicas canciones gallegas que son capaces de sumir en la más profunda de las morriñas al más avezado optimista.

Decía Machado (hombre de sentimientos muy arraigados a su tierra y a las cosas sencillas, pero no exentas de valor ) que “el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”.

Como os decía, aquí las prisas es un concepto que explican los que vienen de la capital y el stress es una palabreja que afecta a los señoritos un poco pusilánimes que viven en el centro.

Desde este recodo de ancestros celtas, escribir se convierte en una pequeña burla a la tranquilidad, y un desafío a la técnica. Tengo que ir a un bar próximo para poder conectarme y enviar el post.
 
Pero me saludan, me llaman por mi nombre y me tomo un café delicioso que cuesta un euro (¿os acordáis de los precios de los que hablaba Zapatero?), pues aquí son reales. Aprovechando mi visita al bar para conectarme, mi mujer me pide que compre el bizcocho casero que desayunamos (hecho con los huevos de casa, claro).

Por eso, recuerdo esos placeres sencillos y a la vez auténticos, que rememoraba Machado sobre su tierra. Este no es mi lugar de nacimiento pero me siento aquí como pez en el agua.

Incluso me permito escribir lentamente, no hay horario, el bar cierra muy tarde y además me tomaré, si me apetece, un trozo de empanada y un chupito de aguardiente "blanca", cuando vaya a publicar el post.
 
El dueño me mira sorprendido cuando ve lo que hago, “estos de la capital siempre andan acelerados”, dice con un marcado acento gallego, mientras me trae otra ración de empanada.

Humm al menos hasta el domingo, “despacito y buena letra”.

 
Juan F. Bueno

30 abril 2013

Fuerza, pasion y falta de profesion.

Posted by Juan bueno On martes, abril 30, 2013 2 comments
Este fin de semana disfruté de un tranquilo domingo con mi mujer, fuimos a ver el musical flamenco Carmen y después tomamos algo en una cafetería. Hasta aquí todo normal. Pero debo reconocer ante vosotros, seguidores y algunos amigos, que mi trayectoria de más de tres décadas en la Dirección de Recursos Humanos de varias Empresas me está pasando factura. Para bien y para mal. Porque no puedo evitar proyectar algunas de mis vivencias cotidianas desde esa óptica de analista y gestor de personas.
 

 
¿Qué quiero decir con esto? Disfruté del espectáculo flamenco y mucho, y si hay alguna imagen que pueda asociar con lo visto es la fuerza, la garra, la pasión que desborda la obra y sus personajes, extrema, desgarrada, pero inevitablemente enardecida. Esa particularidad mía de apasionado de los Recursos Humanos (un malintencionado amigo mío habla de “recortes humanos”) me hacía pensar que esos atributos faltan hoy a nuestro alrededor, me cuesta encontrarlos en nuestra cotidianidad empresarial.

Sí, echo de menos cierto ardor, ímpetu, furia (en positivo), o sea muchas ganas, y ya lo dije antes, pasión. Así, escrito en rojo. Por lo tanto, creo que falta ilusión, alegría, esperanza ante los proyectos. Y estos no tienen por qué ser grandes empresas ni complicadas puestas en escena. Lo que hace falta es la emoción en cada cosa que hacemos, en cada tarea de nuestro entorno laboral.

Pasión a raudales. Toneladas de pasión  (si esa fuera su unidad de medida). Aprecio a mi alrededor cierta apatía que me entristece profundamente porque es mala consejera para ver la luz, esa que esperamos todos ver al final del túnel en el que nos encontramos inmersos. Creo que es imposible alcanzar el éxito si no se siente una gran pasión por el propio trabajo. ¿No os resulta difícil pensar en grandes triunfadores que no disfrutan enormemente con lo que hacen?

La llegada al teatro para ver el espectáculo fue un poco accidentada. La acomodadora se confundió en la numeración de las filas y nos sentó en el sitio equivocado, de modo que pasado un rato llegaron los ocupantes de esas butacas. La señorita muy amablemente nos indicó nuestro lugar que también estaba ocupado. En fin, resultaba cómico ver a los espectadores intentado arreglar el desaguisado. Era un "tetrix" humano.

Y este gestor de personas que soy yo, no pudo abstraerse de ese pensamiento que ya he compartido en otras ocasiones con vosotros, "es imprescindible que el personal esté adecuadamente formado, preparado para hacer su trabajo". No hace falta que exponga por qué. El teatro estaba lleno, sobre todo  de extranjeros, que observaban atónitos  el revuelo formado.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.
 
Cuando salimos del teatro, decidimos entrar en una cafetería, una prestigiosa cadena francesa, para tomar algo. El camarero nos atendió con desgana, tras insistir mi mujer en dos ocasiones, dada nuestra condición de invisibles (¿cuantas veces os habéis sentido invisibles ante un camarero?). Pedimos un café y un té. Al cabo de más de un cuarto de hora llegó otro camarero (sonriente, pero más despistado que el anterior) con dos cafés. El primer camarero se había equivocado con nuestras consumiciones. ¡Hum me pregunto que hubiera ocurrido si la comanda hubiera sido "lenguado en papillote con salsa bordelaise y la paupiette al punto con reducción de Pedro Ximenez"! El camarero corrió raudo a cambiar el café por un té para mi mujer. Ella es una mujer optimista por naturaleza y, desafiando el entorno, se animó a  pedir una tartaleta de manzana para compartir.

La secuencia, va como sigue: yo me tomo el café, cuando llega el té de mi mujer han pasado veinte minutos (supongo que Ceylan queda lejos) y cuando ambos habíamos acabado llegó la deliciosa tarta.

Los dos camareros eran jóvenes aunque parecían llevar una pesada carga a sus espaldas teniendo en cuenta la velocidad a la que se movían. Sonreían casi sin sentido, porque… apenas hablaban español. Ay desolador!

Eran estudiantes de Erasmus a los que les pagarán una miseria, pero mientras ellos practican el idioma, y resultan baratos porque gracias a su beca, ya tienen sus coberturas. Mientras la cadena francesa (dicen que venden calidad) apuesta por lo contrario: mal servicio, carente de todo orden, pero eso sí, a precios que casi triplican los de una cafetería normal.

Un amigo mío, poco cultivado, pero lleno de sabiduría me decía “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Por eso os decía al principio de este post, que mi profesión me condiciona a veces para mal. No puedo pasar  una tarde de flamenco y merienda sin más reflexión, sin sacar conclusiones.

Siempre he sido un ferviente defensor de la formación, de la correcta capacitación de los empleados en su puesto de trabajo. Y la realidad me da la razón de forma obstinada. El domingo había acabado.

El lunes  por la mañana me dirijo a una oficina de la Seguridad Social en la que tras sacar el número correspondiente e intentar hacer el trámite yo mismo en un ordenador que no funcionaba, me atiende una funcionaria. Muy amablemente me da una hoja de instrucciones que hay que seguir para que “usted desde su casa se prepare el certificado”.

Cuando manifesté mi sorpresa por esa respuesta de “hágalo usted mismo” me conminaron amablemente a seguir las instrucciones y si tiene alguna dificultad “entonces vuelva por aquí otro día”.

Y claro, ese dichoso gestor de personas que tiene más de tres décadas a sus espaldas, se pregunta, “si la mayoría de las gestiones las tenemos que hacer los ciudadanos – contribuyentes ¿no sobrará algún funcionario”? (y esto lo digo sin ninguna acritud, que sé lo que está sufriendo este colectivo en sus propias carnes con las reducciones de sueldo y pagas extras y sin la cobertura de vacantes) 

Eso sí, todo me lo dijeron con una sonrisa, con mucha amabilidad, aunque eficacia…. Cero. La acomodadora, el camarero, la funcionaria…. Y no quiero caer en ningún tópico sobre los funcionarios: he conocido muchos empleados absolutamente involucrados, no solo en la Administración pública, sino también  en la Empresa privada.

Lo dicho, falta un poco de pasión y un mucho de ganas.

Ay que ver qué visionario aquél amigo mío que me decía: “Juan, aquí lo que falta es profesión”.

Juan F. Bueno


 

29 abril 2013

Noticias dramáticas, incluso increíbles

Posted by Juan bueno On lunes, abril 29, 2013 2 comments

Las noticias que he tenido ocasión de oír estos últimos días son de las que estremecen en lo más hondo; y no hablo ni de las cifras del paro ni de ningún escándalo de corrupción.  Me refiero a noticias como la de un parado que quiere atentar contra la vida de unos políticos italianos, con motivo de la toma de posesión del nuevo primer ministro  y acaba hiriendo a unos policías y a una embarazada. O la de una fábrica textil que, al hundirse, deja más de 400 muertos en Bangladesh, siendo que previamente algunos trabajadores habían informado de la aparición de unas inquietantes grietas, sin que su voz fuera escuchada, o las relativas a la enésima pista falsa sobre la desaparición de Marta del Castillo… prefiero no seguir. Y no termino, porque cuando estaba acabando de escribir este post  llega la noticia  de la detención de una madre en Córdoba,  por matar presuntamente a su hijo,  arrojándose al río Guadalquivir.  Y todo esto sucede  sin que aún se hayan desvelado las claves del atentado en la maratón Boston.


¿Pero qué tipo de noticias son éstas? Me recuerda a aquellas que aparecían en el desaparecido periódico sensacionalista "El Caso", que eran tan truculentas que se decía que a veces eran inventadas. Ahora no. Ahora son tan crueles que hasta cuesta creerlas.

Sé perfectamente que las noticias, más o menos dramáticas, están al orden del día, pero lo que me impacta sobremanera es el despropósito total, la infinita crueldad. La brutalidad con que se nos relatan ciertas actuaciones, es hasta dañina. Son sucesos en los que la maldad parece una palabra inocente: se actúa con salvajismo, impulsado por la barbarie, y además ésta se ensaña con horror en los seres más allegados como son los hijos.

¿Qué le está pasando a nuestra sociedad? ¿Qué negros pensamientos pueden alentar a cometer semejantes atrocidades? Esta inusitada violencia ¿a dónde nos conduce?.

Reconozco que estas barbaridades, a manos de otras personas, me provocan las más sombrías sensaciones. Me conmueve cómo pueden quedar las vidas de las personas cercanas a esos asesinos (presuntos, claro), aunque a sus víctimas no se les pueda aplicar el adjetivo de “presuntos”. Ellos lamentablemente ya son reales.
 

No quiero escribir una crónica negativa, soy un ardiente defensor de la motivación, la energía, el positivismo, pero debo reconoceros que hay días en que, mantener esa actitud, cuesta un enorme esfuerzo.

¿Qué pasa con nuestros valores? Estos comportamientos sólo pueden provocar decepción, dolor y rechazo. Es que ante asuntos de esta magnitud, no hay una buena noticia que pueda contrarrestarla. Pero yo quiero seguir confiando en el ser humano, en que somos esencialmente buenos, en que estas situaciones sólo pueden ser excepcionales, propias de almas atormentadas y seguramente enfermas. Que es raro, muy raro que esto pueda ocurrir. Es antinatural y por tanto poco frecuente.

Sólo pensando así uno puede seguir adelante ¿no os parece? Desde este blog hablamos del desarrollo de habilidades, de áreas de mejora, de crecimiento personal y profesional… pero para que todo eso tenga sentido debemos trabajar con personas normales.

La normalidad, la sensatez, la cordura, deben de ser las inspiradoras de nuestra vida. Estas noticias que hemos comentado, son tan extremas que dejan todos nuestros temas de desarrollo profesional al margen: en un ridículo segundo plano.

Por eso voy más allá, los valores que están en la base de nuestra Sociedad, de nuestras Empresas, de nuestras familias son sagrados. El respeto, la educación, la consideración hacia otros seres humanos, en un plano de igualdad total, es imprescindible para mantener una convivencia pacífica.
                     
Sin eso no hay vida, nuestra existencia sería un imposible, más propia de animales salvajes que de seres dotados de raciocinio. Nuestra energía tiene que volcarse en el avance de la humanidad, en el progreso. Y si se manifiesta en algún grupúsculo una tendencia malévola, ésa debe de ser apartada con los mecanismos que cada sociedad, en base a sus leyes, tenga establecidos.
 
La paz en el mundo es una utopía, pero es que esto es la guerra. He oído que alguien, en un medio de comunicación, hacía referencias a estos hechos tan horrendos y afirmaba que “la crisis está sacando lo peor de cada uno”. Yo me niego a creer tal barbaridad. Un difícil momento económico como es éste, nos lo pone desde luego más peliagudo y nos estamos enfrentando a momentos duros, espinosos, en los que nuestros sentimientos pueden ser confusos, pero eso está muy lejos de cometer ese tipo de atrocidades.

Quiero pensar que, como dije antes, esto es sólo una excepción. Y voy a acabar con una frase que es una invitación a la reflexión “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos.” Martin Luther King.

Juan F. Bueno

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