23 mayo 2013

Gestionamos las emociones en la Empresa?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 23, 2013 No comments
El término emoción tiene su origen en el latín “motere”. Las emociones son impulsos a la acción. Son el motor que nos mueve. ¿Nos debería de mover, o realmente lo hacen? No es tan lejana laépoca en que se recomendaba a los hombres no mostrar sus Emociones en público; mucho menos llorar, eso era un síntoma de debilidad extrema….  Un tremendo error.
 
 

Ahora que parece que ya hemos facilitado a los hombres poder expresarse, pensemos en nuestras organizaciones empresariales. ¿Gestionamos las emociones? ¿Las expresamos, siquiera?.
 
Recordemos las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia. Hay numerosas clasificaciones y emociones que resultan de la combinación de esas cuatro básicas. Pero limitándonos a éstas, para hacer un análisis sencillo, ¿Realmente alguien cree que es posible que los trabajadores no experimenten en su día a día alegría ante un ascenso, por ejemplo; tristeza ante el despido de un compañero; miedo ante la situación económica que pone en peligro a su Empresa (y por ende los puestos de trabajo de sus colaboradores) o rabia cuando fracasa un proyecto al que había dedicado enormes esfuerzos?
 

Esas emociones a veces nos desbordan, cuando no las podemos controlar, y en otras ocasiones nos bloquean, cuando son incapaces de aflorar. Y eso nos ocurre en la vida personal y en la profesional, no nos engañemos.

¿Realmente alguien cree que cuándo entramos en el despacho, la oficina o la consulta nos desprendemos automáticamente de nuestro cerebro reptiliano que se queda cómodamente esperando en casa?
 

Las emociones se reflejan en nuestro cuerpo, tanto si las reconocemos como si no lo hacemos, tanto si les ponemos nombre como si somos incapaces de hacerlo. Todas tienen un impacto físico en nuestro cuerpo, que no podemos evitar, aunque sí gestionar o modular. Las emociones hablan de quienes somos y de cómo nos comportamos.
 
Las emociones están en las Empresas porque están en las personas y  las organizaciones se integran por personas que piensan y SIENTEN. Sé que resulta un poco complejo ligar la cuenta de resultados a las Emociones, pero no dudéis que es así. Una Empresa con un alto grado de motivación, con un adecuado clima laboral, con un bajo nivel de conflictividad, tiene más posibilidades de alcanzar el éxito.

Dije al principio del artículo que las emociones provocan la acción en las personas y de igual modo lo hacen en las Empresas. Hay dos momentos en la vida de las organizaciones en los que creo que hay que gestionar más con inteligencia emocional: En momentos de cambio y cuando queremos fomentar la creatividad y la innovación.
 
 
Aunque ambos temas son los suficientemente amplios e interesantes como para dedicarles otro artículo, os propongo que pensemos brevemente en estas situaciones.  Cuando hablamos de cambio en las organizaciones lo que proponemos es cambiar procesos o sistemas tras los cuales se encuentran personas. Con sus valores, creencias, miedos….. Quien sepa manejar todas esas sensaciones tan contradictorias tendrá en su mano el éxito.
 
Si nuestro objetivo es la creatividad e innovación necesitamos un líder que sepa ilusionar, imaginar el futuro, construir, visualizar sueños, hacernos partícipes de ellos, ayudarnos a pensar de una forma diferentes, rompedora…. ¿Todo esto dónde está ? ¿En la emoción o en la razón? ¿O en ambas?
 
Definitivamente no podemos negar el papel fundamental de las emociones en nuestras vidas. El líder actual debe crear y gestionar ilusiones, ya que sólo a través de la ilusión y la visión compartida se puede alcanzar un compromiso genuino, especialmente en estos tiempos difíciles que estamos viviendo.
 
Recuerda: alegría, tristeza, miedo y rabia.
 
Juan F. Bueno

21 mayo 2013

La "Cocina" de nuestras Empresas: MasterChef

Posted by Juan bueno On martes, mayo 21, 2013 2 comments
Gracias a la afición de mi mujer por la cocina, he tenido "ocasión" de ver algunos momentos del programa Masterchef. Es, desde luego, un buen ejemplo de lo que una campaña de publicidad previa puede conseguir para el lanzamiento de un programa. Se creó mucha expectación con atractivos anuncios, mensajes misteriosos, etc. Lo menciono porque creo que a veces a los españoles nos falta ese concepto del márketing para vender nuestros productos, para contar nuestras excelencias. Aspecto éste, que nuestros vecinos franceses, por ejemplo,  desarrollan a la perfección y desde hace mucho tiempo. Y si no, ¿Cómo puede explicarse el fenómeno de Beaujolais nouveau?.
 



El programa se anunciaba como un “talent show” que no es más que la forma elegante de presentar un programa de habilidades, de personas aficionadas a la cocina que pretenden aprender y ganar el premio final. De estos programas hay muchos y lo cierto es que ninguno capta mi atención. Saber cantar, bailar, hacer malabarismos....

Masterchef tiene un componente diferente porque se desarrolla en una cocina. Siempre he creído que ése es el lugar donde se "cuecen" las decisiones de las Empresas. Cuando viene una visita comercial o un cliente o una institución le pasamos a la sala de visitas o sala del consejo o cualquier lugar elegante en el que reunirse. No les llevamos a la cocina, pero es ahí donde se elaboran las decisiones.
 
Los elementos que aparecen en la cocina, lo hacen también en cualquiera de nuestras Empresas, grandes o pequeñas. Esto son: trabajo en equipo (en las pruebas de grupo) enorme competitividad (cuando se enfrentan de forma individual), retos (más o menos apasionantes y difíciles), tolerancia a la frustración (unos ganan y otros pierden), manejo del estrés (poco tiempo, dificultades sobrevenidas), conflicto (inherente a la condición humana), gestión del tiempo, planificación, de las prioridades (qué cocino primero, cuánto tiempo necesito para cada plato). Como podéis ver no falta nada. A todo ello hay que añadir todas las habilidades inherentes a la gestión de un equipo, lograr la cohesión entre sus miembros, asignar roles (cada uno hace aquello en lo que es mejor), criterios de eficiencia (utilizar los productos estrictamente necesarios para lograr el mejor plato, como se encarga de recordar siempre la presentadora),  celebración de los éxitos (abrazos y alegrías), y feed back del jurado (la función de los superiores jerárquicos o de Recursos Humanos y que muchas veces nos falta en el ámbito empresarial). El más severo de todos ellos dice “te ha fallado la actitud”, “atrévete, puedes hacer más cosas”, “sigue innovando, tienes un gran potencial”.


Si trasladáis estas conversaciones se pueden producir en cualquier despacho de cualquier Empresa de nuestro país, entre un jefe y su colaborador.
 
Pero en el programa de esta semana, hubo una reacción que mereció las alabanzas del jurado y me dejó prendado de la escena. Una de las concursantes, una chica joven, peleaba sin cesar contra un pescado de gran tamaño al que no conseguía quitarle la piel. Después de varias intentonas la joven, visiblemente agobiada, se volvió hacia otro compañero (una de las promesas del programa) y le pidió ayuda. Éste sin atisbos de duda se abalanzó sobre el pescado y con todas sus fuerzas consiguió dejar limpio el pescado. El muchacho volvió a su puesto y siguió con la preparación de su plato. Se trataba de una prueba en la que cada concursante compite contra el resto de concursantes y además se jugaba su permanencia en el programa, y por lo tanto seguir con su sueño.
 


Las reseñas del programa decían “Juan Manuel gran cocinero y mejor compañero”. Por eso es como la cocina de una gran Empresa, donde a pesar de las rivalidades, hay personas solidarias, dispuestas a echarte una mano, con actitudes de fraternidad, de cooperación, actitudes responsables y cercanas que hacen que confiemos en la persona que se sienta a nuestro lado.
 

Y por supuesto hay rencillas y conflictos y dificultades de comunicación. Ya decía antes que eso es inherente a la condición humana. Un grupo que convive y trabaja, deberá asumir los buenos momentos, sabiendo que habrá otros no tan buenos. Hay que saber que las relaciones se erosionan a veces con el tiempo, con los elementos de presión, con el propio devenir de los equipos. Pero tan responsable y solidario como la actitud de Juan Manuel, es disponer de herramientas para gestionar esos conflictos o dificultades y querer ponerlas en práctica.
 
Cada semana hay un concursante menos y el cerco de la dura competencia, se va cerrando sobre ellos. Todos tienen un anhelo, pero sólo uno lo alcanzará. Todos tienen cualidades y conocimientos pero hacen falta más cosas, entre ellas una actitud adecuada y una mentalidad ganadora, fuerte, entregada.
 
¿y qué me decís de la creatividad y la innovación? Imprescindible esa capacidad de hacer las cosas de forma distinta, nueva, pero coherente y con sentido. ¿Cómo se puede sino preparar una ensalada de algas (era la primera vez que el concursante las tenía en sus manos) con aliño de olivas negras? ¿Cómo preparar un arroz de ortiguillas, si no se conoce a ese bicho? Decía un miembro del jurado “es la riqueza de nuestro litoral, hay de todo”. Y yo digo lo mismo, es la inmensa variedad de la casuística que se nos presenta en las Empresas. A veces trabajamos en entornos cómodos con ingredientes conocidos y lo solucionamos como hizo una de las concursantes, con unas tradicionales lentejas. Pero a veces la cocina o la Empresa, se convierte en un lugar más inseguro en el que hay que trabajar con ingredientes poco conocidos (pescado y mariscos que no habían visto nunca) (personas nuevas, jefes nuevos, de distinta cultura y nacionalidad, gente fácil o difícil, gente de paso o con vocación de durar). En definitiva, proyectos arriesgados en los que pisamos terreno desconocido y del que debemos salir airosos.


Ah y todo eso aderezado con un jurado que no nos lo va a poner fácil (jefes, compañeros, el mercado, la competencia, los precios, la sociedad en general...).
 

Lo dicho: Masterchef, un “talent show”, o la cocina de las Empresas.
 
Juan F. Bueno


17 mayo 2013

Mal negocio es regatear en los sueldos

Posted by Juan bueno On viernes, mayo 17, 2013 15 comments
Veo la publicación de estudios y estadísticas en el que se reflejan la reducción en los salarios que se ha experimentado en los últimos 5 años. Cierto es que la crisis nos está dejando sin alegrías económicas y todos, empresarios y empleados tratamos de ajustar los presupuestos a lo estrictamente necesario. Sin embargo, como en casi todo en el medio está el equilibrio, casi la virtud.
 

Ahora asistimos a la drástica rebaja de salarios en niveles altos de las organizaciones y he visto alguna oferta para directivos cuya oferta económica es casi insultante. Pero lo que todavía resulta más sangrante es que el mayor ajuste se ha hecho este año pasado en los salarios más bajos.

Esta situación es muy viciosa y me explico. El directivo que ahora se encuentra en el paro estará dispuesto a aceptar una oferta muy por debajo de su valía y experiencia, pero esa es sólo una decisión temporal. A la larga es una pérdida de tiempo para empleado y empleador. Este último verá como su directivo-mal-pagado está escasamente comprometido y con la vista puesta en el mercado oteando la primera oportunidad laboral que se ajuste a su perfil. El empleador tendrá así a alguien infra motivado que sabe que es más fácil encontrar otro trabajo estando activo que desde el paro. El empleado aceptará ese puesto como un mal menor mientras surge uno más acorde.
 
Así todos pierden, o mejor dicho, nadie gana. Porque las dos partes, empleador y empleado viven una situación de clara inestabilidad. Fomentarlo me  parece un desatino.

Con esa pretendida intención de ganar competitividad se permite rebajar los sueldos, pero esto está forzando realidades un poco absurdas. No se puede pretender contratar a un directivo, en una importante área de responsabilidad ofreciéndole un salario muy por debajo del mercado y a una tercera parte de lo que ganaba hace unos meses. Como ya dije antes, eso sólo genera inestabilidad, desequilibrio entre lo que esa persona puede aportar y lo que puede recibir. Y en ese caso esa alternativa es únicamente temporal.  La inestabilidad y escasa oferta del mercado de trabajo actual provoca estas oscilaciones. Claro, hemos pasado de una época de bonanza histórica a una de crisis también histórica.

Soy consciente de que el mercado se tiene que ajustar, ya que no es ni más ni menos que la ley de la oferta y la demanda, aunque también sobre este planteamiento hay teorías. Algunos economistas sostienen que ajustar los sueldos en función de la competitividad de los empleados y contratar con salarios a la baja, es condición necesaria para recuperar la competitividad que nos hará salir de la crisis. Mientras que otros expertos, a los que tampoco les falta razón, sostienen que  la rebaja de sueldos genera una mayor contracción en la demanda, afectando al consumo, y generando más pérdidas de empleo. Un auténtico círculo vicioso.
 
La solución es compleja, lo sé. Pero es que, en ocasiones,  parece que estamos en un zoco marroquí dispuestos a regatear, buscando el chollo, tratando de contratar a un directivo al que en otra época no hubiéramos podido aspirar. El regateo me parece mala política como elemento de contratación. Y desde luego no ayuda para nada a la motivación y, por ende, la productividad.

Leo una noticia de ayer en la que afirma que la comunidad autónoma en la que más se han bajado los sueldos a lo largo del pasado año es Galicia.  Se trata de una comunidad especialmente castigada por el desempleo.
 

 
El salario es sólo uno de los componentes de la motivación laboral. Ni el más importante ni el fundamental. Todos conocemos a personas que no tienen un gran sueldo pero están contentos en trabajos que les gustan, con buen ambiente y donde pueden crecer profesionalmente. Todo eso es salario. Emocional. Tiene un valor incuestionable. Pero a lo que no podemos llegar es, aprovechando la crisis y amparándonos en ella, ofrecer sueldos que no cumplen las condiciones “higiénicas” exigibles, porque de "palmaditas en la espalda," no se vive.
 
 
 
Juan F. Bueno

 

16 mayo 2013

¿Exportamos talento o lo machacamos?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 16, 2013 2 comments
Las noticias nos cuentan, de forma insistente, algunas novedades bastante descorazonadoras, la verdad. A saber: Una Empresa española gana un concurso de innovación para fabricar 11.000 bicicletas  para una Empresa de Dinamarca, pero nuestros inventores no consiguen la financiación necesaria en nuestro país, ante la indiferencia de los bancos. Resultado: La idea se  ha vendido a Alemania, donde se fabricarán.
 
 
Un joven físico español no consigue la beca Ramón y Cajal que le permitiría volver a investigar en nuestro país porque su c.v. no es lo suficientemente bueno. Resultado: El mismo día recibe el Premio como mejor joven Físico Europeo.
 
Si no fuera por lo duro del tema, hasta podría resultar cómica la razón alegada por la comisión que juzgaba las peticiones: Afirmaba  que el joven Diego Martínez no tiene  “liderazgo científico”. Martínez ha trabajado en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra y ahora lo hace para el Instituto de Física de Partículas de Holanda (Nikhef).
 
La última noticia (mañana habrá más) es la de la joven española que participó en la investigación sobre células madre. Nuria se fue de España al ser despedida en el ERE del Instituto Príncipe Felipe de Valencia. Ahora trabaja en Estados Unidos, con una trayectoria brillante.
 
Esto, a mi me provoca una enorme tristeza. Supongo que al resto de mis conciudadanos, también lo hará. Hoy también podemos leer en la prensa que el año pasado emigraron a Alemania más de 12.000 españoles.

La situación sería aceptable, si nuestros compatriotas salen a buscar fuera una mejora de las condiciones laborales. Pero, lo que realmente salen a buscar es la oportunidad de poder trabajar. Oportunidad que aquí se les niega. Natural y humano. Siempre ha sido así. España fue durante décadas país de emigrantes que incluso cruzaban el charco tras nuevas oportunidades. Y también durante años nuestro país acogió a miles de personas que encontraban aquí las esperanzas que no existían en sus lugares de origen. Eso era así y todos, tanto los países que generaban mano de obra, como los que la recibían, lo entendían como un proceso, que dentro de los límites normales, era manejable.

Pero ahora asistimos a un fenómeno distinto, que me resulta hasta cruel, si me permitís la palabra. Me niego a creer que estamos exportando talento. Lo estamos machacando, aniquilando y lo que es peor, lo hacemos de forma impune. Porque esos investigadores que están fuera, manifiestan su deseo de volver a su país, a su casa, pero dicen que es imposible en la situación actual.

Desde el punto de vista de su formación y experiencia, estas etapas que se viven en el extranjero, son valiosísimas, porque se atesora una cantidad de conocimientos y prácticas que, sin duda alguna, redundan en las habilidades y maestría de esos profesionales. Sin embargo, mientras estas personas amplían fuera sus aprendizajes y logran éxitos como los mencionados, aquí se nos produce un auténtico agujero. Mejor dicho, un pozo. Oscuro y lúgubre que nos situará a la cola de la investigación internacional y del progreso. Y no por falta de profesionales cualificados. No. Los tenemos y además tienen muchas ganas de trabajar, de luchar, de crecer. Y de no irse de su país. Pero se ven empujados a hacerlo.
 
Como decía uno de ellos en una entrevista “me apasiona la investigación, pero tengo que comer todos los días”.
 
Se van sobre todo, personas jóvenes muy cualificadas. Con grandes capacidades, mentes bien preparadas que se ponen al servicio de otros países, porque en el suyo (que les ha fallado) además falla casi todo: Los sueldos y las oportunidades; la seguridad y la investigación. Por eso hablamos de un tipo de emigración diferente al de  nuestros  abuelos y bisabuelos que se iban con la cabeza y el corazón (y una maleta de cartón atada con cuerdas)  pero indudablemente con muchas menos competencias y preparación que la de estos nuestros jóvenes de ahora. Y esto es lo lamentable. Tan respetuosa es una emigración como otra. Durísimo tener que irse. Pero es que en este caso, todo ese talento que se escabulle, es imprescindible para alcanzar la tan mencionada competitividad que necesitamos para salir de la crisis. Todo ese talento que se evapora, es capacidad que tenemos que restar mientras otros países con los que tenemos que competir, lo sumarán.

Esto significa   que las neuronas de nuestros profesionales están en plena forma y dan resultados, pero lo hacen lejos de casa. Lejos del país que les ha proporcionado la formación necesaria. Sin el necesario apoyo financiero, la fuga de cerebros que parecía propia de Rusia por sus pésimas condiciones económicas, la tenemos aquí, en casa. Y lo que me temo es que esto no ha hecho más que empezar.

 
Por favor. Nuria, Diego, Pepe, Luis, María, aprended mucho y volved pronto. Sois el resquicio que nos queda para colarnos en la carrera de la competitividad.

Juan F. Bueno
 




14 mayo 2013

Unas veces se gana y otras se aprende

Posted by Juan bueno On martes, mayo 14, 2013 No comments
El error no está bien visto. Pensad en vuestro alrededor. En mi entorno nadie se jacta de haberse equivocado en muchas ocasiones o de sumar numerosos fracasos. Sin embargo, tampoco conozco a nadie que triunfe a la primera, que todo lo que emprende son éxitos rotundos y que sólo acumula triunfos. No nos engañemos, para presumir de victorias, es imprescindible probar, intentar, fallar, acertar, reflexionar y volver a empezar. Es un círculo bendito porque es el que nos permite conquistar nuestras metas, asumir retos y cuando sea preciso, modificarlos.
 
 
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,  el error es “una acción desacertada o equivocada”. Pero por qué y para quién. El error lo será en función de quien lo evalúe. Creo que es mejor pensar que, en lugar de cometer errores (que tiene una carga negativa ancestral), en ocasiones obtenemos resultados positivos y a veces éstos son negativos o mejorables.
 
A mi entender hay 3 actitudes fundamentales en torno al error :
• La primera es  Aceptarlo y no tratar de ocultarlo. Ese sentimiento de oscurantismo, no es en absoluto bueno, pero a veces es una reacción visceral ante la cultura en la que al error le corresponde la reprimenda o incluso el castigo
• Reparar sus consecuencias, si éstas han sido muy perjudiciales para algo o alguien.
• Aprender, aprender y aprender. Todas las equivocaciones nos enseñan una forma de no hacer las cosas, un modo desacertado de llevarlas a cabo.
 
¡No lo perdamos de vista! Es una fuente de aprendizaje constante. Pero para que se produzca ese aprendizaje, hay que hacer un análisis de cómo se planteó el tema y de los posibles fallos. O sea, debemos recapacitar para poder crecer a través del aprendizaje.
 
Esto no garantiza que no volvamos a errar, pero hay muchas posibilidades de que la próxima vez, lo haremos mejor.
 
Una vez sentada esta premisa quiero ampliar ese campo al éxito. Sí, porque estoy plenamente convencido que también la persona se crece y se forma a través del acierto. ¿Por qué no?. Me niego a pensar en esas frases lapidarias en las que se insinuaba que sólo equivocándose y sufriendo se aprende y se experimenta. También se aprende  a través del triunfo, del éxito, de las cosas bien hechas. Y la metodología es la misma que en el caso anterior: pararse a analizar concienzudamente lo que ha funcionado, y para nada atribuir el éxito a la suerte. “al saber le llaman suerte” decía un pensador. Y como nos recordaba nuestro querido y malogrado Seve Ballesteros, cuando una señora le decía "Hay que ver la suerte que tiene Vd." y él le contestaba: "Así es, y cuanto más entreno, más suerte tengo"
 
Nada conduce mejor al éxito que el propio éxito. Además provoca una retroalimentación maravillosa, positiva y que nos carga de energía.
 
Ignoro si se aprende más a través del éxito o del fracaso, lo que sí creo es que se logran más éxitos gracias a un mejor autoconocimiento, a un mejor entendimiento de las capacidades propias de cada uno y de afrontar los objetivos con una estrategia que analice las posibilidades reales, los medios con los que contamos, el tiempo… y en la que también se valore la posibilidad de que las cosas no salgan como estaba previsto. Saber cuáles son las consecuencias de alcanzar el éxito o de vivir un fallo. Nada más y nada menos.
 
El éxito seguramente nos anima a continuar, a intentar más victorias. El riesgo en cuanto al fracaso, es que nos desanime cuando se produzcan varios fallos y eso provoque parálisis. No, eso nunca.
 
¿Sabéis que fue el descubrimiento de América? Pues nada más y nada menos que un fallo de cálculo de Colón que creía haber llegado a las Indias.
 
¿Qué hicieron los Beatles, cuando la compañía discográfica Decca Recording Company, les rechazó  diciéndoles “no nos gusta como suenan y  la música con guitarras ya no se lleva”? nada que añadir.
 
A Ronald Reagan le rechazaron en una película para hacer de presidente de Estados Unidos porque “no tiene aspecto de presidente”. Sin comentarios.
 
“640 Kb de memoria deben ser suficientes para cualquiera . . .” Bill Gates en 1981.
 
El descubrimiento de la penicilina fue el resultado de más de mil errores.
 
Si todas esas personas se hubieran venido abajo, la historia se habría escrito de otra manera.
 
Os invito a ver el siguiente video, que contiene una muestra de sonoros rechazos, que hicieron historia : El mejor video de motivación.
 
Algunas veces se gana y otras se aprende. Algunas veces se gana y además se aprende.
  
Juan F. Bueno

11 mayo 2013

Algunos valores sencillos: El landismo

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 11, 2013 No comments
Estos días nos ha dejado Alfredo Landa, ese actor que en un momento representó los valores sencillos, los del pueblo llano. El éxito de un hombre, como él mismo se definía: bajito, feo pero simpático. Yo creo que representaba al español medio, a ese hombre confiable que podría ser nuestro vecino. Y que en la época del desarrollismo en nuestro país, encarnó al hombre corriente, que sin embargo era capaz de llevarse de calle a las suecas que alegraban nuestras playas.
 

Este post es un homenaje a una época en la que, como en todas, había cosas buenas y malas, pero sobre todo a ciertos valores campechanos, humildes, espontáneos, que mostraban a una sociedad algo inocente, que salía con timidez de su aislamiento.

¡Cuánto ha cambiado nuestro país!. Nuevas infraestructuras, apertura, Empresas modernas, Democracia... En definitiva una sociedad nueva que ha alcanzado unos objetivos que en aquellos años se nos antojaban inalcanzables; fuera de nuestro camino.

Pero no es menos cierto que esa nación y sus gentes, en ese trayecto, sin duda importante de actualización de nuestro país, que ha experimentado  una transformación radical, nos hemos dejado olvidados valores que alentaban nuestro día a día y que serían significativos en los tiempos difíciles que hoy corren inciertos, para una gran mayoría de españoles.
 
Ciertas desvergüenzas actuales, que nos golpean cada día, seguramente no se hubieran producido en ese modelo que representaba Alfredo Landa, que encarnaba a un españolito modesto que intentaba sacar a su familia adelante con más escasez que abundancia. Era el momento de los primeros televisores, los seiscientos en los que cabía una familia numerosa y las sencillas vacaciones en Benidorm (un auténtico lujo para quien se las podía permitir). En la que había que llevar la olla exprés y se ponían los garbanzos en remojo. Pero Landa, como espejo de aquella sociedad, también representaba al hombre celoso, machista y mujeriego. Ningún momento es perfecto y seguramente hoy nos podemos congratular de haber superado algunos de esos estereotipos (o tal vez no)

Fue un espacio de tiempo en que había más honradez y menos libertad, más modestia y menos consumismo. Tal vez más hipocresía porque nos gustaban nuestras mujeres muy recatadas pero anhelábamos ver a las extranjeras muy ligeras de ropa y con una actitud desenfadada.

Ese español moreno y bajito (hasta hemos ganado en altura) miraba con ojos curiosos y algo sorprendidos todo lo que venía de fuera. Cualquier novedad generaba entusiasmo. Todavía conservábamos cierta inocencia, un aspecto cándido que a veces parecía un poco pueblerino.

La gente se conformaba con poco, porque tal vez no conocía (o no había) más. La estética de las películas de Landa era pobre, el argumento escaso y el resultado en muchas ocasiones “cutre” (dicho con cariño). Sin embargo no lo podemos denostar porque eran el fiel reflejo de una época. Se volcaban en ellas algunos tópicos, algunas actitudes rancias, pero también mucho de la realidad que nos rodeaba.



Quiero acabar este post recordando otro momento memorable en “Los santos inocentes”, crónica de otro momento de servilismo feroz por parte del campesino ignorante y esencialmente bueno, que representaba Landa frente a la crueldad de su señorito. Recordarlo provoca escalofríos.

El landismo, como cualquier otro momento, con sus luces y sus sombras.

Recuerdo con nostalgia aquella película titulada  “Vente a Alemania, Pepe”. Parece que la historia (que es cíclica) se empeña una y otra vez en ponernos en un determinado lugar.



Juan F. Bueno



 

Sopa, pollo, pera

Posted by Juan bueno On sábado, mayo 11, 2013 4 comments
El colegio al que asiste a mi hija no hizo la huelga que tuvo lugar ayer en casi toda España, con motivo de la (nuevamente) pretendida reforma del sistema educativo (la denominada Ley Wert)



No sé exactamente el motivo, pero puedo intuir que su colegio corresponde a ese 20% que no se unió a la protesta, seguramente por hartazgo. Ese profundo hastío que creo que padecemos todos los españoles  frente a los constantes vaivenes que sufre nuestro sistema educativo en función de los diferentes movimientos políticos.

Y eso es lo lamentable porque estamos jugando con nuestros hijos, con su futuro, con su formación y como consecuencia, con esa necesaria competitividad que es imprescindible en la sociedad actual y muchos más en la del mañana.

La nueva reforma ha conseguido unir por primera vez (y cuidado que es difícil!) a profesores, padres, alumnos, sindicatos y partidos políticos. Y no quiero entrar en política, omitiendo   hacer cualquier referencia a si la reforma tiene apoyo o no dentro del Gobierno y del propio partido en el Gobierno. No, en absoluto. No se trata de una crítica política, es algo más profundo, es una crítica al sistema que permite dar constantes bandazos con la educación de nuestros hijos, con el devenir de nuestra sociedad.
 
 
Con este tema no se juega. Es una irresponsabilidad manifiesta. Yo soy del Plan del 57, que estuvo vigente hasta 1970  y este, a su vez hasta 1985 (15 años y eso que coincidió con la etapa de la transición política más importante que ha sufrido España en el ultimo siglo). No sé si era bueno, malo o regular, pero daba estabilidad y tranquilidad. Una referencia sólida y duradera.

Ahora nuestros pequeños se enfrentan a cambalaches, ni siquiera se puede hablar de cambios. Se quitan o se ponen asignaturas (religión, ética, educación para la ciudadanía…) en función de las mudanzas que se produzcan en la Moncloa. Unas asignaturas parecen más afines a una situación política y otras resultan intolerables cuando los inquilinos del Gobierno son otros. Esto es, sencillamente IMPERDONABLE.

Me parece inadmisible jugar de esta manera con los niños y jóvenes en los que nos vamos a reflejar en unos años. Estos vaivenes no aportan nada bueno. Y a las pruebas me remito: Tenemos la mayor tasa de fracaso escolar de toda la UE.

Los contenidos que hoy son esenciales, en un año son borrados de un plumazo. Yo entiendo que puede haber renovaciones de contenidos o adaptaciones, pero modificar todo de arriba abajo o darle la vuelta como un calcetín, no es de recibo. Estos radicalismos de los adultos generan una auténtica perturbación en nuestros hijos. Repito, con este tema no se juega.

La educación no se puede convertir en un negocio ni un arma arrojadiza entre políticos, debe de ser un valor estable, seguro. Los contenidos deben de ser constantes, permanentes. Sólo así conseguiremos transmitir contenidos y valores arraigados. Porque no debemos olvidar que los niños no reciben sólo conocimientos, ya que los colegios deben de complementar los valores que viven en su casa.
 
Esa armonía en el sistema educativo produce seguridad y estabilidad para todos, niños y padres. Yo confieso que ya no me aprendo el nombre de los cursos o de algunas materias porque cuando consigo saberlo, zas!, van y me los cambian.

Tampoco quiero entrar en la polémica acerca de los cambios radicales que se producen en las materias, como por ejemplo con la asignaturas relacionadas con la historia, en función de las Comunidades Autónomas en que se imparte. ¿No deberíamos guiar todas estas adaptaciones para lograr la mejora total del sistema educativo sin más consideraciones?

Repito, con este tema no se juega.

Sopa, pollo, pera es el menú que me dijo mi hija que comió en el cole el día de la huelga contra la reforma del sistema educativo.



Juan F. Bueno

09 mayo 2013

Jefe, Directivo: ¿Inspiras o transpiras?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 09, 2013 2 comments
El liderazgo es la posibilidad de transformar la visión en realidad. ¿inspiras o transpiras? Aparentemente estos dos verbos no tienen nada que ver. Sin embargo creo que en este ámbito del liderazgo son las dos caras de una misma moneda. El líder inspira, es un seductor social que consigue que los demás cumplan sus objetivos. El jefe seguramente transpira, hace un gran esfuerzo con sus equipos, pero, el resultado puede ser…. mediocre, a pesar de los sudores y esfuerzos que probablemente dedique.



En ocasiones los líderes en las organizaciones no siempre están en lo más alto de la jerarquía, porque el líder que inspira es el que infunde el ánimo necesario y consigue unir a todo su equipo en torno a un objetivo. Ese “inspirador” logra influir de forma positiva en sus colaboradores y mueve sus voluntades en un único sentido.
 
Esto no quiere decir que el líder que inspira no transpira. Mirad la foto. El líder no tiene por qué tener una tarea fácil por delante pero sabe cómo provocar las ganas y la ilusión de los suyos y además, lo que es esencial, sabe cómo mantenerla a lo largo del camino. Cuando los ánimos flaquean él está cerca para ayudar a levantarlos.

La figura del líder inspirador provoca, desde mi punto de vista, una emoción muy importante: la admiración. Esa especie de embelesamiento que se produce cuando uno se enamora tiene un cierto componente de admiración, que para mí se repite cuando nos dirige un auténtico líder. Me parece imposible sentir respeto, profundo, real, ante un superior al que no admiro. Por la razón que sea, su valía técnica, su experiencia, su forma de dirigir, etc.
 

Sin embargo frente al jefe que transpira lo que brota es el acatamiento y no el convencimiento y el temor y no la admiración. Ese jefe que dedica mucha energía y voluntad a mandar, a hacer lo que él ordena sólo desprende normas y reglas. Impone y exige. Ese jefe que se empapa en su propio sudor realiza muchos empujes a costa de pedir, pedir y pedir. Y si las cosas no salen como quiere, reprocha, reprocha y reprocha. ¿Cuál suele ser el resultado? El inmediato, modesto en la mayoría de los casos. A largo plazo no existe ninguna adhesión al equipo ni a su responsable. Esas voluntades unidas a la fuerza se diluyen en cuanto surge la más mínima posibilidad de escapar, de buscar algo distinto.

Esto no quiere decir que el líder inspirador no tenga que dar órdenes o imponer criterios, claro que tiene que hacerlo y en ocasiones debe hacerlo, pero la clave está en cómo hacerlo. Mostrando compromiso con su gente, sus resultados y sus motivaciones. Ese líder inspirador camina al lado de su equipo y se pone delante cuando hay que iluminar el camino.

El jefe que transpira es soportado por los miembros
de su equipo como una pesada losa que se extiende sobre todos ellos y que a veces hace costosa hasta la respiración!!!!

El líder dueño de la inspiración tiene además una visión global que permite que vaya alumbrando la senda por la que tendrán que pisar los suyos. Sin embargo le jefe que transpira sólo ve lo que tiene delante, y a duras penas, porque las gotas de sudor que caen desde su frente le hacen tener una visión borrosa.

Pero recuerda, el líder que inspira también puede transpirar. Dirigir no es fácil, y menos en los tiempos que corren.

Y tú, ¿inspiras o transpiras?


Juan F. Bueno

08 mayo 2013

Bob Esponja y la imagen de Recursos Humanos

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 2 comments
Hace unos días mi hija pequeña estaba viendo un capítulo del insufrible Bob Esponja (a ella le encanta). El episodio trata sobre la venta del Crustáceo Crujiente (el restaurante donde trabaja nuestro personaje) a una cadena americana de comida rápida,  en la que impera un modelo diferente de gestión. 
 


Aparecía entonces un curioso personaje, que con gesto amenazante y simulando golpear a alguien, explicaba los métodos de Recursos Humanos.  Al final del capítulo la niña me preguntó por qué “el de Recursos Humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”. Vaya, pensé….

La historia se desarrolla como sigue: el Sr. Cangrejo (ese jefe profundamente pesetero y a veces insensible, que seguramente nos recuerda a alguno que todos tenemos en mente) decide vender su restaurante a una cadena de comida rápida. Esta  cambia rápidamente la decoración y le da al local un aire nuevo. Todo parece más bonito, se cuida la estética y el negocio parece un lugar más atractivo. Pero las apariencias engañan (en ocasiones) y ésta era una de ellas.
 
El cambio era sólo aparente porque las tradicionales "cangreburger" preparadas con todo mimo, una a una, por nuestro personaje, son sustituidas por una mezcla muy especiada de carne preparada de manera industrial y con una decoración que les da apariencia de apetitosas, pero que en definitiva, son de ínfima calidad. Los clientes empiezan a quejarse.
 
El nuevo jefe Carl utilizaba unas técnicas muy duras, bastante deshumanizadas. Todo estaba perfectamente procedimentado, con reglas, normas e instrucciones.

Los hábitos usuales del "Crustáceo Crujiente" se habían esfumado. Desde el cambio, reinaba el temor y los empleados no se atrevían a hablar con libertad. Carl parecía tener una clara orientación al cliente, pero sólo era ficticio. Su único interés era el dinero, disfrazado de falsa amabilidad hacia los clientes.
 
Bob Esponja y su compañero Calamardo están completamente sometidos al yugo de ese nuevo régimen y las costumbres y rutinas del Crustáceo Crujiente ahora sólo son  un recuerdo del pasado. Carl sonríe constantemente, pero sus empleados están cada vez más tristes y dudan de la eficacia de sus métodos, pero el jefe amenaza con llamar  al Director de Recursos Humanos para solucionar cualquier problema…. Este, con aspecto hosco, se esconde tras una puerta.

Esa sonrisa estúpida y permanente, las amenazas del jefe, el nulo interés por sus clientes, parecen una parodia del funcionamiento de algunos negocios o Empresas en las que además se utiliza la figura del Departamento de Recursos Humanos para "atemorizar" u obligar al cumplimiento de las normas y los procedimientos. Nada más. Flaco favor a una función cuyo único sentido es el crecimiento y desarrollo de las personas, dentro del mejor clima posible.

Sí, ya lo sé, sólo se trata de unos dibujos animados. Pero nos invita a pensar por qué en algunas Organizaciones se presume de la existencia de Recursos Humanos cuando a ese Departamento sólo se le atribuyen los aspectos negativos, imponer, sancionar, despedir... Claro, para las buenas noticias, el jefe de área está siempre dispuesto, pero si hay que tragar saliva, es mejor llamar a esos chicos de Recursos Humanos, siempre dispuestos a amargarte la semana si hace falta.
 
La nueva situación que se vivía en el Crustaceo Crujiente hizo que el Sr. Cangrejo decidiera recuperar su viejo negocio. Los empleados añoraban su racanería y su carácter malhumorado. Cualquier cosa mejor que Carl, aquel jefe desalmado que había impuesto el Manual del Empleado.

 
Esa serie, que siempre me resultó un poco antipática, me va a hacer pensar. ¿Quién podía creer en las aventuras de una esponja en el fondo del mar? ¿Hay algo más absurdo?
 
 
Ya había acabado el capítulo y resonaba su pegadiza melodía cuando la niña, que no había obtenido respuesta por mi parte, volvió a preguntar: por qué “el de recursos humanos le quiere pegar a Bob Esponja y a Calamardo”.
 
 
 
 

Juan F. Bueno

El arte de hablar en público

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 08, 2013 No comments

Últimamente estoy oyendo de forma reiterada que algunos periodistas le reprochan al Gobierno que comunican poco y además lo hacen con escasa convicción.
 

Si es así, se enfrentan a dos dificultades importantes, porque el arte (sí, digo bien, arte) de hablar en público, con una impactante capacidad de convicción, es una herramienta imprescindible para desenvolverse con éxito en la actualidad, tanto en el ámbito profesional, como en el personal.
 
En algún post anterior ya puse de manifiesto la enorme importancia que tienen hoy en día esas denominadas “soft skills (nombre engañoso, porque no son ni fáciles ni comunes), para alcanzar un desempeño no sólo correcto sino triunfante.

La consecución de ciertos logros profesionales, está íntimamente ligado a cierto brillo oratorio. Y no me refiero con esto a destacar cual oradores romanos en la antigüedad, pero sí al apropiado uso de las técnicas de comunicación en sus diferentes manifestaciones.

Tener ciertos conocimientos y práctica al respecto, resulta ineludible para muchos planteamientos habituales en el ejercicio profesional: presentar un proyecto, convencer de una determinada idea, lograr apoyos para una nueva empresa, someter a valoración un nuevo plan, exploración de nuevas posibilidades de negocio, etc. Son numerosas las ocasiones en que habrá que poner en práctica las capacidades de oratoria, la elocuencia o la persuasión con un discurso conciliador, enérgico o práctico, según las necesidades.

Es un error pensar que la comunicación en unívoca o sólo responde a un patrón. La comunicación es, o debería ser, esencialmente adaptativa en función de dos aspectos: El objetivo que persiga (formar, informar, convencer) y el público al que va destinada.

Aunque seamos grandes conocedores del contenido de nuestra conversación, hay que utilizar diferentes herramientas, si nos enfrentamos a una conferencia (esencialmente divulgativa); si vamos a realizar una arenga (movilizar personas); una presentación (con fines comerciales o formativos) o si vamos a presentar un proyecto (con fines persuasivos).
 
En todos estos casos hay que adaptar el vocabulario, el tono del discurso, los criterios de razonamiento (pensemos por ejemplo en dirigirnos a unos posibles compradores o a los miembros de la comunidad de vecinos), el lenguaje (más o menos técnico o informal) y desde luego el estilo general.

La retórica usada en un caso u otro, deberá  ser más elocuente o más didáctica o cercana o grandilocuente. Hay que cuidar el verbo, la palabra, la expresión. Y de la mano va el lenguaje corporal, que deberá adecuarse a los diferentes estilos y momentos.

La comunicación tiene que adaptarse, transformarse en base a las necesidades y a los objetivos. Y creo firmemente en el principio de 80% de preparación y 20% de ejecución, aunque la realidad demuestra que  se suelen invertir estos porcentajes y la mayoría de los profesionales en nuestro país prepararan poco sus alocuciones. Puede parecer una pérdida de tiempo dedicar tanto a la preparación. Sin embargo pararse a pensar varios temas antes de hacer nada es casi obligatorio: ¿Qué pretendo conseguir con mi charla o presentación?; ¿Cuál es mi objetivo final?; ¿Cuales son las características del público al que me dirijo?; tipo de auditorio (no es lo mismo una pequeña reunión que un gran auditorio)  y tiempo del que dispongo.

Todos estos aspectos pueden parecer obvios, pero mi experiencia y trayectoria en diferentes Empresas me ha permitido ver cómo grandes técnicos, verdaderos conocedores de sus materias, daban una pésima imagen a través de una mala presentación, que incluso podía hacer dudar de sus cualidades técnicas. Craso error.

Aprender a realizar una buena venta de proyectos o cualidades a través del dominio de técnicas de comunicación, es hoy básico. Ni siquiera nos podemos permitir no practicarlo.
 
 
Seguro que todos recordáis esa famosa frase que pronunció John F. Kennedy y que sobrevive a los tiempos. Todos tenemos en la cabeza discursos legendarios como los de Churchil, Martin Luter King o la dialéctica actual de Obama. Seamos realistas, probablemente no se trate de pasar a la historia, sino de ser eficaz, altamente eficaz en nuestro desempeño profesional.

Compruebo con cierta satisfacción, que los adolescentes de ahora empiezan a hacer sus pinitos con presentaciones en powerpoint delante de sus compañeros y profesores. Es un inicio, les acostumbra a perder el miedo escénico y a ver la comunicación como una herramienta y conocer su mecánica.
 
 
 
En el caso de nuestros gobernantes o en el de la oposición, o de la clase política en general no sabemos si comunican poco o mal. ¿O tal vez hacen ambas cosas?
 


Juan F. Bueno

06 mayo 2013

Una queja es un regalo.

Posted by Juan bueno On lunes, mayo 06, 2013 No comments
 
La frase de "Una queja es un regalo" la he  oído de siempre y me parecía cierto. Ahora ya no estoy tan seguro. La queja ha invadido nuestras vidas. Las oímos por todas partes, en la prensa, en internet, en el vecindario, en cualquier tertulia. Ayer publiqué un post relativo también a la queja y a la búsqueda de soluciones. Hoy profundizo un poco más en el concepto.
 
 

Dice el diccionario de la RAE que “una queja es una expresión de dolor o pena”. En un concepto más técnico es un "escrito o comunicación mediante el cual se pone de manifiesto la insatisfacción de un usuario con un servicio recibido”.
                                              
Y frente a la queja toca la aceptación, la resignación…. O tal vez ¿hacer algo?. Si nos instalamos en la queja, podemos emprender un peligroso ejercicio: El de quebrar nuestras expectativas de romper ese círculo. Quejarse por lo mal que va todo, por lo difícil del momento, porque se pierden valores, porque desaparece la compasión. Quejarse, quejarse, quejarse.

Es cierto que el momento actual no da para grandes alegrías y cuesta un esfuerzo ímprobo levantar el ánimo y mirar el futuro con optimismo. Dulcificar la realidad no es más que un recurso baldío, si no la enfrentamos con criterio. En algún artículo os hablé del concepto del “optimismo consciente” que hoy me parece imprescindible.

Disconformidad, enfado o indignación son sentimientos frecuentes a nuestro alrededor. Y ya sabemos que el día a día, en especial en las circunstancias actuales, podría justificarlo. Pero si algo he aprendido últimamente de una persona cercana, que está profundizando en las enseñanzas del Coaching, es que cada uno de nosotros somos responsables al 200% de nuestras relaciones. Y en la base de muchas de nuestras quejas cotidianas, está la red de relaciones que tejemos con los demás.

Porque quejarnos de lo mal que va la economía, de los millones de parados, de un futuro de color gris oscuro, es una compañía de eficacia limitada. Sobre todo si no hacemos algo al respecto. Y parece evidente que en el aspecto macroeconómico nuestro impacto no puede ser muy grande, pero sí lo será en el ámbito micro. Cada uno de nosotros puede tomar medidas y hacer pequeños cambios en su mundo particular. Y esos mínimos hechos, añadidos a los de otros, a los de enfrente, a los de al lado, impactan en un mundo más amplio. No podemos despreciar lo minúsculo porque la suma de los cambios insignificantes genera los cambios notables e impactantes. Sin embargo, casi siempre, preferimos quejarnos.
 
 
Uno de los ejemplos que me viene a la mente, es el de la viñeta. El tiempo meteorológico es uno de los temas favoritos de protesta y quejas, nunca estamos contentos con el tiempo que hace; cuando llueve, la lluvia es molesta y nos impide hacer planes  y provoca atascos en las ciudades; cuando el tiempo está muy seco nos quejamos de la pertinaz sequía que impide que podamos regar los jardines; si hace mucho calor, "esto no hay quien lo aguante", nos pasamos el día sudando; las nevadas ya sabemos los perjuicios que pueden causar, los pueblos aislados etc….

Otro de los temas estrella para las quejas es el fútbol. ¿Os habéis fijado en las lista de convocados a un partido? Cada españolito parece llevar dentro un seleccionador o entrenador en potencia. Y entonces todo son quejas o críticas, porque ninguna de las decisiones que haya tomado son las correctas.

Y estos podrían ser considerados temas menores, pero cuando hablamos de decisiones políticas o de índole económico o social, entonces son palabras mayores. Cuestionamos cualquier decisión, si se suben los impuestos se disminuye la capacidad de consumo, pero si se bajan tenderemos a creer que hay algo escondido u oscuro en esa decisión y nos quejaremos igualmente.
 

Yo quiero romper una lanza por nuestro país. España siempre ha sido un país aguerrido, acostumbrado a las dificultades, donde las cosas no han sido sencillas (más bien al contrario), hemos sido un país de supervivientes por diferentes circunstancias. Somos un país solidario. Por eso hay que romper ese círculo vicioso. Quejarse pero no hacer nada, no vale. Hay que pensar que no somos el problema, tenemos que ser parte de la solución.
                                                  
Reconozco que casi todo es mejorable, y casi nada perfecto. Pero a veces me pregunto, y si lo fuera ¿nos seguiríamos quejando? No lo sé. No abogo por la resignación, pero sí por tener una actitud activa frente a las cosas y por rescatar también, de esa incoherencia quejica, un montón de cosas por las que nos podemos sentir orgullosos. Somos un país de raza.

La queja, si va asociada a una crítica constructiva, resulta positiva. Un país con ciudadanos exigentes y un poco incrédulos hace que la clase política y la empresarial se tenga que poner las pilas: En especial le hace falta a nuestros representantes. Porque a pesar de la crítica feroz que reciben no dan muestras de “coger el toro por los cuernos”.

Esa queja social, a veces  instalada de forma absurda, se combate con acción, con mejoras, con reflexión, con alternativas.

¿Recordáis lo que dijo Kennedy en unos de sus discursos? : no penséis lo que América puede hacer pos vosotros sino lo que vosotros podéis hacer por América”

Pensemos pues, qué podemos hacer por nuestro país, por nuestra organización, por nuestro barrio, por nuestra familia y por nosotros mismos.

Juan F. Bueno

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