10 junio 2013

Hoy toda la prensa nacional recoge en sus portadas con grandes titulares el éxito de ayer en Roland Garros. La final, de color español, tiene un nombre, Rafa Nadal. Y de forma unánime además se destaca no sólo la proeza deportiva, sino su talante. La actitud de un ganador humilde.
 

Esa victoria en el ámbito de lo deportivo es una dosis de optimismo, de ver cómo a través del sacrificio, el trabajo y la ilusión se pueden superar retos y disfrutar con ellos.

Los españoles necesitamos en estos momentos creer en el éxito, vivir triunfos, anclarnos en temas positivos que incrementen la ilusión, que nos hagan creer que no hay límites, que somos capaces. Si echamos un vistazo a nuestro panorama deportivo, hace  dos décadas nos parecería imposible algunas de las proezas deportivas obtenidas por deportistas españoles,  de las que hoy hablamos con relativa frecuencia.

Pero el éxito no es ni gratis ni fácil. Dicen los expertos que alcanzar el grado maestría en una disciplina requiere 10.000 horas de práctica. Conquistar en ocho ocasiones un torneo como el de la capital francesa, requiere una clara superioridad, pero ésta sólo se consigue gracias  al tesón. Es una larga carrera de superación. Nadal ha superado momentos duros: Una lesión complicada o la separación de sus padres, que anímicamente le afectó mucho. Podía rendirse, dejarlo pasar. Seguro que económicamente se lo podía remitir.

Sin embargo (y esa es la actitud que me parece admirable,  apretó los dientes y decidió luchar de nuevo por esa situación de dominio, que momentáneamente había perdido.
 
Las ganas, la fuerza por conseguir sus objetivos, le han guiado. Pero siendo estos aspectos notorios para mí, lo destacable es algo mucho más humano y por ende, lo más valioso. Se trata de su talante. La gloria no le ha transformado, sigue siendo un muchacho cercano, que conserva sus amigos, se mueve en un ambiente normal y lleva el nombre de nuestro país con orgullo y humildad al mismo tiempo.
 
Ese lucimiento que ha alcanzado por méritos propios, lo explica desde la sencillez, aludiendo siempre a aquellos aspectos que debe de mejorar y restando importancia a lo que le ha salido bien, como si ésa fuera siempre la consecuencia natural de las cosas.

Ese crédito que tiene a nivel mundial, se debe a sus triunfos deportivos, pero del mismo modo a un honor auténtico, real. Siempre transmite un profundo respeto por los adversarios y no se le conoce un mal gesto. A pesar de que sería fácil dejarse llevar por el malestar con un público como el francés, tan poco entregado a que las victorias deportivas en su casa se las arrebaten una tras otra. No lo hace. Al contrario dirige al público unas palabras  en francés, para agradecer al público su presencia.
 
 
Para ganar, hay que querer, creer y actuar. Sin estos requisitos el éxito puede convertirse en una quimera. Una frustración que nos acompañará. Porque nada es regalado en la vida, y mucho menos los triunfos profesionales.
 
Los comentaristas deportivos destacan la potencia de su saque. Yo destaco la potencia de su ACTITUD. Un muchacho sencillo, educado, asequible, que no se vanagloria de nada y que trata a su oponente con respeto y afabilidad. ¿se puede pedir más?

Sí. Vuelvo al título de mi post. “se buscan españoles con ese mismo espíritu”. Muchos, miles y miles. Seguramente tardaremos alguna generación en disfrutar las condiciones deportivas de otro Nadal. Pero sus cualidades humanas, su forma de proceder y su personalidad estable y alejada de excentricidades, son referencia para cualquiera de nosotros que desee alcanzar el éxito.

Que aparezcan muchos como él. Nuestro espejo puede ser el de ese gran deportista y mejor persona y no el de tantos facinerosos que pueblan nuestra "fauna ibérica".
 
Y un recuerdo para su contrincante, que se convierte en el perdedor de esa gran final, pero no olvidemos que es “el segundo mejor”. Tiranías del éxito.

Juan F. Bueno

08 junio 2013

Reinventarse: Moda o necesidad?

Posted by Juan bueno On sábado, junio 08, 2013 2 comments
La oleada de destrucción de empleos que estamos padeciendo, unido a las pocas perspectivas profesionales en muchos sectores, provoca que no pocos profesionales hablen de reinventarse. Parece de lo más actual. ¿Pero es una realidad, un mito o una necesidad?

Como en la viña del Señor, hay de todo. El mercado de trabajo está, digamos, profundamente herido. Pero tenemos que seguir viviendo y precisamos buscar nuevos horizontes. Hay profesionales que aprovechan este parón para ampliar su formación. Soy un ferviente defensor de la misma y creo que a lo largo de nuestra vida, hay que practicar la formación continua. Cuando alguien cree que sabe suficiente, se está acercando peligrosamente a su nivel de incompetencia. Pero a algunos de estos profesionales les asaltará la duda más que razonable de "¿Formarse para qué? ¿Mejorará mi empleabilidad? ¿Aumentará mi cotización? ¿Debo especializarme?". Serán algunas de las dudas que le surgen a mas de uno.
 
Este libro, de amena lectura, cuenta a través de 3 fábulas cómo se puede hacer un relanzamiento profesional cuando nos sentimos atrapados en nuestro mundo laboral. Trabajar en lo que a uno le apasiona, es un lujo, pero en la situación actual, en muchos casos se me antoja casi imposible. Sin embargo debemos recordar que somos útiles y aportamos valor en las organizaciones empresariales, cuando hacemos cosas en las que creemos, o nos gustan o nos motivan y que además, nos salen bien. Si alguno de estos elementos falla, nuestra aportación bajará exponencialmente.


Hay personas que buscan esa reubicación profesional porque están “desubicadas” si me permitís la expresión. Son personas que ocupan puestos inadecuados, por su formación, experiencia, actitud, etc. Para estos profesionales, ese cambio puede ser una bocanada de aire fresco. Pero siendo realistas, podemos decir que la mayoría hemos pasado por trabajos rutinarios, poco interesantes o para los que estábamos sobre cualificados. Y se pasa mal. Pero hace falta ser valiente para dar el salto. Y en ocasiones es preciso tener debajo la red de seguridad, para no poner en riesgo, por ejemplo, la estabilidad económica de la familia. En ocasiones (muchas) hace falta una proactividad un tanto osada.


Reinventarse, en toda la extensión de la palabra, exige actuar con arrojo, echarle mucho valor a la situación y confiar en las propias capacidades. Hay que empezar desde cero y con frecuencia desaprender.  Requiere un coraje especial. El ánimo y brío que hay que poner en un cambio tan radical, es grande, sin duda alguna. Mucha pasión y poco miedo. Pero si de verdad emprendemos la senda de algo que realmente nos guste, nos motive, nos llene; a la larga, vamos a ser recompensados, porque indudablemente, lo vamos a hacer bien. A veces, para adentrarnos en esta senda, necesitamos un pequeño "empujón" que nos saque fuera de nuestra zona de confort. Aunque posiblemente ese "empujón" no lo elijamos nosotros y nos venga de una manera súbita e inesperada y casi siempre en formato de decepción, dolor o rechazo. Esto podemos verlo como un problema o como una oportunidad. Si elegimos esta última, es cuando verdaderamente podremos entrar en la fase de "reinvención" con las energías y talante suficientes, para ser capaces de transformar nuestra vida y hacer realidad nuestros sueños.
 
Si miramos alrededor hay casos famosos: todos recordamos a un actor mediocre convertido en Gobernador de California y a otro actor en la Presidencia de Estados Unidos. Y casos anónimos no faltan: Veo en un programa a psicólogas reconvertidas en propietarias de cervecería, un arquitecto como cocinero de sushi o unos jóvenes ingenieros como profesores de actividades al aire libre en el madrileño parque del Retiro.
 
Las posibilidades pueden ser muy amplias, tantas como la imaginación, o tal vez la necesidad. Sea como sea cada uno de nosotros puede y debe buscar su camino.
 
A veces me pregunto también que ocurre con todos esos años de experiencia de los que se prescinde para empezar a demostrar todo, aceptar ser un novato. No es fácil. Hay que poner corazón, humildad y fuerza a partes iguales.



No puedo dejar de citar aquí el libro de mi admirado Mario Alonso Puig. Él constituye un ejemplo de reinvención, dejando a un lado una exitosa carrera como cirujano, para lanzarse a un mundo entonces para él desconocido.


Creo que hay dos razones fundamentales por las cuales nos podríamos lanzar a esa nueva aventura: Una es de índole personal, intentar ser más felices haciendo aquello que deseamos y la otra, de tinte profesional: ser más competitivo.

Parafraseando un libro de Pilar Jericó todas esas personas que emprenden, se reinventan o se reciclan son los auténticos “héroes cotidianos”.
 
Juan F. Bueno

05 junio 2013

Diario de un jefe toxico

Posted by Juan bueno On miércoles, junio 05, 2013 8 comments
Darío lanzó un enorme bufido y gritó “Carmen esta camisa está mal planchada, me gusta que los cuellos estén perfectos”. La chica bajó los ojos cabizbaja y musitó: ”sí señor, disculpe”. Se puso colorada mientras lo decía. Era una chica joven y no tenía mucha experiencia, pero trataba de hacer las cosas lo mejor que podía. Echaba de menos que cuando empezó a trabajar, hacía unos meses, en la casa, le hubieran dicho cómo les gustaba cada cosa, pero la señora estaba siempre de viaje y el señor le iba dando las instrucciones a gritos y a veces eran contradictorias. Ella también suspiró pensando que en unos minutos se iría al trabajo y ella podría trabajar tranquila. Todo le salía mejor cuando estaba sola. El cargaba el ambiente de negatividad y las cosas se torcían.



Darío salió como una exhalación, se tropezó con el portero en el rellano que le saludó a pesar de que él no le dirigió ni la mirada. Sacó el coche del garaje aflojándose el nudo de la corbata y se metió en el atasco de todos los días. No tardaba mucho en llegar a su trabajo, unos 20 minutos, lo que en Madrid era un lujo, pero se le hacían eternos y llegaba siempre muy estresado “todos los conductores son unos inútiles, no tienen ninguna habilidad al volante”.
 
 Se impacientó cuando el ascensor tardaba más de los 30 segundos habituales en llegar y entró en la oficina como una exhalación. Su secretaria le recibió con una sonrisa “Buenos días señor Gutiérrez, qué tal está?”. No contestó al saludo y le espetó “por qué has puesto hoy una reunión con clientes a las 12H? me viene fatal” y sin dejarla responder, se metió en su despacho dando un portazo. La sonrisa de ella se desdibujó en una mueca. “él mismo me pidió la reunión”, pero no se atrevía a replicarle. Nunca sabía cómo acertar. Echaba de menos que le hubiera explicado cómo quería las cosas, cómo había que gestionar su agenda. Pero nunca lo hizo y ella aprendía a base de equivocaciones constantes. Deseaba hacer bien su trabajo, pero Darío la ponía muy nerviosa. Cuando él llegaba, se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían.

Desde el fondo de su despacho, oyó un grito: “Quiero que venga a verme el Director Financiero con las cuentas del último semestre. Ahooraa”.

A ella le molestaba especialmente que hablara a gritos y no le pidiera las cosas por teléfono o llamándola a su despacho. No conseguía acostumbrarse.

 
El Director Financiero acudió raudo y molesto al mismo tiempo. Estaba participando en una call conference con los ingleses y les tuvo que dejar con la palabra en la boca excusándose por un asunto urgente. “No puede disponer así de nuestras agendas, sin respetar mis compromisos”. Cerró la puerta y se hizo el silencio.

La secretaria pensó: “ahora podré concentrarme y seguir trabajando”. No habían pasado unos minutos, cuando se oían los gritos y alguna palabra mal sonante que pronunciaba Darío acompañado de algún puñetazo. Se sobresaltó, pero siguió con la organización del evento de la próxima semana. Ella intentaba evadirse, pero el alto tono de la discusión se lo impedía. Se dio entonces cuenta que se había equivocado en el mail de convocatoria que había enviado. “Oh no. Está mal…. Cuando el jefe lo vea me ganaré una buena bronca”. Se dio cuenta que le sudaban las manos, intentó tranquilizarse yendo al baño.

El Director Financiero salía entonces del despacho pálido y cabizbajo. Estos enfrentamientos dialécticos con Darío, tan violentos, le dejaban exhausto, muy desconcentrado. Se volvió a conectar a su call pero a duras penas se enteraba de lo que estaban proponiendo. Pensaba que desde que Darío era su jefe había perdido mucha ilusión, ya no le apetecía ir a cursos para seguir progresando, ni enfrentar nuevos proyectos. Su trabajo de cada día le parecía una condena. Cuando él llegaba se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían.

Darío alzó la voz para llamar a su secretaria, una vez, dos. No respondía. Salió enfurecido pensando “pero dónde diablos se ha metido esta mujer, nunca está cuando se la necesita”. Ella volvía secándose las manos y se disculpó azorada.
 
Le pidió una llamada y le espetó “no sé cómo lo haces pero cada vez que salgo no estás”. Ella levantó la mirada indignada, y se mordió los labios. “Qué injusto es todo esto, trato de ser la más eficaz, no molestarle en nada, adelantarme a sus necesidades…. Pero nunca consigo satisfacerle”. “Si no fuera por la hipoteca y mi hija no aguantaría en este trabajo, ni este trato pero qué voy a hacer? El mercado de trabajo está muy mal y al menos aquí tengo un buen sueldo, pero cada día estoy más triste”. Hacía dos años que trabajaba con Darío y se daba cuenta que aquella secretaria risueña, animosa y con enorme capacidad se estaba convirtiendo en una profesional insegura, apocada y dubitativa.

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando oyó otro grito desde el fondo del despacho: “Que venga el Director de Recursos Humanos ahora mismoooooo”.
 
Darío estaba furioso, ese Director suyo se las daba de moderno diciendo que había que cuidar a las personas y estaba preocupado por la motivación de la plantilla y el clima enrarecido que se estaba creando en la empresa. “pamplinadas” pensó.
 
Su secretaria pensó “Voy a empezar a buscar otra cosa”. El Director Financiero estaba viendo las ofertas de Infojobs de reojo. El Director de Recursos Humanos entró en el despacho. Pronto el tono de voz empezó a subir.

Cuando él llegaba se cargaba el ambiente de  negatividad y las cosas se torcían. Su secretaria repasó la agenda “Qué bien, mañana está de viaje” pensó al tiempo que sonreía tristemente.
 



Juan F. Bueno

03 junio 2013

Alpinista y Director de Recursos Humanos

Posted by Juan bueno On lunes, junio 03, 2013 No comments
Alpinista y gestor de personas. Puedo afirmar que son mis dos pasiones, una profesional y otra de ocio y ahora que reflexiono sobre este asunto compruebo cómo ambas tienen muchos puntos en común. Mi afición por la montaña viene de lejos, desde aproximadamente los quince años, o sea hace la friolera de un montón de años. Un tiempo más que razonable.
 

Primero eran salidas en pandilla a lugares próximos, por la sierra de Madrid y como mucho a Gredos.  Con el ímpetu y la fuerza de la juventud esas salidas al monte eran una válvula de escape. Me gustaba el ambiente que nos rodeaba, muchachos sencillos, deportistas, amantes de la naturaleza. Mi gusto por salir al monte con frecuencia se convirtió en costumbre. Con el paso del tiempo fui adquiriendo técnica, experiencia, y con mucho esfuerzo y poco a poco, material. Hace falta equipamiento de diversos usos: el de escalada (que incluye material técnico específico, tanto de uso individual como colectivo), el de invierno (al que hay que sumar piolets, crampones, raquetas, esquíes…). Y cada estación requiere además una indumentaria adecuada más o menos técnica.
 
Con los años recorrí medio mundo escalando y siempre en torno a este deporte, conocí al mismo tipo a gente, muy digna, recta, íntegra. Os preguntaréis por qué. Bueno en este deporte se ponen en juego algunas de las cualidades que después entendí que eran tan importantes en mi faceta profesional como gestor de personas.

Para ser capaces de escalar una montaña de las que acarician el cielo hay que estar preparados para aguantar muchas adversidades, frío, calor, cansancio extremo, lesiones, imprevistos. Y todo ello hace salir a flote la resistencia al estrés, la toma de decisiones (en más de una ocasión he tenido que hacer noche en alguna cumbre porque se nos ha hecho de noche. La última en el Midí francés;  decisión que probablemente nos salvó la vida, aunque pasamos la noche a 20 grados bajo cero), la resistencia a la frustración (cuantas veces he tenido que retirarme a pocos metros de la cima, sin llegar a hacer cumbre, porque han surgido imprevistos, casi siempre relacionados con la meteorología).
 
El deporte en general y la escalada en particular son esfuerzo, sufrimiento, superación, lucha por conseguir un objetivo, preparación para poder lograrlo. Como la vida misma. Una auténtica metáfora. Uno se hace escalador con el tiempo, hace falta dedicarle muchas horas. Como a mi profesión. A gestionar personas se aprende haciéndolo, no hay manuales. Hace falta conocimientos, pero sobre todo templanza, sentido común y sensibilidad. Las mismas cualidades con las que te enfrentas al coronar una montaña.

A ser Director de Recursos Humanos se aprende poco a poco, no se hace de la noche a la mañana. Hay que formarse, pero también ejercitarse. Es preciso poner en marcha proyectos, acertar y equivocarse. Repasar lo que no ha funcionado y volver a intentarlo. Experimentar y reflexionar.

Es lo mismo que para subir una montaña. No se hace del tirón, de una vez. Se hace poco a poco y se rectifica el camino a medida que se hace. La propia metáfora de la vida…. Y de la Empresa.

Cuando estás ascendiendo un monte o escalando una pared y alzas los ojos para ver la verticalidad que tienes por delante, te sientes pequeño, insignificante, humilde. La montaña me ha enseñado mucho. La escalada requiere una intensa preparación previa, tanto física como psicológica, nada se puede dejar al azar, porque te juegas mucho.

Eso mismo ocurre cuando gestionamos personas, creo que toda la preparación y el rigor con el que se trabaje, es poco. No se puede jugar con la motivación de las personas, con su dedicación, ilusión o entrega. Nada se puede dejar al azar, porque de nuevo te juegas mucho.

Y a lo largo de mi vida he visto algunos Directores que dejaban a la improvisación muchos temas, y después el resultado era, pues eso, regular (por no decir deficiente). Exactamente el mismo que el del dominguero que va a la montaña poco preparado. Ya sabemos cómo acaban muchos de esos casos, llamando a los servicios de emergencia. Pero en el caso del gestor de personas, lamentablemente no hay a quien llamar…. Tienes que ingeniártelas para resolverlo, pero ¡cuidado! Estamos hablando y actuando con personas.

Ya os he dicho que la montaña me ha enseñado mucho. Algunos lo consideran un deporte extremo. Como la vida misma. Como en mi profesión. Hay que elegir el proyecto, sopesar los riesgos y prepararse para afrontarlo.

Es un desafío a la fuerza, la resistencia y el sacrificio. Mi mujer en ocasiones me ha preguntado que se siente cuando se llega arriba. Es difícil de explicar. Es una situación de enorme satisfacción, moderada alegría (todavía hay que bajar), el cumplimiento de una ilusión tras haber alcanzado un objetivo. He sentido también esa misma sensación ante algunos éxitos profesionales, cuando veía el brillo en los ojos de mis colaboradores, tras alcanzar un reto que nos habíamos propuesto.

La montaña y la vida en general, es trabajo en equipo, confianza ciega en tu compañero de cordada, coordinación, resolución de problemas, toma de decisiones. Las mismas habilidades que se requieren en nuestro entorno empresarial.

La inexperiencia, la falta de planificación y gestión, o la selección de un equipo inadecuado en la montaña, pueden conducir a un resultado fatal. En la vida de un gestor de personas, también.

Juan F. Bueno

31 mayo 2013

No quiero formar parte del monton

Posted by Juan bueno On viernes, mayo 31, 2013 4 comments
Este fin de semana tuvo lugar una conferencia dentro de la Gira del Optimismo de Robin Sharma, el autor de “El líder que no tenía cargo” en Madrid y seguirá otra sesión en Barcelona.
 
Sharma es un escritor y empresario canadiense reconocido a nivel mundial por ofrecer técnicas y estrategias para salir adelante en situaciones difíciles.

A lo largo de la charla proporciona un dato revelador : “cuando se ejecuta una idea propia segregamos dopamina”. Esta sustancia que puede segregar el cuerpo de forma natural tiene efectos sobre el sueño, el humor, la concentración y el aprendizaje. La conferencia estaba llena, y la entrada costaba 168 euros, lo cual demuestra que las empresas están interesadas en que sus ejecutivos tengan más destrezas y motivación en épocas complicadas, como ésta.

Séneca decía : “No es que no nos atrevamos porque las cosas sean difíciles. Es porque no nos atrevemos por lo que las cosas resultan difíciles". Y Sharma parece hacer de esta frase su lema particular. Nos anima a asumir pequeños retos cada día que favorecerán el crecimiento.
 
Parece que ha llegado la hora de sacar del cajón viejos proyectos, en algunos casos prematuramente arrinconados o de atrevernos con aquella idea que suponía un reto, un desafío. Pero no se trata de lanzarse sin más. En absoluto. Sharma dice que el camino al éxito pasa por una gran concentración y mucha planificación. De hecho él recomienda planear minuciosamente las acciones, en especial aquellas que nos conducirán a ser líderes de nuestra propia vida, y no víctimas.

Esta distinción está presente en todas sus conferencias. El sugiere que tomemos una decisión firme. Si somos víctimas lloraremos nuestra mala suerte, las pocas oportunidades que se nos presentan y buscaremos siempre un elemento externo que sea el causante de todos mis males. A la víctima le toca penar y acusar. Al mercado, a la economía, a mi jefe, a mi familia, a la sociedad. Penar y acusar. Es un mundo de color, digamos, gris.

Si somos líderes toca prepararse, planificar, trabajar, ilusionarse e ilusionar y todo ello para ganar o perder. Porque no siempre se gana. En ocasiones se pierde. Pero en esos casos lo que hace el líder es echar la mirada atrás, estudiar, analizar y concluir. El líder entonces echa la mirada hacia adelante para seguir, para volver a intentarlo. Para hacer camino de nuevo. El rol del líder puede ser cansado o no, gratificante o no, retador o no, posible o imposible. Pero el líder es dueño de su vida, toma sus propias decisiones y asume sus desafíos. No echa culpa, sólo analiza y resuelve.

Y esto no sólo es de aplicación en el ámbito empresarial, sino también en el personal o privado. Los retos o las apuestas que cada uno de nosotros asumimos en la vida cotidiana también nos pueden convertir en líderes de nuestra propia existencia. Y ya sabemos que sólo un líder que es capaz de dirigir su propia vida, sería capaz de liderar a otros.
 
No hace falta embarcarse en grandes aventuras empresariales ni en bravuconadas, para demostrarnos un enorme valor. Los incentivos deben  ser ajustados, realistas, a la vez que  ilusionantes y retadores. Y pueden empezar en nuestro entorno más próximo, con retos cercanos. Así empieza la senda del crecimiento.
 
De ahí el título de mi post “no quiero formar parte del montón”. Yo elegiré si el montón es de la vida personal, profesional o ambas. Los límites los pondré yo mismo.

Juan F. Bueno


 

29 mayo 2013

Persiguiendo su pasion

Posted by Juan bueno On miércoles, mayo 29, 2013 2 comments
El alpinista leridano Juanjo Garra falleció en el Himalaya, después de aguantar 4 días a 7500 metros de altura, malherido, pero sin dejarse vencer. Lamentablemente no pudo ser. Toda su fuerza, su garra y sus ganas de vivir no fueron suficientes para luchar a una altura donde la supervivencia es cuestión de horas por la falta de oxígeno y el frío helador congela las entrañas.

 
 
Tampoco fueron suficientes los enormes esfuerzos realizados por la expedición de rescate, un despliegue como no se había visto hasta ahora en medios técnicos y humanos en un rescate en el Himalaya y que ha permitido, (y es la última aportación de Juanjo) rescatar con vida a 8 alpinistas  en el Dhaulagiri y en cuya organización, puso toda su sabiduría y experiencia alguien tan especial como mi buen amigo Sebastián Alvaro. Recordando el título del programa que hizo famoso “al filo de lo imposible” así vivió estos días Alvaro. Sin descanso, con toda su energía intentando salvar la vida de un compañero. Sin descanso, sin perder la esperanza, aún siendo conocedor de las dificultades. Sin descanso, con el corazón y la mente en la cima de aquella montaña querida en la que esperaba malherido Juanjo. 
 
Tampoco fueron suficientes los cuidados y la incondicional compañía de su Sherpa Kheshap, quién acompañó a Juanjo hasta el último minuto.
 
Juanjo se quedó en el Dhaulagiri. Persiguiendo su sueño. Para siempre. En su cielo particular. Seguramente  alzó la mano y lo tocó. Indudablemente haciendo gala a su apellido. Con Garra.

Era un montañero experimentando que había coronado varios ochomiles. Pero asumía cada nueva ascensión con la ilusión de la primera vez, como un auténtico reto. Como un gran desafío. Esa ilusión, esas ganas mueve montañas.

Ese sueño que cada montañero persigue cuando inicia una nueva expedición, me trae a la mente la imagen de gente avezada, decidida, que a pesar de saber que rozan el peligro, visualizan como si fuera una fábula, ese momento en que coronan la cima y miran el cielo de tú a tú. También me trae a la mente esos temas que tanto tratamos el mundo empresarial: retos motivantes, trabajo en equipo, decisiones al límite, tolerancia a la frustración, resistencia, vencimiento de obstáculos, confianza en los demás y en uno mismo...


Una empresa de este calibre requiere organización (a raudales) logística, objetivos, equipo, liderazgo, financiación, selección (de los más preparados para coronar la cima), infraestructura de todo tipo, permisos, autorizaciones, sueldos (de los sherpas)... 
 
Sus ingredientes, son las emociones (las personas), los éxitos y fracasos, valores y valientes, visionarios, pasión y apasionados, controladores, calculadores, saber retirarse a tiempo. Elementos todos estos, que están presente en cualquier Empresa.

Escalar una montaña es un auténtico master de management. Tan real y potente, que es imposible reproducir en la mejor escuela de negocios. Porque en esa escalada vas notando en tu piel el frío helador de temperaturas bajo cero; el esfuerzo al límite por superar las dificultades y sobre todo el equipo. Su fuerza, su integración, su líder. La gran diferencia es que en una Empresa te juegas los resultados, aquí, en la montaña, te juegas algo mucho mayor. Por eso la pasión y el empeño son los dos grandes motores de esta empresa.
 

Pero al igual que el mundo empresarial un proyecto no es un éxito hasta que se da completamente por cerrado (cualquier imprevisto puede dar con él al traste). En la montaña la cima no se ha tocado hasta que cruzas de vuelta el umbral de la puerta de casa. No basta con llegar a la cima.

Me gusta la montaña. Me gusta Juanjo Garra. Me gusta Sebastián Álvaro. Me gustan todas las personas que activa y pasivamente han estado cerca de Juanjo en estos durísimos momentos: Alex Txikon, Ferrán Latorre, Simone Moro, Jorge Egocheaga y Nigma (un serpa del Makalu), a los tres sherpas anónimos, a los que nunca ponemos nombres y varios otros que desde el campo base han estado organizando y ayudando en el rescate. 

Me gustan las personas que persiguen sus sueños.
 


Persigue los tuyos.


Juan F. Bueno

26 mayo 2013

El equipo ante el conflicto

Posted by Juan bueno On domingo, mayo 26, 2013 No comments
El conflicto forma parte de la vida del ser humano. Si miramos a nuestro alrededor veremos que probablemente nos rodea más conflicto que armonía. El conflicto es una situación que implica un problema o una dificultad y que suele generar una sensación de insatisfacción. Es en definitiva una dificultad de entendimiento.
 


Dependiendo del grado de rivalidad o de lo alejadas que estén las posturas, tendremos diferentes tipos de conflictos. Y entiendo que es un absurdo negar su existencia. El conflicto existe, lo que hay que hacer es conocerlo, analizarlo y enfrentarlo. Lo útil es saber gestionarlo.

En la vida de un equipo de trabajo, el conflicto será por lo tanto consustancial con su propia existencia: Es inevitable.
 
 Decía Antoine de Saint Exupery que “el hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo”.

Los dos pilares en los que se basa el funcionamiento de un equipo son el compromiso y la confianza. Y estos dos pilares tienen más o menos intensidad según la etapa en la que se encuentre la vida de ese equipo. La propia identidad del ser humano le hace partícipe de los conflictos, éstos se iniciaron por la lucha de la supervivencia, la defensa de la familia, del propio espacio. Desde tiempos inmemoriales.

Lo que es más reciente, es toda una disciplina sobre el correcto manejo de los conflictos y las técnicas adecuadas para su planteamiento.

En la vida de un equipo se puede oscilar con cierta facilidad entre dos comportamientos antagónicos: colaboración y competición-rivalidad. El establecimiento de objetivos, los diferentes roles que cada uno asume, los egos de cada uno de los miembros e incluso en ocasiones, los incentivos por resultados, tan de actualidad pueden provocar estas situaciones.

Algunas pistas para la resolución de conflictos son: identificar claramente cuál es la situación conflictiva, intentar centrarse en los hechos y no en las personas (eso agrava aún más las cosas); escuchar activamente (mucho más que hablar, para verificar todos los puntos de vista); buscar estrategias de ganar-ganar estableciendo máximos y mínimos para todos los miembros del equipo. Y por encima de todo ello buscar el beneficio del equipo en su conjunto. Los intereses del equipo están por encima de cualquier interés particular, por legítimo que éste sea.

Un último requisito imprescindible en estas situaciones, es la empatía: la capacidad de ponerse en el lugar del otro, lo cual facilita entender su postura, desde su punto de vista y permite no radicalizar las posturas.
 
Las situaciones de conflicto pueden provocar, y de hecho lo hacen,  aspectos positivos y negativos. Entre los positivos están que  clarifican posiciones, fomentan el crecimiento personal y grupal y fortalecen la cohesión. Como no todo es de color de rosa, hay que saber que entre los negativos están la ruptura de la armonía; el coste emocional que implica (a unas personas en mayor medida que a otras); el bloqueo de iniciativas y la disminución del rendimiento.
 
Para que un equipo se enfoque al éxito, debe olvidar problemas históricos (lo vemos en el ámbito de la política, el deportivo, el familiar...); identificar cuáles son los factores críticos de éxito (porque cuando estos fallen seguramente surgirá la controversia); conocer y poner de manifiesto los valores del equipo (para agarrarse literalmente a ellos cuando la situación empeora) y tratar de fortalecer el liderazgo compartido.
 
Como tantas veces en la vida, cuando las cosas van bien, hay que prever su posible empeoramiento y establecer estrategias que nos puedan ayudar, cuando aparezca el conflicto. Conviene tener unas bases sólidas que nos permitan enfrentarnos a él como a una circunstancia más de la vida del equipo.
 
Si el conflicto está bien gestionado (para lo cual es imprescindible disponer de un líder capaz y resolutivo) se puede fortalecer la confianza y establecerse las bases de una nueva comunicación o incluso de una nueva etapa. El equipo que supera sus conflictos y aprende de ellos, saldrá reforzado y estará listo para asumir nuevos retos.

Juan F. Bueno

 
 
 
 
 

23 mayo 2013

Gestionamos las emociones en la Empresa?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 23, 2013 No comments
El término emoción tiene su origen en el latín “motere”. Las emociones son impulsos a la acción. Son el motor que nos mueve. ¿Nos debería de mover, o realmente lo hacen? No es tan lejana laépoca en que se recomendaba a los hombres no mostrar sus Emociones en público; mucho menos llorar, eso era un síntoma de debilidad extrema….  Un tremendo error.
 
 

Ahora que parece que ya hemos facilitado a los hombres poder expresarse, pensemos en nuestras organizaciones empresariales. ¿Gestionamos las emociones? ¿Las expresamos, siquiera?.
 
Recordemos las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia. Hay numerosas clasificaciones y emociones que resultan de la combinación de esas cuatro básicas. Pero limitándonos a éstas, para hacer un análisis sencillo, ¿Realmente alguien cree que es posible que los trabajadores no experimenten en su día a día alegría ante un ascenso, por ejemplo; tristeza ante el despido de un compañero; miedo ante la situación económica que pone en peligro a su Empresa (y por ende los puestos de trabajo de sus colaboradores) o rabia cuando fracasa un proyecto al que había dedicado enormes esfuerzos?
 

Esas emociones a veces nos desbordan, cuando no las podemos controlar, y en otras ocasiones nos bloquean, cuando son incapaces de aflorar. Y eso nos ocurre en la vida personal y en la profesional, no nos engañemos.

¿Realmente alguien cree que cuándo entramos en el despacho, la oficina o la consulta nos desprendemos automáticamente de nuestro cerebro reptiliano que se queda cómodamente esperando en casa?
 

Las emociones se reflejan en nuestro cuerpo, tanto si las reconocemos como si no lo hacemos, tanto si les ponemos nombre como si somos incapaces de hacerlo. Todas tienen un impacto físico en nuestro cuerpo, que no podemos evitar, aunque sí gestionar o modular. Las emociones hablan de quienes somos y de cómo nos comportamos.
 
Las emociones están en las Empresas porque están en las personas y  las organizaciones se integran por personas que piensan y SIENTEN. Sé que resulta un poco complejo ligar la cuenta de resultados a las Emociones, pero no dudéis que es así. Una Empresa con un alto grado de motivación, con un adecuado clima laboral, con un bajo nivel de conflictividad, tiene más posibilidades de alcanzar el éxito.

Dije al principio del artículo que las emociones provocan la acción en las personas y de igual modo lo hacen en las Empresas. Hay dos momentos en la vida de las organizaciones en los que creo que hay que gestionar más con inteligencia emocional: En momentos de cambio y cuando queremos fomentar la creatividad y la innovación.
 
 
Aunque ambos temas son los suficientemente amplios e interesantes como para dedicarles otro artículo, os propongo que pensemos brevemente en estas situaciones.  Cuando hablamos de cambio en las organizaciones lo que proponemos es cambiar procesos o sistemas tras los cuales se encuentran personas. Con sus valores, creencias, miedos….. Quien sepa manejar todas esas sensaciones tan contradictorias tendrá en su mano el éxito.
 
Si nuestro objetivo es la creatividad e innovación necesitamos un líder que sepa ilusionar, imaginar el futuro, construir, visualizar sueños, hacernos partícipes de ellos, ayudarnos a pensar de una forma diferentes, rompedora…. ¿Todo esto dónde está ? ¿En la emoción o en la razón? ¿O en ambas?
 
Definitivamente no podemos negar el papel fundamental de las emociones en nuestras vidas. El líder actual debe crear y gestionar ilusiones, ya que sólo a través de la ilusión y la visión compartida se puede alcanzar un compromiso genuino, especialmente en estos tiempos difíciles que estamos viviendo.
 
Recuerda: alegría, tristeza, miedo y rabia.
 
Juan F. Bueno

21 mayo 2013

La "Cocina" de nuestras Empresas: MasterChef

Posted by Juan bueno On martes, mayo 21, 2013 2 comments
Gracias a la afición de mi mujer por la cocina, he tenido "ocasión" de ver algunos momentos del programa Masterchef. Es, desde luego, un buen ejemplo de lo que una campaña de publicidad previa puede conseguir para el lanzamiento de un programa. Se creó mucha expectación con atractivos anuncios, mensajes misteriosos, etc. Lo menciono porque creo que a veces a los españoles nos falta ese concepto del márketing para vender nuestros productos, para contar nuestras excelencias. Aspecto éste, que nuestros vecinos franceses, por ejemplo,  desarrollan a la perfección y desde hace mucho tiempo. Y si no, ¿Cómo puede explicarse el fenómeno de Beaujolais nouveau?.
 



El programa se anunciaba como un “talent show” que no es más que la forma elegante de presentar un programa de habilidades, de personas aficionadas a la cocina que pretenden aprender y ganar el premio final. De estos programas hay muchos y lo cierto es que ninguno capta mi atención. Saber cantar, bailar, hacer malabarismos....

Masterchef tiene un componente diferente porque se desarrolla en una cocina. Siempre he creído que ése es el lugar donde se "cuecen" las decisiones de las Empresas. Cuando viene una visita comercial o un cliente o una institución le pasamos a la sala de visitas o sala del consejo o cualquier lugar elegante en el que reunirse. No les llevamos a la cocina, pero es ahí donde se elaboran las decisiones.
 
Los elementos que aparecen en la cocina, lo hacen también en cualquiera de nuestras Empresas, grandes o pequeñas. Esto son: trabajo en equipo (en las pruebas de grupo) enorme competitividad (cuando se enfrentan de forma individual), retos (más o menos apasionantes y difíciles), tolerancia a la frustración (unos ganan y otros pierden), manejo del estrés (poco tiempo, dificultades sobrevenidas), conflicto (inherente a la condición humana), gestión del tiempo, planificación, de las prioridades (qué cocino primero, cuánto tiempo necesito para cada plato). Como podéis ver no falta nada. A todo ello hay que añadir todas las habilidades inherentes a la gestión de un equipo, lograr la cohesión entre sus miembros, asignar roles (cada uno hace aquello en lo que es mejor), criterios de eficiencia (utilizar los productos estrictamente necesarios para lograr el mejor plato, como se encarga de recordar siempre la presentadora),  celebración de los éxitos (abrazos y alegrías), y feed back del jurado (la función de los superiores jerárquicos o de Recursos Humanos y que muchas veces nos falta en el ámbito empresarial). El más severo de todos ellos dice “te ha fallado la actitud”, “atrévete, puedes hacer más cosas”, “sigue innovando, tienes un gran potencial”.


Si trasladáis estas conversaciones se pueden producir en cualquier despacho de cualquier Empresa de nuestro país, entre un jefe y su colaborador.
 
Pero en el programa de esta semana, hubo una reacción que mereció las alabanzas del jurado y me dejó prendado de la escena. Una de las concursantes, una chica joven, peleaba sin cesar contra un pescado de gran tamaño al que no conseguía quitarle la piel. Después de varias intentonas la joven, visiblemente agobiada, se volvió hacia otro compañero (una de las promesas del programa) y le pidió ayuda. Éste sin atisbos de duda se abalanzó sobre el pescado y con todas sus fuerzas consiguió dejar limpio el pescado. El muchacho volvió a su puesto y siguió con la preparación de su plato. Se trataba de una prueba en la que cada concursante compite contra el resto de concursantes y además se jugaba su permanencia en el programa, y por lo tanto seguir con su sueño.
 


Las reseñas del programa decían “Juan Manuel gran cocinero y mejor compañero”. Por eso es como la cocina de una gran Empresa, donde a pesar de las rivalidades, hay personas solidarias, dispuestas a echarte una mano, con actitudes de fraternidad, de cooperación, actitudes responsables y cercanas que hacen que confiemos en la persona que se sienta a nuestro lado.
 

Y por supuesto hay rencillas y conflictos y dificultades de comunicación. Ya decía antes que eso es inherente a la condición humana. Un grupo que convive y trabaja, deberá asumir los buenos momentos, sabiendo que habrá otros no tan buenos. Hay que saber que las relaciones se erosionan a veces con el tiempo, con los elementos de presión, con el propio devenir de los equipos. Pero tan responsable y solidario como la actitud de Juan Manuel, es disponer de herramientas para gestionar esos conflictos o dificultades y querer ponerlas en práctica.
 
Cada semana hay un concursante menos y el cerco de la dura competencia, se va cerrando sobre ellos. Todos tienen un anhelo, pero sólo uno lo alcanzará. Todos tienen cualidades y conocimientos pero hacen falta más cosas, entre ellas una actitud adecuada y una mentalidad ganadora, fuerte, entregada.
 
¿y qué me decís de la creatividad y la innovación? Imprescindible esa capacidad de hacer las cosas de forma distinta, nueva, pero coherente y con sentido. ¿Cómo se puede sino preparar una ensalada de algas (era la primera vez que el concursante las tenía en sus manos) con aliño de olivas negras? ¿Cómo preparar un arroz de ortiguillas, si no se conoce a ese bicho? Decía un miembro del jurado “es la riqueza de nuestro litoral, hay de todo”. Y yo digo lo mismo, es la inmensa variedad de la casuística que se nos presenta en las Empresas. A veces trabajamos en entornos cómodos con ingredientes conocidos y lo solucionamos como hizo una de las concursantes, con unas tradicionales lentejas. Pero a veces la cocina o la Empresa, se convierte en un lugar más inseguro en el que hay que trabajar con ingredientes poco conocidos (pescado y mariscos que no habían visto nunca) (personas nuevas, jefes nuevos, de distinta cultura y nacionalidad, gente fácil o difícil, gente de paso o con vocación de durar). En definitiva, proyectos arriesgados en los que pisamos terreno desconocido y del que debemos salir airosos.


Ah y todo eso aderezado con un jurado que no nos lo va a poner fácil (jefes, compañeros, el mercado, la competencia, los precios, la sociedad en general...).
 

Lo dicho: Masterchef, un “talent show”, o la cocina de las Empresas.
 
Juan F. Bueno


17 mayo 2013

Mal negocio es regatear en los sueldos

Posted by Juan bueno On viernes, mayo 17, 2013 15 comments
Veo la publicación de estudios y estadísticas en el que se reflejan la reducción en los salarios que se ha experimentado en los últimos 5 años. Cierto es que la crisis nos está dejando sin alegrías económicas y todos, empresarios y empleados tratamos de ajustar los presupuestos a lo estrictamente necesario. Sin embargo, como en casi todo en el medio está el equilibrio, casi la virtud.
 

Ahora asistimos a la drástica rebaja de salarios en niveles altos de las organizaciones y he visto alguna oferta para directivos cuya oferta económica es casi insultante. Pero lo que todavía resulta más sangrante es que el mayor ajuste se ha hecho este año pasado en los salarios más bajos.

Esta situación es muy viciosa y me explico. El directivo que ahora se encuentra en el paro estará dispuesto a aceptar una oferta muy por debajo de su valía y experiencia, pero esa es sólo una decisión temporal. A la larga es una pérdida de tiempo para empleado y empleador. Este último verá como su directivo-mal-pagado está escasamente comprometido y con la vista puesta en el mercado oteando la primera oportunidad laboral que se ajuste a su perfil. El empleador tendrá así a alguien infra motivado que sabe que es más fácil encontrar otro trabajo estando activo que desde el paro. El empleado aceptará ese puesto como un mal menor mientras surge uno más acorde.
 
Así todos pierden, o mejor dicho, nadie gana. Porque las dos partes, empleador y empleado viven una situación de clara inestabilidad. Fomentarlo me  parece un desatino.

Con esa pretendida intención de ganar competitividad se permite rebajar los sueldos, pero esto está forzando realidades un poco absurdas. No se puede pretender contratar a un directivo, en una importante área de responsabilidad ofreciéndole un salario muy por debajo del mercado y a una tercera parte de lo que ganaba hace unos meses. Como ya dije antes, eso sólo genera inestabilidad, desequilibrio entre lo que esa persona puede aportar y lo que puede recibir. Y en ese caso esa alternativa es únicamente temporal.  La inestabilidad y escasa oferta del mercado de trabajo actual provoca estas oscilaciones. Claro, hemos pasado de una época de bonanza histórica a una de crisis también histórica.

Soy consciente de que el mercado se tiene que ajustar, ya que no es ni más ni menos que la ley de la oferta y la demanda, aunque también sobre este planteamiento hay teorías. Algunos economistas sostienen que ajustar los sueldos en función de la competitividad de los empleados y contratar con salarios a la baja, es condición necesaria para recuperar la competitividad que nos hará salir de la crisis. Mientras que otros expertos, a los que tampoco les falta razón, sostienen que  la rebaja de sueldos genera una mayor contracción en la demanda, afectando al consumo, y generando más pérdidas de empleo. Un auténtico círculo vicioso.
 
La solución es compleja, lo sé. Pero es que, en ocasiones,  parece que estamos en un zoco marroquí dispuestos a regatear, buscando el chollo, tratando de contratar a un directivo al que en otra época no hubiéramos podido aspirar. El regateo me parece mala política como elemento de contratación. Y desde luego no ayuda para nada a la motivación y, por ende, la productividad.

Leo una noticia de ayer en la que afirma que la comunidad autónoma en la que más se han bajado los sueldos a lo largo del pasado año es Galicia.  Se trata de una comunidad especialmente castigada por el desempleo.
 

 
El salario es sólo uno de los componentes de la motivación laboral. Ni el más importante ni el fundamental. Todos conocemos a personas que no tienen un gran sueldo pero están contentos en trabajos que les gustan, con buen ambiente y donde pueden crecer profesionalmente. Todo eso es salario. Emocional. Tiene un valor incuestionable. Pero a lo que no podemos llegar es, aprovechando la crisis y amparándonos en ella, ofrecer sueldos que no cumplen las condiciones “higiénicas” exigibles, porque de "palmaditas en la espalda," no se vive.
 
 
 
Juan F. Bueno

 

16 mayo 2013

¿Exportamos talento o lo machacamos?

Posted by Juan bueno On jueves, mayo 16, 2013 2 comments
Las noticias nos cuentan, de forma insistente, algunas novedades bastante descorazonadoras, la verdad. A saber: Una Empresa española gana un concurso de innovación para fabricar 11.000 bicicletas  para una Empresa de Dinamarca, pero nuestros inventores no consiguen la financiación necesaria en nuestro país, ante la indiferencia de los bancos. Resultado: La idea se  ha vendido a Alemania, donde se fabricarán.
 
 
Un joven físico español no consigue la beca Ramón y Cajal que le permitiría volver a investigar en nuestro país porque su c.v. no es lo suficientemente bueno. Resultado: El mismo día recibe el Premio como mejor joven Físico Europeo.
 
Si no fuera por lo duro del tema, hasta podría resultar cómica la razón alegada por la comisión que juzgaba las peticiones: Afirmaba  que el joven Diego Martínez no tiene  “liderazgo científico”. Martínez ha trabajado en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra y ahora lo hace para el Instituto de Física de Partículas de Holanda (Nikhef).
 
La última noticia (mañana habrá más) es la de la joven española que participó en la investigación sobre células madre. Nuria se fue de España al ser despedida en el ERE del Instituto Príncipe Felipe de Valencia. Ahora trabaja en Estados Unidos, con una trayectoria brillante.
 
Esto, a mi me provoca una enorme tristeza. Supongo que al resto de mis conciudadanos, también lo hará. Hoy también podemos leer en la prensa que el año pasado emigraron a Alemania más de 12.000 españoles.

La situación sería aceptable, si nuestros compatriotas salen a buscar fuera una mejora de las condiciones laborales. Pero, lo que realmente salen a buscar es la oportunidad de poder trabajar. Oportunidad que aquí se les niega. Natural y humano. Siempre ha sido así. España fue durante décadas país de emigrantes que incluso cruzaban el charco tras nuevas oportunidades. Y también durante años nuestro país acogió a miles de personas que encontraban aquí las esperanzas que no existían en sus lugares de origen. Eso era así y todos, tanto los países que generaban mano de obra, como los que la recibían, lo entendían como un proceso, que dentro de los límites normales, era manejable.

Pero ahora asistimos a un fenómeno distinto, que me resulta hasta cruel, si me permitís la palabra. Me niego a creer que estamos exportando talento. Lo estamos machacando, aniquilando y lo que es peor, lo hacemos de forma impune. Porque esos investigadores que están fuera, manifiestan su deseo de volver a su país, a su casa, pero dicen que es imposible en la situación actual.

Desde el punto de vista de su formación y experiencia, estas etapas que se viven en el extranjero, son valiosísimas, porque se atesora una cantidad de conocimientos y prácticas que, sin duda alguna, redundan en las habilidades y maestría de esos profesionales. Sin embargo, mientras estas personas amplían fuera sus aprendizajes y logran éxitos como los mencionados, aquí se nos produce un auténtico agujero. Mejor dicho, un pozo. Oscuro y lúgubre que nos situará a la cola de la investigación internacional y del progreso. Y no por falta de profesionales cualificados. No. Los tenemos y además tienen muchas ganas de trabajar, de luchar, de crecer. Y de no irse de su país. Pero se ven empujados a hacerlo.
 
Como decía uno de ellos en una entrevista “me apasiona la investigación, pero tengo que comer todos los días”.
 
Se van sobre todo, personas jóvenes muy cualificadas. Con grandes capacidades, mentes bien preparadas que se ponen al servicio de otros países, porque en el suyo (que les ha fallado) además falla casi todo: Los sueldos y las oportunidades; la seguridad y la investigación. Por eso hablamos de un tipo de emigración diferente al de  nuestros  abuelos y bisabuelos que se iban con la cabeza y el corazón (y una maleta de cartón atada con cuerdas)  pero indudablemente con muchas menos competencias y preparación que la de estos nuestros jóvenes de ahora. Y esto es lo lamentable. Tan respetuosa es una emigración como otra. Durísimo tener que irse. Pero es que en este caso, todo ese talento que se escabulle, es imprescindible para alcanzar la tan mencionada competitividad que necesitamos para salir de la crisis. Todo ese talento que se evapora, es capacidad que tenemos que restar mientras otros países con los que tenemos que competir, lo sumarán.

Esto significa   que las neuronas de nuestros profesionales están en plena forma y dan resultados, pero lo hacen lejos de casa. Lejos del país que les ha proporcionado la formación necesaria. Sin el necesario apoyo financiero, la fuga de cerebros que parecía propia de Rusia por sus pésimas condiciones económicas, la tenemos aquí, en casa. Y lo que me temo es que esto no ha hecho más que empezar.

 
Por favor. Nuria, Diego, Pepe, Luis, María, aprended mucho y volved pronto. Sois el resquicio que nos queda para colarnos en la carrera de la competitividad.

Juan F. Bueno
 




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